La comisión de la esperanza

17 de noviembre del 2017

Una seria y rigurosa selección se impuso para dar cumplimiento a lo pactado y ordenado.

opinion

Al finalizar la semana recibimos la grata noticia que el Comité de Escogencia había seleccionado los 11 elegidos para integrar la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad que por todo lo que representa en el avance y la consolidación de la Paz, la hemos llamado “La Comisión de la esperanza”. Esta Comisión fue creada por los Acuerdos de Paz, firmados entre el Gobierno Nacional y las Farc, en La Habana, Cuba, y en la convocatoria para esta selección se hicieron presentes los más granados exponentes del mundo de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, así como juiciosos académicos y profesores universitarios del Derecho y de la Historia quienes concursaron para estas 11 dignidades.

Una seria y rigurosa selección se impuso para dar cumplimiento a lo pactado y ordenado. El jurado actuó con una ponderación pocas veces vista en estas dramáticas circunstancias. Por un lado, sectores radicalizados de las fuerzas armadas no aceptaban la presencia de comisionados que hubiesen tenido un compromiso en el pasado con los esfuerzos de Paz, dificultando la urgente decisión. Al fin, aparecieron los 11 elegidos, sobresaliendo en ellos la figura emblemática y serena del padre Francisco de Roux, jesuita, ampliamente conocida por la opinión colombiana y garantía de imparcialidad cuando comience el duro y complejo proceso de las audiencias para conocer la Verdad, acerca de este loco torbellino de muerte y violencia que nos envolvió a los colombianos en los últimos 50 años y después, podérsela transmitir a las víctimas y a sus familiares, quienes son, en última instancia a quienes están dirigidos estos esfuerzos fundamentales.

El Padre de Roux será el presidente de la Comisión y los 10 elegidos restantes son, a saber: A) Alfredo Molano Bravo, reconocido estudioso de la realidad nacional, sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia y autor de muchos libros acerca de la violencia y el desplazamiento. B) Carlos Guillermo Ospina, abogado militar y quien por más de 21 años fue miembro activo de las Fuerzas Militares. C) Saúl Franco, medico, comprometido con proyectos en Medicina Social y experto en comisiones de la verdad en Sudáfrica, El Salvador y Guatemala. D) Lucia V, González, Ex. Directora del Museo Casa de la Memoria de Medellín. E) Alejandra Miller, Investigadora de la Comisión de la Verdad de las Mujeres Víctimas del Conflicto. F) María Tobón, abogada indígena y persona comprometida en el reconocimiento y defensa de los DD.HH de los grupos indígenas . G) Martha Ruíz, periodista antioqueña. H) María A Salazar, Ex. Coordinadora de la Mesa Departamental de Víctimas del Conflicto Armado de Antioquia. I) Alejandro Valencia Villa, abogado, defensor de Derechos Humanos. J) Carlos Martin, de nacionalidad española y doctor en Psicología Social.

Tenemos puestas las esperanzas en esta Comisión. El hecho que sus audiencias con las personas más involucradas en la violencia no tengan relación en decisiones de la justicia colombiana, la blindan en su histórico compromiso por estudiar y conocer a profundidad la idiosincrasia de los colombianos en la búsqueda de una razón histórica que nos permita explicarnos esa vocación marcada por la violencia. Que nos ayude a identificar si, efectivamente, la violencia es un rasgo trans generacional de nuestra cultura o es el resultado de años de hábitos y comportamientos violentos y depredadores en las relaciones sociales, políticas y económicas. También, es el momento de escuchar a los neuro fisiólogos como el eminente profesor Rodolfo Llinás para que nos diga a los colombianos hasta donde nuestras estructuras mentales, afectadas por tantos años de miseria y abandono, son proclives a fenómenos como el “Secuestro emocional”, del cual él e investigadores del cerebro como Joseph LeDoux y Damásio, han hecho tantos aportes clarificadores, para esperanza de la humanidad.

El único camino que nos queda a los colombianos es: La esperanza. Si es necesario que nos amarren al mástil del velero en el cual hacemos la travesía de la vida, para que no nos siga enloqueciendo el canto misterioso de las sirenas de la violencia, como a Ulises, el héroe griego, en su regreso a Ítaca, después de la guerra de Troya, que lo hagan, porque estamos profundamente convencidos y decididos a dejar atrás, para siempre, la violencia y la muerte.

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