La carta que se merece Álvaro Uribe

14 de mayo del 2014

“No nos creemos más su cuento de salvador de Colombia.”

Expresidente, ojalá pueda leer esta carta en lugar de estar enviando mensajes ofensivos por Twitter. Porque somos muchos los colombianos que nos hartamos de su actitud de mártir cuando en realidad viene incendiando este país a costa de una figura que en su momento fue buena, pero que hoy es detestable.

Su mandato debió quedar en la historia, en el buen pasado que pudo ser. Es la verdad. Yo voté por usted en 2002 y no me arrepiento. Sin embargo, después todo fue una decepción. Su Gobierno, admirado en un comienzo, terminó con el más básico de los pecados que sufre su estirpe: el vicio de poder. Hambriento, usted, Uribe, devoró todo lo que encontró para conseguir su reelección y su legado se ha ido esfumando desde entonces, cada vez más a pesar de lo que cree.

Nuestra generación, aquellos que rondamos los treinta años, no nos creemos más su cuento de salvador de una Colombia que hoy tristemente no sabe a dónde ir con certeza. Decir que estamos cansados de usted y de su gamberra política no quiere decir que nos guste Santos o la izquierda, pero sí es claro que no soportamos más la forma en que particularmente usted está marraneando esta sociedad. Sus títeres son incapaces de disfrazar sus intereses. Tampoco tendrían por qué, vale decirlo.

Los medios de comunicación, aquellos que usted bien explota, tienen la culpa. Son su caja de resonancia, aunque la verdad hay que aceptar que también lo son de la reelección. “A dos semanas del día de elecciones, la alineación de los directores de la gran prensa con la reelección es evidente”, confirmó un texto de Juanita León en La Silla Vacía. Pero allende de ese mal de la prensa para toda Colombia, hay que ser precisos: Uribe, usted es un manipulador, un tipo que se aprovechó de la sana necesidad de atacar a las FARC hace una década para intentar perpetuarse en el Estado que nos representa. Todo porque simplemente se le dio la gana. Creyó que podía manejar este mapa como hace con sus caballos y se equivocó. La bestia, no el animal, se cayó y hoy trata de regresar a la Casa de Nariño a paso doble, sin importar a quién o qué tenga que destrozar.

En ese intento se ha convertido en una vergüenza. Hoy es senador y eso bien le puede caer como insulto. Respete a sus contrincantes, Uribe, así sean de su misma calaña. Nadie le pide que calle, sino que hable como una persona educada. Denuncie, por supuesto. Háganos saber de las porquerías que rodean ese mundo que le gusta,  pero sea suficiente con sus palabras y pruebe lo que espeta. Al tiempo, responda. Es increíble toda la mugre que le ha caído encima y siga tan limpio, tan tranquilo. Es el descaro de todos, por supuesto, y de todo un aparato judicial que ha sido incapaz de ponerlo en una palestra de verdadera justicia.

No creo que mis palabras le suenen fuertes porque las suyas son metralla. Esta no es una carta violenta, como la que dejó sin dedos a Vargas Lleras. Me permito solo tomar frases ajenas para que reconozca, si es que acaso no lo sabe, el pozo fétido que está llenando: “La política colombiana hay que seguirla con tapabocas. Es demasiado fuerte el hedor que expele”, escribió Félix de Bedout. ¿Está de acuerdo con esa afirmación? Si no, está la del voluminoso Gustavo Gómez: “No sé por qué estoy gordo, si no consumo Santos, Petro, Uribe, Gaviria, Benedetti, Gerlein y demás golosinas tan nocivas para la democracia”.

Termino ya, señor expresidente, no quiero excederme tanto como usted lo hacía en sus consejos comunales. Entienda, por favor, que vale más la propia dignidad que los miles de votos que va a conseguir con su maloliente estrategia. Eso vale de paso para todos los políticos de este dolido país.

@javieraborda

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