Instrucciones para sobrevivir debajo de una nevera

7 de septiembre del 2012

Ese día tienes turno en el trabajo desde las seis de la mañana hasta las dos de la tarde. Debes contar el dinero de la caja y hacer inventario de los refrescos que hay en la nevera de Postobón. Primero decides contar el dinero, así es que le pones candado a la reja que da […]

Ese día tienes turno en el trabajo desde las seis de la mañana hasta las dos de la tarde. Debes contar el dinero de la caja y hacer inventario de los refrescos que hay en la nevera de Postobón. Primero decides contar el dinero, así es que le pones candado a la reja que da a la calle, porque te da paranoia que se meta alguien y te robe. Cuando terminas de contar billetes y monedas sales y le quitas el candado a la puerta. Entonces vuelves a tu escritorio, donde a un lado está la nevera de dos puertas. Cuentas 18 botellas de vidrio de jugo Hit, y otras cinco, también de vidrio, de una bebida energizante. Vas a comenzar a contar otra marca de refrescos cuando la nevera se mueve hacia ti, como si alguien la hubiera empujado. Muy rápido, la nevera cae sobre una silla Rimax partiéndola por la mitad. La silla amortigua el golpe y entonces la nevera cae sobre tu cuerpo y tú caes de espalda sobre el piso frío, pero es más la impresión que el golpe. Tienes suerte porque no te has golpeado la nuca contra el piso. El borde superior de la nevera oprime tu esternón directamente debajo del tórax y enseguida te das cuenta de que te está costando trabajo respirar. Tu brazo derecho está aprisionado sobre tu pecho y no lo puedes mover, y tu pierna bajo el centro de la nevera. Pero si estiras el cuello y miras por encima de la nevera, alcanzas a ver la punta de tus zapatos, aunque no los puedas mover. Tu pierna y el brazo izquierdo han quedado por fuera de la nevera, cubiertos por una de sus puertas, pero tú estás completamente inmóvil. Una a una, las botellas de vidrio caen sobre tu cuerpo y, mágicamente, ninguna se rompe. Solo se revientan dos bolsas de agua, pero por alguna razón que no entenderás jamás, no te mojas. Siguen cayendo botellas sobre tu cuerpo a diferentes velocidades, y cuando ya han caído todas, los estantes se deslizan por la nevera y también te caen encima. Empiezas a sentir un miedo terrible y comienzas a gritar. “¡Sáquenme de aquí!”, “¡Ayuda!”, “¡Auxilio!”, “¡Alguien!”, “¡Jueputa!”, “¡Que alguien me saque de aquí!”… Pero nadie te oye. Apenas es la una y cuarto de la tarde y la persona que llega a cubrirte no aparecerá hasta las dos de la tarde porque está almorzando. Hace algunos años tienes ataques de pánico y le temes a la muerte. Te invade el pánico y te cuesta aún más trabajo respirar. Pero el cuerpo tiene un instinto de supervivencia y entonces te acuerdas de que tu entrenador de Jiu-jitsu brasileño te dijo que cuando tienes un oponente más fuerte que tú encima, debes usar la cabeza y no el cuerpo. Debes pensar. Debes pensar. Debes pensar. Te tranquilizas, te concentras y piensas. Tienes el celular en el bolsillo delantero derecho de tus jeans, ambos brazos están atrapados y no te puedes mover. Sigues pensando mientras respiras con mucha dificultad. El brazo derecho te duele muchísimo y piensas que tienes que moverlo de inmediato. Entonces mueves la cintura y la cadera muy despacio hasta que tuerces el cuerpo debajo de la nevera y quedas en posición fetal hacia tu izquierda. Ya has liberado tu brazo derecho, que queda casi colgando detrás de tu espalda, entonces metes la mano en el bolsillo y sacas tu celular. Llamas a tu jefe, está ocupado. Vuelves a llamarlo, sigue ocupado. Quieres llamar a tu pareja, pero está trabajando al otro lado de la ciudad y se demoraría una hora y media en llegar a socorrerte. Decides volver a llamar a tu jefe otro par de veces hasta cuando contesta. Apenas lo oyes comienzas a llorar y casi no puedes hablar. No entiende lo que estás diciendo y pide que te calmes. Respiras hondo y logras relajarte lo suficiente como para explicarle que estás atrapada debajo de la nevera. Tu jefe se sube a un taxi y en menos de diez minutos está con su socio, ambos parados a los dos lados de la nevera, pensando cómo sacarte de allí sin moverte. Intentan levantar la nevera pero es demasiado pesada, no van a poder lograrlo así. A las dos de la tarde llega tu remplazo y cuando te ve debajo de la nevera se pone a llorar y a decirte que no te preocupes, que ya te van a sacar. Deciden levantar la nevera entre ambos hombres y tu remplazo te jala y te arrastra hacia atrás. Ya estás a salvo, pero ahora sientes mareo. Tienes ganas de vomitar, de orinar y cagar, y sientes que no te puedes controlar. Alguien dice que no te muevas, estás acostada en el piso boca arriba y llaman una ambulancia. Oyes las voces de la gente como si fueran transmitidas a través de un tubo y ya no entiendes nada. Sigues sintiendo terror, ya no estás inmóvil, pero crees que aún estás en peligro y algo muy grave te va a pasar como consecuencia del golpe. Llega la ambulancia, te toman los signos vitales y revisan tu cuerpo. Te preguntan cómo te sientes y tú respondes que te sientes como si se te hubiera caído una nevera encima. Te advierten que no hará falta que vayas a un hospital, pues allí te dirán lo mismo que te han dicho los paramédicos. Acuéstate y descansa, vas a tener mucho dolor en el cuerpo, como si se te hubiera caído una nevera encima. Te vas a llenar de moretones y los dolores continuarán unos diez días. Ya estás fuera de peligro y aunque durante pocos días seguirás temiendo convulsiones o que se te nuble la vista, no te va a pasar nada. Ahora, cada vez que te pares frente a la nevera sentirás vértigo. Es mejor que alguien más se ocupe del inventario de los refrescos.

@Virginia_Mayer

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