La falta de credibilidad de los ambientalistas

3 de mayo del 2011

La cereza de la torta

Buena parte de la culpa de que se vean los temas ambientales como un mero adorno recae en los ambientalistas. No hemos sido capaces de presentar en su verdadera dimensión la causa de los recursos naturales, ni defenderla con la fortaleza necesaria.  La lucha por un crecimiento sostenible se ha desdibujado, las ong´s ambientales han perdido credibilidad y muchas se  han dejado atrapar en el clientelismo y la contratitis de las autoridades ambientales.

Otra buena parte de la culpa, tal vez la mayor, recae en los políticos que utilizan el medio ambiente para hacer el día de “la tierra”,  para gastarse presupuestos enormes sembrando año tras año el mismo arbolito o para contratar un paisajista que redecore las rondas de los ríos.

Y finalmente su cuota parte de culpa la tiene el sector productivo que no ha querido entender que el manejo adecuado de los recursos naturales es lo que genera verdadera riqueza. Tendrían que convencerse de que la producción de riqueza está necesariamente unida a la preservación de los recursos naturales y abandonar la mirada miope de que lo ambiental es un obstáculo para las utilidades. Si se miran los P&G de las empresas desde la utilidad inmediata, desde el manejo irresponsable de la ecología, es cierto que se pueden ahorrar unos pesitos, pero en el largo plazo los costos se disparan cuando la oferta ambienta se reduce.

La posibilidad de crecer y producir riqueza radica en no matar la gallina de los huevos de oro, es decir en no agotar o disminuir hasta poner en riesgo la supervivencia de esta oferta, por eso el tema del Medio Ambiente está en el fondo y no en la superficie de lo productivo. Es desde la concepción de sostenibilidad como base para la producción industrial, agrícola, minera, el desarrollo urbano y el manejo de la biodiversidad que se gesta la riqueza perdurable, la otra es flor de un día y beneficio de unos pocos.

Lamentablemente esto no sucede en una Colombia que tiene al Ministerio del Medio Ambiente más empantanado que el sur de Bolívar, con funcionarios ahogados en políticas erráticas y sin ninguna capacidad de control sobre las situaciones de verdadera trascendencia para lo ambiental.

Una persona tan respetable como Manuel Rodríguez así lo señala. Dice el exministro de Medio Ambiente en la entrevista de El Espectador el domingo pasado con Cecilia Orozco, que la política de urbanización y negociación de los POT, la preservación de humedales, la minería y la construcción de vías, no están bajo la mirada de lo ambiental. Y como ejemplo, trae el caso de lo que está pasando con el invierno pues asegura que “Todos los ministros actuales hablan de la ola invernal en lo que les corresponde. Pero la de Ambiente no ha dicho nada. La ministra y la consejera no existen. Desaparecieron.”

Pues sí, desaparecieron, como desaparecieron de las políticas públicas  los temas ambientales. Dejaron de ser un elemento estructurador de la urbanización, de la producción industrial, de la ocupación del espacio público y del desarrollo, para convertirse en el adorno de los Planes de Desarrollo. El medio ambiente hoy se parece a esas cerezas que se colocan encima de los pasteles. Si una torta no tiene la cereza encima, su sabor no cambia, pero pierde en su presentación o decorado. Los gobernantes lo saben y por eso primero amasan otras cosas como la rentabilidad de la tierra, las ganancias de las empresas, los intereses y los negocios. Con estos ingredientes hacen la torta del “desarrollo” para al final colocar la cereza ambiental con frases grandilocuentes que en nada transforman la consistencia del modelo “sucio” que proponen.

Es cierto, desapareció el Ministerio de Medio Ambiente y desaparecieron las autoridades ambientales. Aunque existan nominalmente ni suenan, ni truenan en la proyección del crecimiento en Colombia.  Así lo vuelvan a crear, el Ministerio del Medio Ambiente no parece tener la fuerza política ni técnica que requeriría para atravesársele a las locomotoras de la devastación ambiental.  Por eso debemos volver a levantar la causa ambiental desde lo fundamental, insertar el tema en las políticas públicas com plataforma de futuro y abandonar esa mirada trágica, quejumbrosa y pordiosera que solo responde a contingencias y catástrofes. Debemos revelarnos contra esa ilusión de “riqueza”, contra esa torta que solo deja migajas y a la que terminan, por supuesto, comiéndosele hasta la cereza.

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