De la Calle y la decencia del debate

De la Calle y la decencia del debate

11 de agosto del 2017

Si hay alguien capaz de ejercer la presidencia de Colombia luego de los acuerdos de cese al fuego con las FARC es el exjefe de las negociaciones Humberto de la Calle Lombana. Es un hombre serio, honrado y su trayectoria lo perfila como un estadista de alta talla. No es politiquero y dista mucho de pertenecer a la desprestigiada clase politica tradicional colombiana. Lo demostró con creces al comprometerse con sacar adelante los acuerdos de La Habana aún en contra de la mitad del país político. No es como lo pretende pintar el senador vargasllerista Germán Vargas Cotrino, una persona que venía fraguando su candidatura mientras emprendía la tarea de sacar avanti este propósito. Pero sin duda su candidatura surgió de haberlo logrado contra viento y marea. Eso habla bien de su condición humana, de su talante democrático y de su comprensión del momento histórico.

Pero curiosamente es un jefe sin partido que tiene que enfrentarse a varios jefesuchos de partidos sin jefes. El Partido Liberal, el otrora Gran Partido Liberal ya no tiene jefes ni prohombres al estilo de Carlos Lleras, Alberto Lleras o Alfonso Lopez Michelsen. Ahora esta supeditado a las maniobras del neopoderoso César Gaviria, quien sufre del síndrome de los nuevos ricos pero en materia política, y del decadente socialdemócrata Horacio Serpa Uribe, que después de haberse cargado el elefante de Ernesto Samper nunca volvió a ser lo que era como figura promisoria del liberalismo futuro. Por eso el gavirismo, a pesar de que De la Calle surgio de sus entrañas, no le ha dado el respaldo a su candidatura. Entre otras porque Gaviria no se ha decidido por estar pendiente de la oferta de Germán Vargas Lleras para que el buen Simoncito sea su fórmula vicepresidencial.

Y para colmo de males tiene que enfrentarse a las aspiraciones de Juan Manuel Galán, un delfín que cree que lo natural es que el partido se lo hereden por ser el hijo del martir liberal Luis Carlos Galán. Como a su familia la han premiado con todo, se ha hecho merecido, y jura que le deben endosar gratuitamente el trapo rojo. A este panorama de mezquindades se suma que la candidatura de De la Calle surgió además debilitada por no haber contado desde un comienzo con el apoyo de los jefes del Partido de la U, Armando Benedetti y Roy Barreras, quienes también pensaron hasta hace pocos días que heredarían la marca de la U y mantuvieron sus apsiraciones presidenciales hasta cuando se dieron cuenta que no no marcaban en las encuestas. Pero el tiempo que duraron vacilando terminó perjudicando a De la Calle como sucesor del presidente Juan Manuel Santos en en el Partido de la U.

Ahora tiene que arrancar solo y con unas encuestas que le han venido dando la espalda, cuando al comienzo le favorecían. Pero tiene que saber que su éxito depende de que los colombainos sientan que los acuerdos de La Habana sirvieron para algo. Y debe reinventarse para que los que votaron por el SI quieran depositar su confianza en él, y para que el desprestigio del presidente Juan Manuel Santos no le caiga como una tapia encima a su candidatura. Es decir que se require casi un milagro para quedarse con lo bueno de los acuerdos y no ganarse la mala imagen de Santos. Y para coger ese trompo en la uña debe saber que la agenda de la paz no puede andar ni un minuto más de la mano de la clase política enmermelada, ya que la agenda de la anticorrupción obliga a deslindar campos con la politiquería que es la madre de la corrupción política y económica que tiene hartos a los colombianos.

Y precisamente por esta razón hay que celebrar que el debate sea decente. Y De la calle tiene con qué pero tambien tiene con quién no. Y en ese rifirafe electoral es que se pone bueno el debate, sí del otro lado se destaca Sergio Fajardo, un hombre que pertenece a esa generación de no políticos que quieren cambiar las costumbres políticas y que en la lucha contra la corrupción puede tener muchas mas ventajas que De la calle y, desde luego, que el candidato de Cambio Radical, German Vargas Lleras, quien tiene claro que para llegar al poder hay que aliarse con los que ostentan el poder regional, vengan de donde vinieren. Lo suyo no son los principios sino los fines. Ese debate entre De la Calle y Fajardo pone las cosas en el terreno de la decencia política y sería saludable para la enclenque democracia colombiana. Lástima que Fajardo también ha tenido que enfrentarse en ese sector a los jefesuchos con partiduchos como Claudia López, quien también decidió atravesársele pensando que a la política se llega a punta de brincos.

Se compondría el debate en el ámbito de la decencia sí los uribistas no se le atravesaran al candidato más decente que tienen. Iván Duque Márquez, un hombre que milita en el Centro Democratico y que hace honor a su escogencia porque es de centro y es demócrata. Hasta el punto en que son los furibistas y los extremo drechistas los enemigos acérrimos de su candidatura. No son las aspiraciones de la senadora María del Rosario Guerra, ya que ella sabe que sólo está haciendo puntaje para rescatar la imagen de su familia luego del desprestigio en que le dejó Joselito y que parece completarse ahora con los tentaculos de Odebrech y su otro hermano el senador de Cambio Radical Antonio Guerra de la Espriella. No son las apiraciones de Rafael Nieto Loaiza, que sabe que es un buen muchacho que está haciendo carrera para el Senado. Ni son las aspiraciones de Carlos Holmes Trujillo, que mantiene su candidatura por puro pundonor porque sabe que es lo más parecido a la clase política que ya no vende ni marca en las encuestas. Son las posturas sectarias y radicales de los extremistas de derecha que intentan enlodar cada que tienen oportunidad en las redes sociales el nombre del senador, que ante todo es un decente de la política que aspira a representar el uribismo.

Por el lado del Partido Conservador Marta Lucía a Ramírez es una jefe decente de un partido que juega en todos los bandos, pero que sí se decidieran colectivamente a darle su apoyo se pondría muy a tono con un interesante debate de candidatos decentes que además tendrán que arreglárselas para derrotar al único que tiene claro que la política se hace con los indecentes. O sea que Fajardo y De la Calle se deberían ir preparando para una salida de centro, es decir para una alianza que garantice que el proceso de paz no se va a hacer trizas pero que debe ganarse el fervor ciudadano más que el favor politiquero para enfrentar la corrupción. Y por el lado de los uribistas Marta Lucía y Duque deben arreglárselas para que se de una alianza en la que su triunfo sea contra la corrupción y por ajustar los acuerdos de paz de tal manera de que no se de al traste que lo avanzado, asi no sea el mejor punto de partida.

Estas dos alianzas ponen el debate en el terreno de la decencia para enfrentar a Vargas Lleras que le va a quedar difícil ganar manejando un doble discurso en el tema de la paz y un doble discurso en el tema de la moral pública. Los demás candidatos menores deberían ajuiciarse y apoyar alguna de estas candidaturas decentes antes de que queden más enanos de lo que son en el contexto nacional moderno y de que las encuestas los borren.

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