No es de locos

No es de locos

11 de octubre del 2018

Hace unos días, escribí en mi Facebook uno de esos mensajes que suelen viralizarse y que me pareció, valía la pena. Era una invitación pública para que cualquiera de los amigos o conocidos que tengo ahí, se sintiera con la libertad de enviarme un mensaje, llamarme o incluso venir a mi casa si sentía que la depresión le estaba ganando la partida. La respuesta fue sorprendente. Recibí decenas de mensajes privados, de gente contándome sus historias, sus dolores de cabeza y algunos incluso confesándome que en los últimos días pensaban en lo peor.

Y me di cuenta de muchas cosas pero, sobre todo, pude enterarme de cómo el miedo se ha instalado entre nosotros. El miedo que culturalmente no nos permite hablar. Porque desde pequeños en casa nos enseñaron que “eso es mejor dejarlo quieto”. Encerrados en el cuarto de san alejo, ocultos tras las cortinas de una habitación, quedaron guardados muchos problemas mentales que por ausencia de formación o información nadie pudo solucionar.

En casa también nos enseñaron que era normal que todo barrio tuviera su “loco” y que si de repente nos lo cruzábamos en la calle, era mejor cambiar de andén, pues de repente la luna lo tenía “alborotado”. Los problemas mentales en nuestro país han estado acompañados por toda una narrativa ‘mancodiana’, repleta de interpretaciones populares, y muy poco de acompañamientos profesionales.

Pensaba en eso cuando vi, justo en los mismos días, una llamativa campaña con la frase “No es de locos”, liderada por mi amiga y colega Lorena Beltrán, con la que se buscaba llamar la atención sobre los trastornos mentales y la necesidad social de hablar del tema, de eliminar los mitos, de permitir que la depresión, la ansiedad, la alteración del estado de ánimo y otros síntomas puedan ponerse sobre la mesa, sin pre juicios, pero sobre todo con la firme intención de evitar suicidios (Según un informe de Medicina Legal, en los 10 años comprendidos entre 2008 y 2017, se suicidaron en Colombia 19.977 personas. El 30% de estos casos, estuvo ligado a enfermedades mentales).

Sí, es un hecho irrefutable que la desatención de un problema mental menor puede derivar en la muerte. Y allí hay una tarea enorme de nosotros como sociedad y del Estado. Comenzar por desmitificar la salud mental, convertirla en tema de la agenda, y revisar institucionalmente los temas de acceso a servicios de salud. Con el HT #NoEsDeLocos se leyeron historias de personas que tuvieron que esperar dos o hasta tres meses para que su EPS les permitiera encontrarse con un psicólogo o un siquiatra. Esa espera puede ser letal. Pero mientras eso pasa, mientras institucionalmente se toman medidas, cada uno de nosotros pueda dar un paso enorme, prestando atención a las personas del entorno cercano, escuchando, sacando tiempo de esta vida acelerada y virtual, para tomarse un café con alguien que hace rato quiere vernos y contarnos algo. Quizá terminemos salvando vidas.

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