Indignación selectiva

Indignación selectiva

10 de octubre del 2018

Este es un país de gente pasiva, que soporta lo que en otros lugares sería intolerable. Buena parte de los problemas que hoy tenemos se deben a esta actitud egoísta donde los asuntos que no nos conciernen directamente no nos importan. Toleramos todo tipo de atropellos, atrocidades, mentiras, duplicidades y violaciones de la ley.

Por ello, en una sociedad convulsionada como la nuestra, sorprende el carácter selectivo de la indignación colectiva. Suceden en nuestro país cosas de inmensa gravedad y parece como si no aruñaran nuestra consciencia de hielo. Nos roban las elecciones, los hospitales, la educación pública es de pésima calidad, no hay servicio de justicia, la corrupción campea sin ninguna vergüenza y la lista puede ser muy larga. Frente a estos hechos gravísimos, la opinión actúa como si no fuera un tema que le concerniera directamente.

Los escándalos en Colombia duran un día. Son la comidilla de unos medios que, incapaces de profundizar el análisis, se contentan con la especulación. No hay ni seguimiento ni verdadero espíritu investigativo. Mañana vendrá un nuevo hecho que dejará el gravísimo de hoy en el pasado y el olvido. Mientras tanto los problemas subsisten, algunos empeoran y la sociedad mantiene un nivel de frustración creciente.

Claro, hay momentos de indignación pero no perduran y sobretodo no generan cambios de fondo. Una niña violada y descuartizada por un maniático puede encender una ira colectiva. Pero meses después vuelva a suceder y apenas registra en los medios. Un niño es secuestrado y, por unos días, hay conmoción. Pero después los guerrilleros que cometieron el delito son estrellas de las emisoras, enfrentados a unos periodistas que parecen olvidar la gravedad de los hechos.

La indignación es selectiva porque la impunidad reina. Todos sabemos que quienes son responsables no serán castigados. En Colombia los hampones se burlan de los honestos y no les pasa nada. Se pavonean en las calles, en Cartagena, en los restaurantes, los conciertos, las revistas de moda sin que se produzca el necesario y saludable rechazo social. Ellos ganan luego la sociedad pierde, pierde una vez más.

El nivel de corrupción e ineficiencia del sistema judicial es tal que ha erosionado la capacidad de reacción social. En el fondo, la ciudadanía siente que su indignación es inútil porque los poderosos se saldrán siempre con la suya y, puesto que los poderosos son corruptos, siempre tendrán las cartas de su lado.

La ausencia de justicia hace inviable cualquier sociedad.

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