La audacia de Pastrana 

29 de enero del 2015

“¿Si así trataron a los expresidentes, cómo tratarán a los ciudadanos venezolanos?”

Quizás uno de los mayores logros de la visita de los presidentes Pastrana, Calderón y Piñera a Caracas, fue el de develar ante tantos incrédulos la real faz de la dictadura de Nicolás Maduro.

Las vergonzosas escenas en donde miembros de la Guardia Nacional Bolivariana estrujaban a los expresidentes y su comitiva, abrieron los ojos a más de uno que creía la situación no era tan grave en Venezuela. ¿Si así trataron a un grupo de expresidentes, cómo tratarán a los ciudadanos venezolanos de a pie? Por supuesto, y como es costumbre, algunos en Colombia salieron a atacar la valiente visita de Pastrana diciendo que buscaba provocar a Maduro y así descomponer las ¨magníficas¨ relaciones con la República Bolivariana.

Perdón: ¿Desde cuándo mostrar solidaridad con un preso político de un régimen dictatorial es un acto imprudente y provocador? ¿Desde cuándo es nocivo defender la democracia y poner en evidencia a quienes atentan contra ella? Más aún, ¿Desde cuándo hay que guardar delicadeza con dictadores? Hace falta menos falsa prudencia y más audacia democrática.

Dirán los defensores acérrimos del proceso de paz que la cautela es necesaria con Maduro, pues es ficha clave dentro de la negociación con las FARC, y una ruptura en las relaciones con éste inexorablemente afectaría la mesa de diálogos en La Habana, pero una vez más preguntamos: ¿La paz a toda costa incluso con el silencio ante una dictadura vecina? No olvidemos que Colombia no está exenta de los efectos de la debacle venezolana; recordemos que cientos de colombianos han sido deportados sin razones de peso, que miles de compatriotas hoy sufren la escasez de víveres y que su derecho a la protesta es cada vez más reducido.

No hay razón para guardar falsa prudencia ante un régimen que no sólo lleva su pueblo al abismo sino que además afecta con su mal manejo a los miles de colombianos que allí habitan y pone en riesgo las comunidades colombianas de la frontera que son vulneradas ante sus medidas desproporcionadas para luchar contra el contrabando.

Ante la dictadura no puede haber cálculo diplomático, ante el dolor que tantos colombianos y venezolanos hoy padecen sólo puede haber solidaridad, y esa solidaridad se manifiesta en obras concretas y valientes como la del presidente Pastrana. La democracia en Venezuela aunque marchita, sigue viva por la valentía de la oposición que se ha mantenido firme en medio de la adversidad. Aún hay esperanza en que la democracia en el vecino país florezca con el apoyo decidido de los demócratas del continente. Ante la excesiva delicadeza del gobierno colombiano en el trato con el régimen de Maduro, sólo resta que líderes valientes se solidaricen con Venezuela y sigan exponiendo la realidad de una dictadura que ha crecido ante los ojos del mundo y muchos no han querido ver.

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