Jóvenes violentos: cerebro sin miedo

18 de octubre del 2019

Por: Rodrigo Riaño.

Jóvenes violentos: cerebro sin miedo

Una reconocida universidad despedía esta semana en un acto simbólico a uno de sus estudiantes de Arquitectura, quien se encontraba en cuarto semestre y quien fue asesinado de manera violenta por un grupo de cuatro jóvenes, de edades entre los 18 y 21 años, que simpatizan con un equipo de fútbol contrario al de la víctima.

Las narraciones de los familiares señalan que Jeisson Arley Garzón Garzón fue perseguido en una estación de Transmilenio y al caerse fue apuñalado por sus agresores a tal punto de causarle la muerte.

Adicionalmente a lo anterior, el país ha tenido que ser testigo al ver a sus jóvenes actuando de manera violenta en las diferentes marchas de los últimos días, no solo atacando la infraestructura de instituciones públicas como la oficina del ICETEX, o los buses de los sistemas de transporte masivo, sino también agrediendo a diferentes personas. Encapuchados o no, son jóvenes que parecen haber perdido el miedo a transgredir la norma y no le temen a las consecuencias de dicha transgresión.

La pregunta típica que hace la gente alrededor de esto es: ¿Qué tienen esos muchachos en la cabeza? y podríamos traducirla a: ¿Qué pasa en el cerebro de esos jóvenes?

Pues bien, la neurociencia nos ha demostrado que el sistema límbico, el cuál es el centro del cerebro encargado de lidiar con las emociones, especialmente gracias a una estructura que se encuentra al interior de los lóbulos temporales llamada amígdala, puede poco a poco volverse insensible con respecto a la transgresión de las normas. Esto significa que los centros biológicos encargados de generar una alerta antes de cometer un acto que atente contra la moral, comienzan a dejar de activarse con la misma intensidad cuando las personas se acostumbran a lo ilícito. Estos hallazgos son soportados por estudios llevados a cabo por grupos de neurocientíficos del University College of London, entre otros.

Neurobiológicamente se podría decir que estos jóvenes que hemos visto recientemente cometiendo este tipo de acciones han perdido el miedo que normalmente debería generarse ante la posibilidad de pasar los límites. Pareciera entonces que han llegado los días en los que el miedo no existe y resulta que esta emoción es vital para la supervivencia de la especie.

Pero el no tener miedo o simplemente haber naturalizado la transgresión de lo moral, no solo se ve reflejado en esto que genera noticia, sino que también explica otras conductas impulsivas que se ven en los adolescentes como el uso abusivo de alcohol, el uso de sustancias psicoactivas, la falta de cuidado con respecto a su sexualidad, entre otras; temas que son preponderantes en los grupos de chats de WhatsApp de diferentes estudiantes de colegio y universidades. Así, las redes sociales se han vuelto el canal predilecto por el cual el sistema cognitivo de los jóvenes se alimenta de imágenes que poco a poco van contribuyendo a la desensibilización de los cerebros ante lo moral.

Sin embargo, este circuito cerebral implicado en lo que hemos llamado la transgresión de la norma, involucra también a la corteza prefrontal. La mala noticia es que esta es una de las últimas regiones del cerebro en terminar de madurar, la buena es que justo nuestro sistema educativo podría aprovechar esto para trabajar desde las aulas en la estimulación de las redes que facilitan el autocontrol, la regulación de las emociones, el comportamiento según el contexto y la empatía, entre otras.

Aunque en estos tiempos a algunos les parezca anacrónico, quizás elementos como el temor a Dios podrían sumar al fortalecimiento de aquellos circuitos neurales que se requieren para convertir el miedo en una conducta de autoregulación que propenda por el auto bienestar y sobre todo que propenda por el bienestar del otro, pues diversos estudios neurocientíficos evidencian el efecto positivo que tienen las experiencias religiosas en la maduración de la corteza prefrontal.

Quizá aquello que muchos consideran mandado a recoger podría ser un factor que proteja el cerebro ante la desensibilización a la que se expone la juventud a diario a través de las imágenes que llegan vía medios de comunicación y redes sociales. Quizá aunque parezca extraño e incluso poco útil para los colegios que solo se enfocan en que sus estudiantes logren un Saber 11 A+, sea más importante tener estudiantes que vean clases como bondad, empatía, felicidad y preocupación por el otro. Es posible que haber invertido tiempo a estos temas en las aulas y en los hogares, hubiera permitido que hoy Jeisson Arley Garzón Garzón, continuara formándose como arquitecto y ni su familia, ni sus compañeros sintieran el vacío que les dejó la violencia de unos cerebros sin miedo a las consecuencias.

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