Lennon: 36 años después

Lennon: 36 años después

9 de diciembre del 2016

Serían como las 5.30 de la mañana de ese 9 de diciembre de 1980. Dormía plácidamente. Mi hora normal de levantada para ese entonces era como las 6.30, pues una ciudad menos compleja para movilizarnos, no era necesarias esas madrugadas de hoy en día. Llegar a trabajar era cuestión de minutos. No trato justificarme, pero si vale dejar sentado el hecho.

El teléfono en mi casa sonó a esa hora. Desperté con un gran susto cuando vi la hora y contesté. Al otro lado de línea, Alfonso con la voz entrecortada me dijo, “Manolo, lo mataron.” Entre sueños, no captaba lo que decía y le pregunté de qué me hablaba. “Manolo mira el periódico, ¡mataron a John Lennon!”

Ah, sí. Bueno. Gracias por el dato. Me volteé en la cama, me arrunché debajo de las cobijas, para abrigarme del frío sabanero de Bogotá y seguí durmiendo. Minutos más tarde, el impacto lo que me había dicho mi amigo, penetró en el cerebro aun cargado de sueño y sobresaltado quedé sembrado en el lecho.

¿Mataron a John Lennon? ¡No podía ser! Estaría soñando. Igual, en esa fría madrugada me levanté y en pijama y descalzo, bajé al portón del edificio –esto era antes de que hubiera porterías y porteros- y del piso recogí mi periódico y en la penumbra del pre-amanecer vi el titular. Efectivamente, John Lennon, había muerto. Pero peor que eso, lo habían asesinado. No lo podía creer.

Subí los dos pisos de regreso a la tibieza de mi apartamento y sentando en la sala leí el brevísimo cable que daba la noticia. Llamé a Alfonso, le agradecí la llamada y de paso me disculpé por no pararle bolas con semejante noticia. Intercambiamos algunas palabras de consuelo y colgamos. Es que habían matado al amigo de tantos años. Finalmente hacía como 15 años Lennon y sus compañeros del grupo más importante de los historia, había sido cómplices de nuestras vidas. Las fiestas, los amores y desamores, los paseos, las charlas, la radio y en los últimos 10 años, John y The Beatles, eran mis compañeros de trabajo, de diversión, de vida. Nunca, lo conocí, nunca lo vi, pero era mi amigo, me entienden. Lo conocía por lo menos tan bien como a Alfonso o cualquiera de esas personas de carne y hueso con quienes compartí mi adolescencia y juventud a la que aún me aferraba entrado en los treintas.

Ya despierto, sin pensarlo dos veces, me duché, me vestí y desayuné. Bajé al garaje, lo abrí, saqué el carro y volví a cerrar la puerta. Recuerden, no había porteros en esos tiempos. Me fui a la calle 49 con 13 a la emisora donde hacía programas.

Fui directamente a Caracol Stereo, irrumpí en el estudio de grabación y le dije a Ernesto Díaz, si podía grabar inmediatamente. Luego de las consultas con el director la emisora, Enrique París, grabé un programa de media hora. No podía ser muy coherente, pues no tenía nada preparado, solo estaban mis sentimientos. Hablaba, pasaban una canción, volvía a hablar y de nuevo, a pasar una canción y decía otra cosa… Lo que recuerdo con claridad fue que al final pusimos a sonar #9 Dream, el Sueño #9 de Lennon. Y mientras pasaba de fondo la canción, empecé a decir, “sueña John, sueña tu sueño…” hasta que llegué a decir “sueña John, sueña tu sueño #9” y se me quebró al voz. Ernesto siempre sintonizado y con gran sensibilidad, subió delicadamente la música y le bajó el volumen al micrófono y mis sollozos se fueron perdiendo entra los acordes de esa canción del genio recién asesinado.

El resto del día fue de esos en que uno actúa como por inercia. Ya en mi oficina en la entonces Radio Visión, escribí un artículo para El Tiempo, como el programa de Caracol Stereo, lleno de incoherencias e inexactitudes. Aquí sólo importaba el sentimiento. Igual,  no había internet o algo para verificar información y el artículo lo entregué en las horas de la tarde en el periódico. ¡Cual mandar un texto por correo electrónico! Física cuartilla, escrita a máquina de escribir.

Ese artículo ocupó la última página de un cuadernillo del periódico del día siguiente.

Juan Peirano, funcionario de los servicios latinos de la BBC de Londres, quien se encontraba en Bogotá, escuchó el programa, pidió una copia y días después fue emitido por ese servicio noticioso. ¡Qué vaina! Esa grabación pasada a casete para ellos, desapareció de la emisora… como tanta memoria radial perdida en el tiempo.

Esa es mi historia. ¿Cuál es la suya de esa fecha? Bueno, si es que ya estaban transitando los caminos de esta Tierra hace 36 años.

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Y el 7 de diciembre, en este nefasto año para la música, murió Greg Lake. De pronto el nombre solo no significa mucho. Pero este guitarrista, convertido en bajista, cantante y compositor, hizo parte de dos trascendentales grupos de finales de los 60 y comienzos de los 70. Tocando la guitarra desde los 12 años, llegó a King Crimson por invitación de su amigo Robert Fripp. Esta grupo del llamado rock progresivo, hizo una música compleja, evolucionada, un poco alejada del torrente principal del rock/pop. Fue allí donde se destacó por ofrecer unas líneas de bajo poderosas, sólidas, que dieron peso enorme al grupo que tuvo –y sigue teniendo- una hinchada muy grande en el mundo. Vale la pena escuchar discos como In The Court Of King Crimson y Lizard,  para entender la importancia del grupo y de Lake en su estructura.

Ahora, su aporte al trío Emerson, Lake & Palmer es enorme. En esta poderosa agrupación de rock progresivo y sinfónico creció de manera prodigiosa, con gran libertad para aportar al grupo. De nuevo la solidez de su bajo es fundamental en el sonido del grupo del cual les recomiendo que escuchen discos como Brain Salad Surgery, Tarkus, Pictures At An Exhibition y Trilogy, por ejemplo. Ahí queda consignado el brillante talento de Greg Lake quien murió de cáncer a los 69 años. Y en esta temporada, vale desempolvar el hoy clásico alternativo de Navidad, I Believe In Father Christmas, algo así como Creo en Papá Noel.

La muerte de otro brillante, talentoso músico, empieza a cerrar un año que ha estado signado por la muerte de monstruos del rock/pop. Keith Emerson, su compañero de grupo y  genial teclista del grupo, también murió hace apenas unos meses.

Ya les presentaré un resumen en este espacio. Y advertencia. El 2017, puede ser peor. Es que los artistas, eso que son nuestros amigos, aquellos que no conocimos pero son parte de nuestra vida, no se vuelven más jóvenes con el paso del tiempo…

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