Ilusionismo

5 de junio del 2018

Opinión de Miguel Gómez Martínez.

Ilusionismo

Sólo quienes estamos en el mundillo de la política creemos que lo que sucede en ella es importante. Con frecuencia tenemos los que los estadounidenses llaman un “chequeo de realidad” cuando nos encontramos con personas que no tienen interés en lo que pasa en la política y nos desarman con afirmaciones simplistas que no por ello dejan de ser muy válidas.

Un taxista, un ama de casa, un comerciante o un campesina saben a ciencia cierta qué es lo importante en la vida. No es quién detenta el poder sino quién duerme tranquilo. No es tener más dinero sino más salud. No es tener electores sino unos buenos amigos. No es ser el centro de atención sino el vivir en paz. Ellos saben que lo importante es tener hijos que superen las pruebas terribles de esta sociedad. Entienden que la política es sucia y desagradecida; ven la primacía de los intereses particulares sobre el bien público y desprecian a quienes se dedican a esa actividad pues presumen la mala fe de sus actos.

Su escepticismo con la política es algo sano. No esperan grandes cambios pues entienden que los intereses que están en juego son enormes. Por ello no le comen cuento a los candidatos que ofrecen lo divino y lo humano. Entienden que ello no es posible y acumulan la experiencia de haber sido decepcionados en otras ocasiones. Su indiferencia es una forma de sabiduría pues intuyen que la política es, ante todo, la lucha por el poder y no el triunfo de las ideas.

Los políticos se quejan de que muchos colombianos no creen en la política. Las altas tasas de abstención, el voto en blanco y el colosal volumen de votos inválidos, es la mejor prueba de la poca atención e interés que le ponen al manejo de los asuntos públicos. La política no les importa porque no representa sus intereses que son mucho más sencillos y directos. El déficit fiscal, la crisis de la justicia, la corrupción o el desempleo son menos importantes que la salud de la sobrina o las notas del hijo calavera. Así debe ser porque primero es lo primero.

Hay que rodearse de gente que no esté obsesionada por la política. Son personas de carne y hueso para quienes la vida es un discurrir normal y sereno. Los políticos son seres de Marte que venden ilusiones de mundos mejores.

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