Inequidad reduce independencia económica en mujeres

Inequidad reduce independencia económica en mujeres

5 de marzo del 2019

Organizaciones como la CEPAL y la ONU reconocen la importancia de que las mujeres tengan acceso real a oportunidades laborales y a ingresos propios como una estrategia fundamental de empoderamiento, e incluso, de prevención ante amenazas como la violencia de género. Sin embargo, la realidad revela que hay una cadena de dificultades que no permiten avanzar hacia este propósito.

El primer eslabón de esa cadena es que la mujer dedica mucho más tiempo a lo que se ha denominado la “Economía del cuidado”, es decir a las labores realizadas en casa y que no representan ningún tipo de remuneración. Tanto en Bogotá, como en el resto del país, las mujeres dedican más tiempo a la limpieza de la casa, al cuidado de los niños o de otras personas vulnerables.

Aunque la percepción ya hacía suponer esta realidad, los datos del DANE permiten ver con cifras concretas la desigualdad en este tipo de tareas. Según el reporte más reciente, de 2017, en el país las mujeres destinan 2,3 veces más tiempo a labores del hogar. Por ejemplo, gastan un poco más del doble de horas respecto a los hombres en las tareas relacionadas con el mantenimiento de vestuario y el cuidado de otras personas del hogar. Solo en esta última tarea, que incluye atención a menores de 5 años, con ayuda en tareas escolares o llevar a menores al colegio, las mujeres dedican 9,7 horas a la semana mientras que los hombres destinan 5 horas.

Se podría suponer que Bogotá, la capital que suele mostrar mejores indicadores sociales, tendría una situación más equitativa a la del promedio nacional. No es así. La diferencia estriba en que en Bogotá tanto hombres como mujeres gastan menos horas en labores no remuneradas.

El tiempo gastado en preparar y servir alimentos en la zona oriental del país es de 7,3 horas a la semana para los hombres y de 15,6 para las mujeres. Esto significa que estas últimas dedican 2,1 veces más tiempo a esa labor. Para Bogotá se encuentra que las mujeres dedican 12,6 horas y los hombres 6,5 en esta misma tarea. Es menos tiempo para ambos, pero la comparación nos dice que para las dos regiones las mujeres dedican cerca del doble del tiempo a esa función. Hay labores en las que incluso Bogotá tiene un indicador más alto que el del promedio del país. En la limpieza las mujeres dedican 1,5 veces más tiempo que los hombres en Bogotá. El promedio nacional es de 1,3 veces.

Este esquema de uso del tiempo lleva al segundo eslabón de la cadena. Las mujeres participan menos que los hombres en el mercado laboral. En el último trimestre de 2018 dos tercios de los hombres participaban, ya sea trabajando o buscando trabajo. Sólo un poco más de la mitad de las mujeres lo hace. La cifra para Bogotá es de 77,3% de hombres activos en el mercado laboral y 63,2% en mujeres, una brecha de 14 puntos.

Los motivos principales por los que los hombres no participan en el mercado laboral en Bogotá son: jubilado (29%) o por tener una enfermedad o accidente que los incapacita (25%). Mientras tanto, las mujeres no lo hacen básicamente porque deben asumir responsabilidades familiares. Un 43% se encuentra en esa situación, mientras que para los hombres solo es 3%.

Pero la inequidad no termina ahí, y llegamos al tercer eslabón. Las mujeres que buscan oportunidades laborales tienen más dificultades para encontrar un trabajo. De las mujeres que participan en el mercado laboral hay un 12,4% que se encuentran desempleadas. La tasa de desocupación para los hombres es de 6,7%. En Bogotá las tasas son de 10,6% y 8,7%, respectivamente.

De las mujeres que encuentran un empleo, hay un porcentaje importante que considera que ese trabajo no corresponde a sus expectativas y habilidades. Este es el cuarto eslabón de la cadena. Las mujeres tienen un empleo de menor calidad. Las cifras son contundentes. Por ejemplo, la informalidad afecta más a las mujeres, con 49,5% frete a los hombres, en 47%.

Todo este escenario lleva al quinto eslabón. Las mujeres tienen menores remuneraciones. Para Bogotá en 2017 el promedio del ingreso laboral de los hombres era de $1.527.216, mientras que para las mujeres fue de $1.275.165. La brecha es de $251.872.  Si bien se ha reducido en un 21,68% desde 2010, se mantiene una diferencia importante de 16,4%.

Ahora bien, cerrar estas brechas exige acciones por parte del gobierno y administraciones territoriales como la de Bogotá. Es fundamental, por ejemplo, que se cuente con políticas laborales con enfoque de igualdad de género. Según la CEPAL, una política que no tiene en cuenta las realidades que enfrentan las mujeres las expulsa del mercado laboral y eterniza condiciones como la informalidad, la discriminación y la ubicación de las mujeres en cargos de menor perfil.

Trabajar de la mano con el sector privado es clave para lograr más y mejor acceso al sistema financiero para las mujeres. Un estudio de la Superintendencia Financiera en Chile revela que dar créditos a las mujeres no sólo contribuye a su bienestar, sino que es beneficioso para la economía porque ellas suelen tener mejor comportamiento de pago y ahorro.

Los servicios de empleo e intermediación laboral deben tener en cuenta un enfoque de género. Para la Organización de Estados Iberoamericanos, OEI, las mujeres, especialmente las de condición socio económica más vulnerable, tienden a recurrir a canales informales de búsqueda de empleo. Esto las limita y restringe a determinados tipos de ocupaciones. Además, las labores no remuneradas consumen una buena parte de su tiempo, esto reduce las horas de búsqueda de trabajo.

Lo anterior debe acompañarse del desarrollo de políticas de capacitación, formación profesional y certificación de competencias. También de la generación de incentivos para que las empresas empleen mujeres y realizar inspección laboral para garantizar la calidad del empleo a las mujeres.

Otro frente sobre el que hay que avanzar es el de fomentar la corresponsabilidad de los hombres en cuanto a tareas del hogar. La CEPAL ha venido afirmando que es necesario ampliar las normas que apoyen a madres y, especialmente, a los padres con responsabilidades familiares. Esto libera a las mujeres de funciones de cuidado que tradicionalmente tienen a su cargo y condiciona su vida laboral.

Finalmente, es clave decir que las mujeres que tienen riesgo o han sido víctimas de violencia de género deben contar con especial protección en el mercado de trabajo. Conservar su independencia económica es muy importante para hacerlas menos vulnerables. Experiencias internacionales ya muestran que se pueden otorgar condiciones más flexibles en temas como horarios laborales (para disminución o reorganización), traslados prioritarios, reserva de cargos y permisos, entre otros.

Estas son solo algunas de las acciones necesarias para romper la cadena que hace que las mujeres no logren un nivel deseable de independencia económica. Todo ello requiere por supuesto de un compromiso amplio y serio del sector público, de crear o reforzar la institucionalidad pertinente y de asignar recursos suficientes para tener resultados concretos que permitan que las mujeres avancen a su independía e igualdad de condiciones.

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