Entre zorros y palomas

1 de junio del 2014

“Este enfrentamiento de las élites no constituye el verdadero dilema de la sociedad .”

Se abrió paso la nefasta polarización entre el Santismo y el Uribismo. Muchas voces advertían del riesgo que encierra un enfrentamiento del país surgida de una fractura en las élites. Y no porque sea cuestionable una controversia sobre los principales temas de nuestra agenda pública que revele matices en la dirigencia política tradicional. Sino porque la manera como ese enfrentamiento se está produciendo es como un galón de gasolina cerca de una mecha encendida.

La virulencia de la campaña ha comprometido seriamente la estabilidad institucional. Peligrosamente hay un ambiente de crispación entre las principales instituciones del país que parecieran alinearse a uno y otro lado de las dos fotos del tarjetón presidencial para la segunda vuelta. Las relaciones del gobierno nacional con Alcaldes y Gobernadores resultan atravesadas por esta batalla campal. Y hasta las fuerzas políticas independientes pretenden ser acorraladas para que tomen partido o para que se dividan en torno a los sectores en disputa. Por fortuna, el Polo y los Verdes han decidido no meterse en una pelea que bien parece un espectáculo de violencia intrafamiliar. Han escogido preservar su independencia y se han negado a caer en la trampa de una contradicción en la que no cabe toda la nación.

En las últimas semanas hemos presenciado preocupantes episodios de guerra sucia. Unos y otros no ahorran esfuerzos para acusarse mutuamente en asuntos de suma gravedad. Hasta olvidan que muchas de esas acusaciones comprometen por igual a Uribe y Santos quienes han compartido poder en los últimos años, hasta que el matrimonio se rompió abruptamente por cuenta del proceso de paz. Porque en honor a la verdad Santos no es ajeno a los falsos positivos, las chuzadas o el escándalo de Agro Ingreso Seguro. Como Uribe tampoco desconoce la manera como se reparte mermelada entre los congresistas.

Ahora la recta final de la campaña está plagada de caricaturas. Mientras Uribe convoca a una cruzada contra la amenaza “Castrochavista” de Santos, los voceros de la “unidad nacional” invitan a frenar el fascismo representado en Zuluaga y Uribe. Y ambas barras bravas se muestran los dientes como dispuestas a descuartizarse inútilmente. Sin embargo, puede suceder que la idea de un Santos representando la paz y un Zuluaga simbolizando la guerra tienda a desaparecer.  Uno de estos días Santos amaneció anunciando cárcel para los guerrilleros que se desmovilicen en virtud de un acuerdo de paz si han cometido delitos de lesa humanidad, mientras Zuluaga se acostó advirtiendo que no suspenderá los diálogos de La Habana y ofreciendo penas alternativas a los insurgentes. En lo demás, locomotora minera o Tratados de Libre Comercio tienen muchas coincidencias.

Es evidente que Juan Manuel Santos no es Fidel o Chávez. Y que Zuluaga o Uribe tampoco es Hitler. Ambos se han creado y retroalimentado. Por eso este enfrentamiento de las élites no constituye el verdadero dilema de la sociedad colombiana. Aunque hay que evitar que conduzca a un nuevo ciclo de violencia o a una fractura que se convierta en un verdadero obstáculo para la reconciliación nacional. Sobre todo si cualquiera sea el próximo presidente logremos un solución negociada a nuestro conflicto armado.

@AntonioSanguino

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