Hilda Strauss, fascinante a los 80 años

28 de octubre del 2013

Como las grandes estrellas, se hizo esperar. El salón estaba lleno. Unas trescientas personas esperábamos –vestidos de gala- el ingreso de la homenajeada. Sus fotos estaban en todas las paredes -las de antes como modelo y presentadora- y las de ahora, con la madurez de sus años, pero siempre hermosa. Ahí estaban sus hijas (Irma […]

Como las grandes estrellas, se hizo esperar. El salón estaba lleno. Unas trescientas personas esperábamos –vestidos de gala- el ingreso de la homenajeada. Sus fotos estaban en todas las paredes -las de antes como modelo y presentadora- y las de ahora, con la madurez de sus años, pero siempre hermosa.

Ahí estaban sus hijas (Irma e Irene), toda su familia. Y personajes admirados como Fausto Cabrera (89 años), Alberto Piedrahita Pacheco (quien asistió, no obstante la enorme tristeza que lo afecta por la muerte hace dos meses de su esposa), Jorge Antonio Vega (de la Asociación de Locutores) y la señora de Manuel Medina Mesa, su primer productor de televisión.

Entró radiante. Doña Hilda Strauss Cortizzos saludó emocionada a cada uno de los asistentes al evento, que le hicimos calle de honor. Nadie podía pensar que esa señora alta, majestuosa, sonriente, que todavía conserva el sabor barranquillero, estuviera celebrando 80 años.

Cuando apenas andaba por lo 19 abriles, recién casada y con una niña que requería una operación urgente, la joven Hilda se ofreció como recepcionista en la agencia de publicidad Época, que dirigían Jorge Consuegra y Mario García Peña. A cambio de contestar un teléfono, se ofrecieron a prepararla a las carreras –en seis meses- para la televisión, que arrancaba en pocos meses.

Doña Gloria Valencia de Castaño, Otto Grafenstein e Hilda Strauss fueron las primeras estrellas del naciente medio de comunicación. Meses después “aterrizó” también Fernando González Pacheco.

Desde ese momento, las cámaras, las pasarelas y el esplendor de la televisión le fueron familiares. Hilda, descendiente de alemanes, disciplinada, estudiosa, terca y siempre espectacular, se lució en todo cuando hizo.

Después se dedicó a la radio (Todelar, 9am), montó su propia empresa y con su familia construyeron un emporio de productos naturales para mantener la belleza del alma y el cuerpo. Ella es la imagen, ella que es una efigie a la belleza, un ejemplo de empresaria, dulce y cariñosa, emprendedora, un volcán de ideas y propuestas.

Lo suyo no es autoayuda ni superación personal, ni motivación. Tampoco la lectura de un libro, ni es una secta. Habla de naturismo moderno, de los últimos descubrimientos en medicina natural, de superalimentos terapéuticos, de plantas medicinales tradicionales y de elementos vegetales.

De manera convincente explica sobre la ciencia de las aromas, la medicina ayurvédica, el poder del ayuno, las grandes mentiras de las publicitadas terapias florales y la homeopatía, la medicina tradicional china y las medicinas indígenas ancestrales, las bases del vegetarianismo, los milagros naturales curativos, el poder increíble de las tisanas.

En estos días, a propósito de otro de sus libros, éste sobre la vida mística de Jesús, le pregunté –sin rodeos- si no se estaba chiflando. Y en vez de mandarme al diablo, respondió con la misma dulzura de siempre: “claro que sí, estoy absolutamente chiflada desde hace 80 años”.

Doña Hilda Strauss (una especie de obelisco en una multitud) repasa su historia y la del país con envidiable retentiva:

“Llegan a mi memoria los mil cursos avanzados con el maestro Bernardo Romero Lozano y su preocupación frustrada y constante para lograr la perfección. Su dirección era orfebrería en filigrana”.

Recuerda también la radio de los años pasados y las instrucciones de Hernando Téllez Blanco. “Era una radio estudiada, sumamente rígida, con las cuadrículas que hoy no existen. Se programaba la secuencia y el horario de manera rigurosa, se hacía casi en papel milimetrado para cada minuto y cada segundo, que nos dejaban una marca para siempre en el corazón y el amor por la radio”.

Qué agradable es escucharla, con esa fluidez de quien no rebusca palabras ni frases prestadas, porque lo suyo es como un río que fluye apacible y refrescante: La vida –dice- es una camándula de ciclos, es una secuencia de misiones que se cumplen, para dar cabida al paso siguiente de la evolución. Es una carrera de relevos en el hilo del tiempo y ese hilo está fabricado con la ley del destino.

Resulta fácil, entonces, penetrar –llevados por su mano y su voz- en los intrincados mundos del yoga, la medicación chi kung o Ki gong, de los centros energéticos del Tao. En sus palabras se puede pasear por auras, chakras, apariciones marianas, hadas, fenómenos ovnis y las predicciones mayas.

Por eso le insistí si se estaba chiflando. Y ella –tan grande- me miró con misericordia, puso sus manos sobre mi cabezota terca y se rió con el mismo cariño que minutos antes le prodigaba a su nieto Nicolás.

Lo que sorprende –lo dijo con humor, sin dejos nostálgicos y llorones- es que cuanto más aprende y sabe el ser humano, más se debilita su cuerpo. “Pareciera que pensamiento y biología no logran sincronizarse…”

Mujer elegida. Mujer bendita… dijo Jorge Antonio Vega, para dar paso a la más grande ovación de la que es hoy por hoy “la primera dama de la radio colombiana”.

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