Sobre las zorras y el maltrato animal

10 de junio del 2011

Humanidad Animalista

Es absurdo pensar que la defensa animal y la preocupación por la convivencia humana son excluyentes.

El viernes pasado, de nuevo, en Bogotá se murió un caballo que jalaba una “Zorra”. En la avenida Caracas, el animal fue arrollado por un vehículo particular. Hubo trancón, pero pocas expresiones de lástima y compasión.

Desde hace rato vengo defendiendo el tema de la protección de los animales. Creo que hay que endurecer el estatuto que castiga su maltrato y que quien hace morir a un caballo no tiene la sensibilidad suficiente para poder vivir armónicamente en sociedad.

Sin embargo, ese tema es vetado en nuestra sociedad. No entiendo que cada vez que alguien habla de maltrato animal, sea visto como un insensible que “no se preocupa por los seres humanos”. Recuerdo que ese fue el debate cuando el jugador del Junior mató a la lechuza a patadas. ¿“En un país tan violento, porqué la gente se fija en los animales?”, dicen. Y ahí veo un falso debate. No en vano, ambas cosas no son excluyentes. Estoy seguro que solo la gente con sensibilidad hacia otras especies, puede convivir entre los demás. Alguien que le pega a un perro, que deja morir una mascota, que envenena un gato, no puede ser un buen ser humano, y punto.

Así también, es absurdo pensar en que prohibir las ‘zorras’ o vehículos de tracción animal (VTA) es ir contra el derecho de trabajo de los ‘zorreros’. Eso es lo mismo que pensar que recuperar el espacio público es ir contra los vendedores ambulantes. Creo que los ‘zorreros’ merecen mejor vida, que tienen que tener un trabajo en el que no expongan su espalda, en el que tengan formalidad y seguridad. En el que no expongan su pellejo. Sustituirles sus VTA por otras clase de vehículos, propios para el reciclaje y regulados de manera adecuada, puede dignificar su vida.

Un argumento más racional es el de la movilidad. ¿Qué apuesta urbana hay por aumentar los índices de velocidad en ciudades en las que sigue habiendo carrozas movilizadas por caballos y andando por las vías principales? La protección animal y el desarrollo urbanístico van de la mano y ojalá lo entiendan así los congresistas de quienes depende la aprobación del estatuto de protección al que me refiero.

Por cuenta de la informalidad, no hay un censo exacto de cuantos VTA hay en Bogotá. En todo caso, se sabe que hay más de 2.700. Solo con un plan de negocios especifico para los carreteros y su formalización adecuada en programas de reciclaje para ellos, podemos mejorar la calidad de vida para quienes quieren “vivir en civilidad”. Sin duda, muchos de los que queremos a los animales, tenemos un criterio racional.

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