La crisis echa chispas y hecha chistes

20 de septiembre del 2017

El humor deja ver, en medio de su exageración, la sensibilidad existente para paliar los problemas de muchos.

opinion

“La economía no da señales de recuperarse a corto plazo”. Exministro de Hacienda Rudolf Hommes, El Tiempo, septiembre 10, 2017.

Se cuenta que un turista, luego de estar en nuestro país, regresó al suyo y dijo que Colombia era maravillosa y que el costo de vida era el más bajo del mundo. Al preguntársele por qué esto último, respondió: “Es que allá la vida vale huevo“… Y agregaba que es tanta la violencia, que casi todas las exposiciones de pintura que vio eran de naturalezas muertas

También se dice que, el 31 de diciembre pasado, el mayor accionista de un conocido grupo económico le preguntó al presidente del mismo: “¿Cómo terminas el año?”, a lo que el asustado directivo contestó: “¡Es algo que no me explico!”…

El humor deja ver, en medio de su exageración, la sensibilidad existente para paliar los problemas de muchos. Lo puso de presente un marido pragmático: “La situación se está poniendo tan complicada, que si mi mujer se va con otro, me les pego…”.

Las dificultades, la informalidad, el desempleo, la lucha por la vida en condiciones irritantes, la pérdida de poder adquisitivo, el alto endeudamiento, los conflictos, las tensiones sociales, los desalientos, el pesimismo, etc., son circunstancias que conducen a una sensación de crisis que, por un lado, echa chispas, produce chispas, y, por el otro, es hecha chistes, convertida en chistes, a través de exageraciones, ironías, sátiras, suposiciones, etc., vías que los ciudadanos tenemos para enfrentarla y suavizar sus efectos en el alma y en el cuerpo.

“El que bromea se confiesa”, sentencia un proverbio italiano, que parecería concebido para nuestro país, como veremos en los ejemplos de chistes y apuntes que vienen luego, recogidos en tertulias, lecturas, correos y redes sociales, inspirados en la acidez de las condiciones, y que reflejan el ingenio para confesar que vivimos mil y una dificultades en distintos campos, y que hasta nos sirven para distraernos. Al fin y al cabo, “el humorismo se origina en la tragedia, en el amor no correspondido, en la derrota”, al decir de Charles Schulz, el de Snoopy, ingredientes existentes a lo largo y ancho de Colombia.

En cuanto al desempleo, se oyen apuntes para llorar y reír. Como aquel que dice que quienes manejan dos y más lenguas extranjeras están ofreciendo sus servicios para pegar sobres, fotos… Sin dejar de mencionar que el gobierno contrató los servicios de una conocida empresa de sistemas para que tres de sus poderosas computadoras estudiaran fórmulas para solucionar el desempleo de tres millones de colombianos. ¡Sorpresa la que hubo al concluirse que las tres computadoras podían realizar el trabajo de los tres millones…!

¿Cómo iba a quedar por fuera la economía? Imposible. Reflejada en alguien que fue a comprar “Las cuatro estaciones” de Vivaldi y la plata apenas le alcanzaba para dos… Y en que los productos de la canasta familiar han subido tanto, que la gente está llegando a las cajas registradoras con las manos arriba…

Otra faceta que genera motivos para reír y reflexionar es la situación social, vista en diversos escenarios y palpada por no pocos colombianos. De ella se valió alguien para contar que la cigüeña no volvió a los hogares pobres dizque porque se la comen… O que lo más grave que un especialista puede escuchar hoy de sus pacientes es que le digan: “Malas noticias, doctor. ¡Me alivié!”…

O lo sucedido a los invitados a una boda: no llevaron arroz para lanzarles a los novios porque creyeron que la fiesta era con comida… Que hay mamás que les piden a los hijos que se aguanten y no se coman las uñas antes de la hora de la comida… También se dice que mientras el gobierno hace lo posible por reactivar el aparato productivo, los desempleados hacen lo imposible por reactivar el aparato digestivo…

Fue un sabio criollo el que dijo: “Si la pobreza es una condición disfrazada, entonces es el disfraz perfecto”… Como para la noche, no del 31 de diciembre, sino del 31 de octubre.

Otros países, en otras épocas, han sufrido crisis aun peores. Con apuntes igualmente divertidos y dramáticos. Como el que cuenta lo que le pasó a un distinguido barón, que perdió todas sus riquezas en alguna de las noches negras de Europa, cuando entró a comer a un restaurante barato donde lo atendió otro barón, conocido suyo. El primero le dijo al segundo: “¡Por Dios! ¿Eres camarero en un sitio como este?”. “Sí, respondió. Pero nunca ceno aquí…”.

Quizás en Colombia, por la agudeza y el impacto de todas las dificultades existentes, proyectadas en chistes y bromas, estemos a punto de hacer “obligatorio” lo que realizan en hospitales de todo el mundo: ver programas y películas cómicas a diario, asistir a sesiones de chistes y comedias, tomar el pelo con frecuencia, etc. Sería una terapia intensiva y masiva para no perder el sentido del humor, sentirnos mejor y relajar la ansiedad.

Schulz tenía razón: “Nunca deja de sorprenderme la forma en que la humanidad ha sobrevivido a cosas terribles y aún es capaz de reír”.

Inflexión. Que en Colombia siga siendo posible reírnos: preferible la carcajada al grito, la sonrisa a la mueca.

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