Ignorancia atrevida

Ignorancia atrevida

18 de diciembre del 2017

Viajar es la mejor forma de aprender. Sobre todo cuando uno se enfrenta a realidades distantes, con culturas ajenas que poco conocemos. Muy propio de nosotros, tenemos la tendencia a despreciar aquello que nos es extraño. El choque con la realidad resulta muy fuerte y nos lleva a la humildad teñida de frustración.

Basta viajar a Ecuador, Panamá o Perú para observar la enorme ventaja que nos llevan en materia de infraestructura. El tema es aún más delicado cuando se constatan países no cercanos como Tailandia, Turquía o Indonesia. En todos ellos, el progreso es mucho más visible que en Colombia. El retraso nuestro es abismal con estas naciones donde abundan las autopistas y las comunicaciones son muy superiores a la nuestra.

Compararse con estas naciones de las que poco sabemos y sobre las cuales tenemos muy poca información, es un grave error. Salimos mal posicionados cuando se aprecia la calidad de las construcciones, de sus vías y de su calidad de vida.

A pesar del esfuerzo de este gobierno, faltan décadas de inversión para que podamos dotarnos de una red aceptable de carreteras, puertos y aeropuertos. Ni qué hablar de las infraestructuras urbanas. Bogotá da pena con sus obsoletos medios de comunicación, cada día más colapsados y sin posibilidades de mejorar en los próximos años.

El tráfico es muy denso en Bangkok o en cualquier ciudad indonesa y parece algo caótico. Pero nos llevan muchísimo avance en materia de infraestructura. Lo mismo puede decirse de casi la totalidad de los países que tienen un nivel de desarrollo similar al nuestro.

¿Qué nos pasó? ¿Cómo explicar este atraso? Son varios los factores que debemos mencionar. El primero de ellos es la ausencia de planeación. Las obras en Colombia sólo se hacen cuando la evidencia de su necesidad se impone. Nunca se planean para el crecimiento y por ello se quedan apenas inauguradas, pequeñas frente a las necesidades.

Otro de los factores que influye en nuestro retraso es que la ingeniería ha sido un sector muy protegido por la política pues las grandes constructoras son una de las fuentes favoritas de financiación de las campañas.

Las empresas locales no tienen el músculo financiero ni la capacidad técnica para adelantar obras de gran envergadura y por ello la deficiente calidad de la ejecución. Y claro está el tema de la corrupción sobre el que sobran ejemplos.

La ignorancia es atrevida. Estamos peor de lo que pensamos.

Miguel Gómez Martínez
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