La autocrítica de Santos

20 de junio del 2011

Le he oído decir a Lucho Garzón que la agenda del presidente Santos es una autocrítica del Partido de la U. Y tiene toda la razón. Le faltó decir que es también una autocrítica personal del propio presidente. Porque el Santos Ministro de Defensa es bien distinto al Santos del Palacio de Nariño. Y hay que ver la evidente distancia entre el omnipresidente Uribe y el actual gobierno de la U.

Fue Santos como ministro quien tomó la temeraria decisión de violar la soberanía de Ecuador con tal de dar de baja a Raúl Reyes. Fue el hoy presidente quien derrochó combustible en la incendiaria relación de Uribe con Chávez. Y fue en su Ministerio de Defensa cuando estalló el escándalo de los falsos positivos y las chuzadas.

Pero ha sido el mismo Santos, ahora investido como jefe de Estado y de Gobierno, quien adelantó la operación contra el Mono Jojoy  acatando todas las normas de la guerra. Y él mismo en persona, apoyado por su Canciller, quien de manera increíble reconstruyó una relación de amistad con Chávez y Correa. Logró que Colombia presida la Unasur en cabeza de María Ema Mejía, reconocida figura del Polo. Una sucesión de hechos que constituyen un verdadero acto de contrición personal.

Santos fue mucho más allá. Se ha empeñado en destacar sus diferencias de estilo con Uribe. Porque mucho trecho existe entre la altanería del finquero del Ubérrimo y las buenas y cachacas formas del Presidente. Una cosa es pretender copar el Estado, desconocer y apabullar los otros poderes públicos y acomodar las normas para perpetuarse en el poder; y otra muy distinta acatar el principio democrático del equilibrio de los poderes y comprometerse con la reinstitucionalización del país.

Santos sabe que la fiebre no está en las sabanas. Y que sus diferencias con Uribe no son solo un asunto de sello personal.  Es un asunto político. Por eso desempolvó su “tercera vía a la colombiana”. Ha derrochado coquetería con sus amigos liberales, los del partido y los que están en el Cambio Radical de Germán Vargas Lleras; sustituyó la terca “amenaza terrorista” con la apropiada calificación de “conflicto armado interno”; lanzó su propia política de “seguridad para la prosperidad” y un plan contra los falsos positivos.  Y acaba de advertir la amenaza que representan “las manos negras” de la extrema izquierda y de la extrema derecha. No hay que abusar de la inteligencia para adivinar de quien es la “mano negra” de la extrema derecha.

Acaba de lograr la aprobación de una agenda legislativa que destaca, entre otras, la prioridad por las víctimas y la restitución de tierras. Claro que su gobierno no despega en muchos frentes. Que en ese paquete incorporó la ley de “Responsabilidad Fiscal” que vulnera los derechos de la Constitución del 91, y que su locomotora minera suscita toda suerte de preocupaciones ambientales.

Como vamos, Robledo, el del Polo no quedará solo. Con esta autocrítica de la U  el ex Alvaro Uribe se perfila como el otro jefe de la oposición.

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