Petición de principio

22 de octubre del 2014

“El actual presidente de Colombia ha hecho de la falacia su mejor herramienta argumentativa.”

Los libros que nunca he escrito de George Steiner trae como capítulo final el titulado Petición de principio. En una primera lectura pensé que se trataba de ofrecer a los lectores claridad sobre sus posiciones políticas y algunas opiniones sobre el tema. Nos dice el autor que “quienes tienen la generosidad de interesarse por mi trabajo o son contrarios a él han planteado con frecuencia la misma cuestión. Después de leer mis libros, durante un seminario o al término de una conferencia, ya con vacilante cortesía, ya en tono de reproche: “¿Cuáles son sus ideas políticas? En todos sus escritos sobre historia y cultura, sobre educación y barbarie ¿por qué no hay ninguna franca declaración de su ideología política? ¿Qué postura toma realmente?” A lo que responde que nunca ha sido políticamente activo ni se ha afiliado a ningún partido político.

Hasta ahí la cosa estaba supuestamente clara hasta que decidí indagar acerca del significado de petición de principio y no tiene nada que ver con política. Se trata, como muchos saben y yo no sabía, del nombre derivado del latín (petitio principii, “suponiendo el punto inicial”) que se le da a una falacia, en la que la conclusión se encuentra ya en el enunciado: Fulanito es un santo porque me ha dicho que habla con Dios; no me engaña porque no puedo dudar de la palabra de alguien que habla con Dios.

En una petición de principio no hay demostración alguna sino lugares comunes, círculos viciosos y conclusiones tomadas de las premisas del enunciado. Por ello es tan frecuente encontrarlo en la manera de evitar el debate por parte de los políticos de profesión, algunos muy expertos en ese tipo de falsa argumentación y con quienes es imposible mantener una correcta discusión como ocurre con Juan Manuel Santos.

El actual presidente de Colombia ha hecho de la falacia su mejor herramienta argumentativa con la que pretende estar por encima de cualquier cuestionamiento. Por ejemplo, para Santos quienes no estamos de acuerdo con el proceso de paz que lleva en La Habana no queremos la paz, por lo tanto somos enemigos de la paz. ¿Ante tamaña falacia se podría discutir? Y para rematar esta afirmación, planteada como si fuera un dogma de fe, anuncia: “¡No les vamos a permitir que se opongan a la paz”. Con genialidades argumentativas de ese tipo La Inquisición llevó a muchos inocentes a la hoguera.

Pero la cosa no para ahí. Ocurre con las falacias que, como se alimentan a ellas mismas, no requieren de confrontaciones dialécticas y menos de justificaciones. Luego de anunciar que él junto a no sé quién (¿el fiscal Montealegre? ¿Sus amigotes políticos? ¿Las fuerzas represivas?) no nos van a permitir oponernos, escribió muy orondo en su cuenta de twitter: “Invito al senador @AlvaroUribeVel a que nos reunamos y hablemos, con criterio patriótico, de paz. #TodosPorLaPaz”.

Para la genialidad de la semana de Efecto Naim, en NTN24, se podría proponer esta que con seguridad competiría holgadamente con otras que le llegan a Moises Naim de su audiencia. Han pasado genialidades memorables y esta podría hacer parte de ellas. Juan Manuel Santos, con sus habituales falacias ha comenzado a competir con Maduro y Evo entre otros ‘genios’ de la palabra y de la acción.

No sabemos cómo terminará la cosa, si habrá o no encuentro y en caso afirmativo si será en privado o ante las cámaras del mundo entero, como tampoco sabemos en qué parará la paz de Santos. Recientemente se dignó hacernos conocer unos borradores traídos de La Habana -en su magnanimidad nos dio ese gustico después de casi tres años de suspenso-, pero lo que no se esperaba es que algunos se pusieran a leerlos. De los millones de colombianos que fuimos beneficiarios de ese gesto de generosidad y trasparencia, a unos cuantos del Centro Democrático les dio por estudiarlos atentamente y sacaron un listado de 52 claudicaciones en que caería el Estado si se firma la paz a partir de lo acordado entre el gobierno y el grupo terrorista.

El presidente Santos se sintió ofendido por tamaño atrevimiento y dijo: “Qué posición tan irracional, tan falta de sustento, simplemente por criticar u oponerse a un proceso que quiere el pueblo colombiano. Pues no: no les vamos a permitir que se opongan a esa paz. El pueblo colombiano seguirá apoyando un proceso que nos va a cambiar un futuro para un provenir mucho mejor”.

De nuevo el presidente considera falto de razón cualquier cuestionamiento que se haga a su entelequia con la que pretende convertirse en el pacificador de Colombia. Afirma, faltando a la verdad -no hace falta sino ver la más reciente encuesta de Datexco-, que el pueblo colombiano apoya ese proceso que cambiará nuestro futuro “para un porvenir mucho mejor”. ¿Claudicar ante los terroristas nos traerá un mejor porvenir?  ¿El presidente realmente cree que el pueblo colombiano estaría dispuesto a una claudicación con tal de que los terroristas dejen de cometer sus actos criminales? Porque somos muchos los que nos oponemos y lo seguiremos haciendo así se nos señale y pretendan impedírnoslo. No nos sentimos representados por Juan Manuel Santos y sus amigos y miramos atónitos como ellos complacen a los terroristas mientras sus ataques cada día son más feroces.

La paz se presta para discutir con cualquier argumento. La paz es todo y es nada, una palabra que en boca de algunos es vacía, sin contenido. No es lo mismo oírla de labios de Iván Cepeda que de los de Paloma Valencia, para poner un ejemplo. Con ese tipo de falacias ahora resulta que el pacifista es ‘Iván? y la guerrerista es ‘Paloma’.

Luego de una segunda lectura al capítulo final del libro de Steiner seguí sin entender su título, lo que si me quedó claro es que el borrador que nos presentó el presidente Santos podría titularse Petición de principio. 

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