¿La Constituyente para qué?

26 de julio del 2012

No se cual será la idea exacta de Álvaro Uribe sobre la asamblea constituyente de la que se habla tanto en las redes sociales. Si mal no entendí, propuso una asamblea constituyente “limitada a reformar la justicia” aunque tras decir eso, dio sus razones para optar por el unicameralismo parlamentario. Cuando vemos las fallas de […]

No se cual será la idea exacta de Álvaro Uribe sobre la asamblea constituyente de la que se habla tanto en las redes sociales. Si mal no entendí, propuso una asamblea constituyente “limitada a reformar la justicia” aunque tras decir eso, dio sus razones para optar por el unicameralismo parlamentario.

Cuando vemos las fallas de la institucionalidad, y las encuestas indican que dos de las tres ramas del poder público están sumidas en el más hondo desprestigio, es inevitable concluir que éstas, Justicia y Congreso, deben ser llevadas urgentemente al quirófano constitucional para reparar su funcionamiento y apariencia. Si dos de los tres órganos que mantienen la vida de la nación democrática, son percibidos por la ciudadanía como un cáncer, sin duda ambos requieren ser intervenidos.

Aunque temo que el primer paso debe ser la revocatoria del actual Congreso, la constituyente es necesaria y no debe ser multitudinaria sino operativa en su tamaño, representativa regionalmente, y versátil en sus alcances.

Lo primero a reformar es el Congreso. El bicameralismo carece de sentido en nuestro esquema, su origen se remonta a las monarquías y al contrapeso que hacía la Cámara de los Comunes, a la Cámara de los Lores, en Inglaterra. Pero al no haber monarca sino un presidente elegido por el pueblo, resulta más que suficiente un Congreso unicameral integrado por cien senadores.

De a dos candidatos postulados por partido en cada circunscripción departamental se elegirían 66 Senadores, o sea, dos por cada departamento, y dos más por el distrito capital. Y aún quedaría para elegir 34 Senadores más por circunscripción nacional, de listas elaboradas por los partidos, ojalá sin Voto Preferente. Este Congreso, por su tamaño, sería económico en funcionamiento, y muy visible ante ciudadanos y prensa que ejercerían sobre ellos un control más eficaz. Además serían 170 unidades legislativas menos, 170 carros menos, y 170 salarios y escándalos potenciales menos…

La Justicia también debe ser reedificada. En Colombia no hay justicia, y si un pésimo aparato judicial. La consecuencia es la injusticia en la que viven los investigados presos, y la sociedad en general atascada en la paquidermia de los casos civiles que no se resuelven. Los países cuyas sociedades funcionan, tienen claramente definidas las jerarquías judiciales y no hay “choques de trenes” entre las cortes, tampoco jueces de pueblo que paralicen decisiones de sus superiores.

La jerarquía de fallos de tutela y la seguridad del precedente jurisprudencial deben ser ungidos, el organigrama del aparato judicial deber ser reorganizado, redefinido en sus rangos. Basta mirar el panorama de aquellas naciones donde la justicia es el factor de cohesión del contrato social para entender el valor de la definición de competencias y su determinante influencia sobre el equilibrio entre las cortes. Una mirada al sistema alemán, nos mostraría como debe funcionar la justicia en el estado contemporáneo; no en balde, en términos de estabilidad y seguridad jurídica, los inversionistas extranjeros sitúan a Alemania en segunda posición a nivel mundial, solo por detrás de Gran Bretaña.

Hasta ahí coincido con Uribe. Pero hay un aspecto de mayor importancia, que merece incrustarse en la jerarquía constitucional: la educación.

Una democracia donde la gente no esté adecuadamente educada, está condenada a vivir bajo la tiranía de la ignorancia. Colombia no será un país viable mientras nuestro crecimiento demográfico sea tan desaforado y el estado no alcance a garantizar la educación plena de los colombianos. Es en la falta de educación y en la ausencia de conocimiento, donde subyacen la mayoría de los males nacionales; un pueblo sumido en el obscurantismo no tiene elementos de entendimiento para escoger a sus representantes. El Congreso de Colombia no es mejor ni peor que el resto de los colombianos, más bien es una biopsia de la nación. Así somos, pues convivimos —unos y otros— en medio de grandes abismos de conocimiento dentro de la misma masa social.

La educación debe dejar de ser la cenicienta de cada gobierno para empezar a ser la espina dorsal del crecimiento, estableciéndola como política de Estado, dotada de robustez y autonomía presupuestal, para que sea dirigida ambiciosamente desde un ente similar a la Junta Directiva del Banco de la Republica, con jerarquía constitucional, que garantice resultados transformadores en la estructura de la sociedad, como en aquellos países asiáticos que redefinieron su destino cuando multiplicaron en varios dígitos su inversión en educación.

Si la Constituyente crea un Consejo Nacional de Educación que tenga a su cargo un presupuesto definido como porcentaje del PIB, autónomo, que decida con independencia sobre políticas, vigile la administración educativa gubernamental, y disponga el alcance, inversiones en ciencia y tecnología, estímulos, créditos, becas, pénsum académico, idiomas, carreras sobre las cuales enfatizar o desincentivar, formalidad educativa, centros universitarios, y todo cuanto implique trazar metas verdaderamente transformadoras y a largo plazo, ya habrá valido la pena la reforma y el desgaste político de sacarla adelante, pues se trazaría un derrotero revolucionario en sus alcances que sacaría de la esfera política lo mas incidente que podría suceder al porvenir nacional.

Desde luego, la idea es un boceto, para darle forma sería necesario delinear una ponencia que se moldearía en los debates de esa asamblea nacional constituyente que enriquezca y reforme, pero no derogue, la Constitución de 1991.

Hay más temas. Pero la Educación es el meollo de la temática que podría redefinir nuestro destino, una constituyente parece la mejor oportunidad para destacar la importancia estratégica de educar en la vida nacional.

@sergioaraujoc 

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