La agenda verde de Bogotá

25 de octubre del 2019

Por: Jorge Torres.

La agenda verde de Bogotá

La igualdad ambiental se traduce en un acceso no privilegiado a los ecosistemas urbanos, donde todos los ciudadanos pueden gozar de refugios para nuestra biodiversidad y de recursos naturales que garantizan la calidad del aire y el agua en todo el territorio capitalino, obligados también al compromiso de su protección. Bogotá necesita una agenda verde que logre consolidar auténticos santuarios ambientales que nos conecten con todas las formas de vida, y que, además, nos prepare para lo que puede ser el mayor reto de la supervivencia humana en las siguientes décadas: los efectos progresivos del cambio climático. Quizás vivimos hoy las últimas oportunidades para reconectarnos a la respiración de nuestro planeta.

El cambio climático en Bogotá frente se está materializando en una mayor frecuencia e intensidad de tormentas, inundaciones, olas de calor e incendios, entre otros eventos naturales. De acuerdo con el IDEAM, a lo largo de este siglo las precipitaciones podrían aumentar entre 10 % y 30 % en la región central del país, mientras la temperatura aumentaría 2 grados centígrados. Así las cosas, el reto más urgente consiste en adaptar el territorio para proteger la vida de todos, principalmente quienes se encuentran en zonas de riesgo próximas a fuentes hídricas como ríos, quebradas y humedales. Para ello, la generación de nuevos bosques urbanos debe ser una prioridad en la agenda ambiental de Bogotá.

Así, debemos proteger los valores ambientales en materia hídrica y silvicultural de la Reserva Forestal de los Cerros Orientales y el complejo de páramos de Chingaza y Sumapaz. El distrito debe asegurar el cumplimiento de las órdenes del fallo del Consejo de Estado sobre la protección de los cerros, vigilar los 19 procesos sancionatorios que adelanta la CAR por construcciones indebidas, cumplir el Plan de Manejo Ambiental de la Reserva, y prevenir los incendios forestales.

La protección de otras fuentes hídricas es esencial en este mismo sentido. Necesitamos vigilar la terminación de las obras clave: la ampliación de la Planta de Tratamiento Salitre, la construcción de la Planta de tratamiento Canoas, y la construcción de los nuevos interceptores y estaciones elevadoras. Todo ello encaminado a cumplir al 100 % las 98 obligaciones señaladas por la sentencia del Consejo de Estado sobre la recuperación del río Bogotá. De igual manera, debemos promover la recuperación ecológica y apropiación respetuosa de los 11 humedales RAMSAR de Bogotá, hoy agobiados por la invasión urbana, la inseguridad y los residuos.

El siguiente reto consiste en asumir con responsabilidad la mayor amenaza ambiental de la ciudad en el corto plazo: el Relleno Sanitario Doña Juana en Bogotá, al que llegan actualmente más de 2 millones de toneladas de residuos al año, y desde donde se producen 1.300 m3 de lixiviados diariamente, que luego de pasar por la Planta de Tratamiento terminan siendo arrojados al río Tunjuelo. El problema principal es la sobrecarga de dicha planta y la acumulación de lixiviados. El Relleno Doña Juana debe convertirse en un Parque Tecnológico de aprovechamiento de residuos y generación de energía.

El último componente de nuestra agenda ambiental son las energías limpias en la movilidad urbana. En 2018 y 2019, Bogotá vivió una de las peores crisis ambientales de los últimos años debido a que las emisiones de material particulado afectaron gravemente la calidad del aire. Las fuentes móviles aportan el 53 % de dichas emisiones, especialmente en el transporte de carga y el transporte público. Más metro, más Transmilenio, más trenes de cercanías y más cables aéreos serán necesarios para garantizar la movilidad sostenible.

Pero la clave se halla también en los transportes alternativos de cero emisiones para viajes cortos. Hoy Bogotá cuenta con más de 850 mil viajes diarios en bicicleta, sin un sistema público de bicicletas, que representa una demanda inmensa de infraestructura segura y protección policial, con obligaciones muy claras con respecto al cumplimiento de las señales de tránsito.

Mientras tanto siguen tomando fuerza los vehículos de movilidad personal – VMP como las patinetas, cuyo alquiler cubre actualmente varias zonas de la ciudad, pero aún está en deuda en relación con el uso del espacio público y una cobertura integrada al transporte público. Estas alternativas son claves para descongestionar el sistema troncal y zonal de transporte público y, a la vez, disminuir la dependencia al carro particular.

La apuesta por la movilidad sostenible cerraría así un ciclo en el que Bogotá, la ciudad con más emisiones de gases efecto invernadero del país con más de 16 millones de toneladas de Dióxido de Carbono al año, apostaría por una política de mitigación de emisiones que aporten a un compromiso global ineludible: la lucha y aprestamiento contra el cambio climático.

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