La crisis venezolana y una política exterior errada

1 de marzo del 2019

Opinión de Rafael Piñeros

La crisis venezolana y una política exterior errada

Que la situación en Venezuela es caótica no cabe la menor duda. No por los acontecimientos de este fin de semana, sino más bien por las acciones erráticas que durante los últimos años han generado una ola migratoria de 3,5 millones de venezolanos, un deterioro de las condiciones económicas y sociales de la población, así como altas tasas de inseguridad urbana, apenas algunos de los fenómenos que se observan en el vecino país. Estos hechos, entre otros, generan la impresión de que se requieren medidas más precisas para apoyar un cambio político en el país vecino, lo cual ha llevado al gobierno colombiano ha cometer varios errores estratégicos en el manejo de la crisis y en su actuación de política exterior.

En primer lugar, como otros países de la región, decidió apoyar a Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, en su autoproclamación como presidente interino de Venezuela en el proceso de transición el pasado 23 de enero, una decisión contraria a la histórica posición del país de respetar el derecho internacional como instrumento para garantizar la legalidad e igualdad entre los Estados.

Tanto el presidente Duque, como su canciller Holmes Trujillo, han dicho en repetidas ocasiones que su posición se basa en principios sólidos, en la necesidad de “ubicarse del lado correcto de la historia” y que las acciones del pasado fin de semana eran un equivalente a la caída del muro de Berlín de 1989. Aunque el Derecho Internacional también es sujeto de interpretación, las declaraciones anteriores maltratan la historia y tienen un claro contenido político que busca un cambio de régimen en Venezuela.

En segundo lugar, pareciera que el gobierno colombiano identificara en la situación venezolana una especie de carácter mesiánico. Da la impresión que Colombia se siente con superioridad moral para indicarle “el camino correcto” a una nación hermana y vecina. Si en algo tiene razón Maduro, es que mucha de la ayuda acumulada en la frontera, podría ser destinada a zonas muy deprimidas de Colombia, como La Guajira, el Chocó o Norte de Santander. Ignora la actual administración las múltiples dificultades internas y, aunque es loable la manera en que hemos asumido la presencia masiva de venezolanos en las ciudades, no debería ser ese un argumento para instigar, como se hace, un mayor desbalance de apoyos entre régimen y oposición.

Apoyar, solidarizarse y sentir como propio el sufrimiento de los “chamos” es un hecho casi natural. Que todos somos Venezuela no cabe duda, pero que queramos cambiar a quien gobierna allí es exagerado y con el tiempo puede traer consecuencias negativas. Ni siquiera durante el Proceso 8000 o en la etapa de mayor debilidad gubernamental frente al conflicto armado colombiano, los países de América Latina habían sido tan incisivos en exhortar un cambio de régimen como sucede en la actualidad. Además, durante la semana, el Gobierno permitió un hecho sin precedentes en la historia reciente de Colombia: el llamado de los militares colombianos a sus pares venezolanos para que desertaran, abriendo la puerta para la participación castrense en asuntos políticos.

En tercer lugar, de acuerdo a la oficina de prensa de las Naciones Unidas, el secretario general António Guterres reafirmó el pasado 22 de febrero al canciller venezolano Jorge Arreaza los principios de imparcialidad, neutralidad e independencia de la organización frente a la situación interna e instó a trabajar de la mano con el ente multilateral a las instituciones venezolanas. Así mismo, en entrevista publicada en la revista Semana, el representante para Colombia del Comité Internacional de la Cruz Roja, Christoph Harnish, mencionó que la ayuda humanitaria almacenada en la frontera no tiene un carácter neutral ni independiente y que por lo tanto, no es responsabilidad del CICR.

Frente a estas declaraciones, pareciera que el Gobierno Nacional, como otros de la región, hacen pasar por humanitario un gesto que claramente no lo es, pues las consignas escuchadas de los representantes gubernamentales dan una impresión errónea. Intentan mostrar que con los cargamentos llegará la libertad, se someterá al gobierno usurpador y que con ello un nuevo amanecer esperará a Venezuela.

Eso, a todas luces, es tomar una posición que desinforma, manipula y conduce a la opinión pública a una perspectiva equivocada. Olvidamos por ejemplo, a nivel interno, que la Operación Jaque produjo elogios militares pero fue acompañada del rechazo y repudio por el uso indebido de emblemas y símbolos del CICR.

En otras palabras, aunque el dolor y sufrimiento venezolano aumente con el pasar de los días, las declaraciones, acciones y posiciones del gobierno colombiano, reflejan un calculo político difícil de mantener y que afecta la posición del país en materia de política exterior. Ayudar no debe significar presionar un cambio de régimen político.

*Rafael Piñeros es internacionalista de la Universidad Externado. Cuenta con una Maestría en Analisis de Problemas Políticos e Internacionales Contemporáneos y un doctorado en Estudios Políticos. Dirige la carrera de Gobierno y Relaciones Internacionales del Externado.

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