Se nos agotó la paciencia

11 de febrero del 2015

¡No más! Esta farsa no puede continuar. El país no es un juguete, tampoco una mesa de póker y menos un teatro en el que se representan mediocres tragicomedias.

Colombia es nuestra patria, el lugar en el que nacimos y al que nos une un pasado, un presente y, sobre todo, un futuro promisorio. Es geografía e ilusión. Es donde descargamos nuestros sueños y donde arraigan nuestros huesos. Por más que quieran hacernos creer que es un concepto muerto, nuestro espíritu mantiene ese vínculo esencial con ella y de fraternidad con su pueblo. Está en la memoria de los mayores y en los sueños de los niños.

No señores, no es lo que ustedes pretenden con su desprecio a nuestra identidad. Tampoco es el país desmembrado y entregado en manos de quien sabe quién; ni la Colombia que se desintegra para que la rearmen como quieran en una mesa de negociaciones instalada en Cuba, la misma que lleva casi sesenta años dominada por una dictadura que es una aberración grotesca cuando recorremos ya la segunda década del siglo XXI.

Con ustedes en el poder por más tiempo ya podremos ir izando nuestra bandera al revés. Pero sabremos resistir, así la persecución continúe y nos sigan engañando con cantos de sirenas y con farsas, entre las que sobresale la montada en La Habana.

Nos olíamos que quienes las apoyan habían vendido sus consciencias. Ya comienzan a conocerse las pruebas. Aunque lo presentíamos no deja de indignarnos cada vez que salen a la luz nuevas evidencias. Nos veníamos preguntando qué de bueno le ven a Juan Manuel Santos quienes han manifestado su apoyo incondicional. Pues parece que nada, a no ser que su visión se distorsione a punta de beneficios y contratos.

La soledad del Presidente es infinita y ha querido llenarla con una corte de aduladores. Santos es de los que creen que para comprar consciencias lo único que se requiere es conocer el precio de cada una de ellas. Pues resulta que está muy equivocado, somos millones a quienes no podrá comprar ni atemorizar.

Y dele con el cuento de que somos fascistas ¡Un país plagado de fascistas! ¡Qué poca originalidad! ¿No habrá otros calificativos? Claro que sí: aves de rapiña, ultraderecha, enemigos de la paz, buitres, etc., etc. ¿Y para quiénes esos calificativos? Para los que se atrevan a mantener la dignidad sin permitir ser comprados y tengan el coraje de criticar a este desastroso gobierno.

Escribo con la confianza de que mis palabras no son el fruto de sentimientos mezquinos y que son muchos quienes, cuando se les presenta la ocasión, se expresan de manera similar. Compatriotas hastiados de que se burlen de ellos, hastiados de que se les considere tan poca cosa como para verse engañados con la ilusión de una paz de papel que cuesta la claudicación y obligados a tragarse unos inmundos sapos. A quienes se les dice que la justicia puede ser encerrada mientras se impone la injusticia para así dejar impunes crímenes atroces. Que la libertad es insignificante ante la perspectiva de un país en ‘paz’ ¡Vaya a ver! Que la seguridad es cosa del pasado y que la anarquía es lo que nos acerca al paraíso.

¿Qué va a quedar de esa claudicación física y moral? Un país humillado que no podrá levantar la cabeza, un país avergonzado ante el mundo. En un momento tan crítico decimos: ¡No más! Nuestra dignidad se revela, no se doblega como quisieran quienes, por desgracia, dirigen los destinos de la nación.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.