A la caída, ¡caerle!

23 de marzo del 2015

Pedir la renuncia de magistrados por el escándalo de uno de ellos, parece una posición ingenua.

¿Todo se resuelve si acabamos la Corte Constitucional? O , si como pretenden algunos, ¿renuncian todos los magistrados? ¿Elegirá el Congreso gente digna si se van los Pretelt de sus curules? No lo creo.

Pedir la renuncia de magistrados y magistradas por el escándalo de uno de ellos, parece una posición ingenua e infantil. Alguna vez en la euforia reformista se decidió revocar el Congreso y hacer una Constituyente. Con los años el Congreso volvió a sus mañas, si se quiere con peores o más refinadas formas de delinquir y quedó claro que esa no era la solución.

Para el combate a la corrupción no hay caminos fáciles porque es un monstruo de muchas cabeza, una hidra que cuando se le corta una le salen dos o tres.

Un país permeado por el narcotráfico, la obsesión del dinero fácil, el gusto desmedido por el poder y el uso de las armas y las medidas de fuerza para el logro de cualquier propósito, no va a cambiar porque renuncien unos magistrados. Ya hay seguramente una lista enorme de juristas inescrupulosos haciendo lobby para que los incluyan en las nuevas ternas. Así saldrán los amigos de unos y entrarán los de otros y todo cambiará para que todo siga igual.

Hasta las Farc están sobándose las manos felices porque por fin encontraron una verdadera disculpa para no pagar sus crímenes: De esa justicia corrupta no nos dejamos juzgar, salieron oportunistamente a decir. Y si la justicia cambia, si nombran nuevos magistrados ¿si se dejarán juzgar? Pues según lo que habían dicho antes no. No se someten a nuestra justicia, a ninguna ni la nacional, ni la internacional. Ellos están acostumbrados a la justicia revolucionaria, que tiene paredón pero no corrupción, según dicen. Bueno, pero ese es otro tema.

De regreso al paredón, que están proponiendo en medios como Semana y algunas columnas de opinión, para que se lave la culpa de Pretelt tendrá que correr la sangre de toda la Corte Constitucional y así saciados como el pueblo ante la guillotina, quedarán tranquilos mientras se posesionan nuevos y limpios magistrados.

Que se vaya Pretelt y pronto, es lo único realmente relevante en esta crisis y que no lo dejemos hacer más daño del que ya ha hecho. Pero extender la culpa a toda la institución es la misma delirante manía de arrojar el sofá por la ventana para que allí no se delinca más. Y no es que la Corte sea lo mismo que sus componentes pero es un cuerpo colegiado que debe y puede depurarse, al que hay que hacerle veeduría porque ya vimos que no es infalible y vigilar los procesos de nuevas postulaciones.

La Corte Constitucional, esa tan vilipendiada hoy, ha sido garante de derechos muchas veces. Sus Autos y Fallos han sido ejemplo de democracia y un respiro para las minorías y los sectores más vulnerables. En el caso de las víctimas del conflicto, la Corte ha sido especialmente valiosa, ha recordado la vulnerabilidad de las mujeres en medio de las balas y los actores armados, ha llamado muchas veces al ejecutivo a cumplir su deber de proteger a las víctimas.

Estos actos no se nos pueden olvidar. O mejor dicho no nos los puede hacer olvidar la sinvergüencería de uno de sus miembros. Renuncie señor Pretelt, si le queda algo de dignidad no le haga más mal al país, encochinando con sus declaraciones amañadas a toda la Rama Judicial. Si ya intentó corromper algunos sectores, váyase para que no termine corrompiendo todo lo que toca en su desbocada salida.

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