Mi voto por Santos en 7 razones

23 de mayo del 2014

Entre otras: ha logrado más de lo que se cree y es una opción de centro.

Ahora estamos más cerca que nunca de lograr un histórico acuerdo de paz con las Farc. Si el actual presidente hubiera prometido hace cuatro años que lograría terminar con el conflicto, jamás le hubiera creído, pero ahora después de haberse acordado tres puntos de la agenda de negociaciones de La Habana, si le creo. Me parece pertinente reconocer dos cosas, la primera es que Santos no es la única persona en este país capaz de conducirnos a una salida definitiva al conflicto, la segunda,  es precisamente él quien ha liderado de forma más eficaz un diálogo de paz con las Farc. Si en cincuenta años nadie había podido lograr estos avances, me parece muy poco probable que alguno de los otros cuatro candidatos lo pueda hacer mejor en este aspecto.

Ha logrado más de lo que la gente cree. Uno de los principales problemas que tuvo Santos en este mandato, ha sido que muchas de sus consecuciones no han tenido eco en el imaginario colectivo.  La gente en las calles habla más de las críticas de sus opositores que de sus destacados logros.  Hoy en día estamos enfrentados a una gran paradoja, el país en términos generales está mejor que hace cuatro años, pero la percepción ciudadana es más negativa. La mayoría de los índices de seguridad han mejorado, tenemos uno de los mejores desempeños económicos de Latinoamérica, las tasas de inflación más bajas de la historia, el menor índice de desempleo en 30 años, hemos sido uno de los países del mundo que más ha reducido la pobreza, la miseria y la desigualdad social y de esto muy pocos hablan. La percepción ciudadana es importante para la gobernabilidad, pero en definitiva lo que cuenta es la realidad.

Representa una opción de centro.  Es verdad que actualmente,  las terceras vías no gozan de mucha popularidad, muchos consideran como “tibias” las posturas alejadas de la izquierda y la derecha radical. Personalmente, estoy convencido que la búsqueda de un equilibrio entre la libertad de mercados y políticas sociales incluyentes, hacen a las sociedades más prósperas. Está demostrado que no se puede garantizar bienestar sin antes producir riquezas, pero también hemos podido verificar que el crecimiento económico sin un compromiso social serio no conduce al desarrollo y  profundiza las desigualdades.

Su talante pragmático. Se ha concentrado más en las consecuencias de sus decisiones, que en el aplauso que éstas puedan tener. En términos de popularidad, lo que más le favorecería a Santos sería enfrentarse verbalmente con Maduro, no lo hace para salvaguardar los intereses de muchos colombianos. Nadie tampoco puede negar que intentar hacer la paz es más difícil e impopular que hacer la guerra. De igual forma, optar por buscar un tratado bilateral con Nicaragua, en vez de desacatar abiertamente el tratado de La Haya, es una determinación que no tiene mucha aceptación popular, pero que no nos desprestigia internacionalmente como Estado.

No es un caudillo y  no se esfuerza por serlo.  Aprecio más sus convicciones que la forma en que las comunica. Nuestra política necesita estar más fundamentada en ideas que en  personas. Los líderes no son un fin en sí mismos, son un medio para lograr un fin. Es positivo ver que la mayoría de personas que apoyan la reelección, no lo hacen por un amor incondicional a Santos, sino porque consideran que sus concepciones son las más favorables para el país en este momento. Siempre será más constructivo el culto a los valores democráticos, entre ellos la paz, que el culto personalista que se manifiesta en la adoración y adulación excesiva a un caudillo carismático.

Se esfuerza por sostener un lenguaje positivo. Lo que decimos y cómo lo decimos, es un reflejo de lo que somos. El actuar humano debe estar orientado por todo aquello que consideramos deseable, por lo tanto, es más sano que nuestra principal motivación se oriente más en hacia realización de  los valores, que en la lucha contra los antivalores. Nos conviene pensar en que podemos solucionar nuestros problemas a través de la razón y no por medio de más violencia. Nuestra cultura es un conjunto de signos y valores que se interrelacionan, en la cual los liderazgos ocupan un papel fundamental. Si nuestros líderes tienen una actitud conciliadora, conducen a reconciliarnos, si son hostiles y agresivos, lo más posible es que continuemos divididos.

Reconoce las flaquezas de su actual mandato. Las falencias en algunas políticas públicas  son  comunes  en todos los mandatarios, pero solo pocos tienen el valor de reconocerlas. Es cierto que el presupuesto de la Nación es limitado y corresponde al jefe de Estado, priorizar, resolver lo urgente y concentrarse en lo importante. Para nadie es un secreto que: la calidad de nuestra educación pública es floja,  nuestra infraestructura no nos permite ser competitivos, el sistema judicial es ineficiente y la salud bastante precaria. No puedo negar mi insatisfacción en estos campos, pero destaco la actitud del actual gobierno de asumir estos problemas, no evadirlos y convertirlos en las banderas de su posible próximo mandato.

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