La mala ortografía de Tomás Uribe

29 de diciembre del 2010

LA “MALLORÍA” DE EDAD

Ciertamente escribir una columna en esta época del año no es fácil, en especial por la falta de noticias, y entre otras cosas porque aparte del dramático invierno, los trinos de Uribe, los errores de ortografía de su hijo Tomás en Twitter (quien lidera la “malloría” de seguidores a su padre), los colombianos quieren descansar.

Entiendo que no es agradable volver a insistir en el cuento que todos conocemos sobre el ex presidente de marras, quien anda descontrolado descalificando a cuanto periodista le ha hecho oposición. Esto desde que el señor Uribe montó un proyecto mafioso que –al menos desde el gobierno–, no pudo seguir desarrollando gracias a la decisión de la Corte Constitucional de tumbar la reelección comprada.

El señor Uribe, con un lenguaje apenas digno de marinero en puerto, se ha dedicado a trinar como desquiciado, demente o criminal. Realmente es difícil discernir la conducta.

Claro está que no lo culpo, está enervado. Él cree que sus muchachos son gente decente, educada. Él que cree saberlo todo.

Uno de los problemas de los muchachos, además de su pésima ortografía, es que son de malos modales, como su padre, claro está. Como quien dice, esa platica se perdió. Aún cuando la pueden recuperar con los negocios que hicieron con el Estado o, los que sin ser del Estado, fueron conseguidos por ser hijos del presidente. “¡Citicoos los niños!”, diría Daniel Samper Ospina.

Se les ve en los restaurantes de Bogotá mandando amenazantes trinos, tratando de enlodar a los opositores, usando como fuentes a personas a las que, allende las fronteras, les han dedicado carátulas de revistas debido a sus cuestionables conductas, conductas que les han costado perder sus trabajos y el repudio de la sociedad. Esto cuando no se ocultan cibernéticamente para lanzar improperios.

Pero claro, esos son los amigos de los primeros hijos: sí, los hijos de aquel padre que arrodillado en el primer inodoro de la nación compró el voto de Yidis Medina. Nada de eso me sorprende cuando sabemos que en la época de Uribe entraban delincuentes a Palacio por el sótano, ordenaban chuzadas y entregaban notarías a cambio de votos.

En fin, la lista sería interminable, como interminable sería la relación de amigos delincuentes condenados que hacen parte del círculo cercano del ex primer mandatario y a quien él defiende con ahínco, como lo hizo con el narcotraficante condenado Carlos Nader, su amigo íntimo. Ni hablar de los parapolíticos, a los que consentía y frecuentaba. Ver: http://twitpic.com/photos/eltwiterrimo

Y qué tal cuando sostienen que Daniel Coronell se enriqueció con el Bandi, cuando este señor se hizo de la mano de Álvaro Uribe en la Aeronáutica Civil y a quien Coronell demandó y sacó de su programadora. ¿Cínicos? Nooo, que vaaa.

Si esta hermosa y decente familia hace todo esto estando por fuera del gobierno, no quiero ni imaginarme lo que hicieron desde la Casa de Nari, pues podríamos concluir fácilmente que el calificativo del nuevo Cartel de Medellín es una tontería al lado de todo lo que sabemos y lo que aún desconocemos.

Pero si de algo estoy seguro es de que, como diría el exitoso empresario Tomás, sabremos la “malloría” de conductas ilegales antes de que les “hechen” tierra. Para la muestra el botón: http://twitpic.com/3k1s4a

¡Qué tal que no estudiara en Stanford catorce horas al día! Dice en su Twitter el joven empresario que a él le gustan los animales: ahora sí sabemos por qué.

Finalmente el joven ya no es  un bandi, perdón, un bebé, pues ya cumplió la “malloría” de edad.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO