La cultura de la seguridad

5 de noviembre del 2019

Por: Gabriel Jiménez.

La cultura de la seguridad

En mi columna anterior resalté la necesidad de consolidar la política de Seguridad y Defensa a partir del concepto de seguridad multidimensional, pues bien, esa consolidación pensándolo mejor, no se logra sin constituir antes, la CULTURA de la Seguridad. Ante los diferentes obstáculos de crear una ley de Seguridad y Defensa Nacional (por falta de voluntad política o por el sesgo de quien la hace), la necesidad inminente de empezar por la cultura de la seguridad es más que necesario, vital para el país.

La cultura de la seguridad no es más que la concientización de los fenómenos multidimensionales de la seguridad, en otras palabras, patrones de comportamiento dados por la costumbre de preservar la seguridad estatal, institucional e individual ante amenazas y peligros que atentan a la sociedad. Y no es menos que, una formación educativa en los diferentes ámbitos de la seguridad, partiendo desde la seguridad humana, hasta la seguridad nacional que se gesta en casa, pasando por el colegio y llegando a las instituciones de educación superior.

Como es bien sabido, todo Estado posee una cultura nacional (diferente), estatal (cambiante) y comunitaria (no existe) o por lo menos eso es lo que dicen algunos teóricos. En el caso colombiano, como pude determinarlo por los conceptos puestos entre paréntesis, dichas culturas tienen un rol muy sensible en el territorio nacional y en varios casos, imposibilita la implementación de una cultura en seguridad. Les explicare por qué a continuación.

La cultura nacional en Colombia, esta representada por una ausencia del concepto de nación, esto, debido a una diversidad cultural dada por la división geográfica en las distintas regiones del territorio y, por un proceso histórico diferente regionalmente. No mantenemos una cohesión social bastante concertada pues vivimos en una constante desarticulación de la realidad nacional. Sin embargo, ante dicha ausencia, la cultura de la seguridad se comporta como elemento cohesionador capaz de preservar valores y costumbres con relación a la seguridad ya que, no discrimina genero, sexo, lengua, dialecto, religión, entre otros aspectos, por lo tanto, permite entender que la seguridad, en términos culturales, es de todos, y que, si algún fenómeno nacional o internacional amenaza al Estado, esta amenazando la seguridad de cada individuo. (Así debería entenderse en el sentido estricto de la cultura)

La cultura estatal, por otro lado, esta dada por el gobierno de turno, pues quien lidera la gobernabilidad del Estado en su momento, es quien imprime su cultura estratégica para el país. Por ende, es difícil consolidar una cultura en seguridad cuando el gobierno cambia cada 4 años de vertiente política. Aun así, la cultura de la seguridad, al ir cada vez más apegada a la concientización ciudadana, no debería depender del cambio ideológico del gobierno, pues esta responde de manera reactiva y preventiva a amenazas y problemas del país. (Esto toma tiempo, y no como algún profesor que tuve y pensaba que tan solo dos periodos presidenciales eran más que suficientes, ¡no lo creo!)

Y por ultimo, la cultura comunitaria, la cual no tenemos. O por lo menos a mi juicio de valor, no la hemos construido del todo. Nos hace falta entender que la seguridad no es un concepto y una acción netamente militar, la seguridad es, en si misma, una condición del ser humano que lo blinda de ser objeto de amenaza a su supervivencia, insisto, si lográramos ver desde el ámbito más realista, e incluso desde diferentes paradigmas y disciplinas a la seguridad, encontraríamos que la seguridad es de carácter netamente ontológico, por lo tanto, debería ser un valor más del ser humano, donde la cooperación en términos de seguridad, se vuelva una herramienta indispensable para afianzar la política comunitaria de prevención. La comunidad ayuda y construye la seguridad constantemente, esa sería mi idea.

En la cultura de la seguridad, las amenazas tienen que servir de estimulo para la acción. Todo aquello que amenaza la subsistencia de la institución democrática, del aparato estatal, de la convivencia social, del individuo, debería ser parte de la manifestación abierta de la cultura de la seguridad como mecanismo de prevención y reacción. Incluso me atrevo a decir que, no necesitaríamos crear una ley cuando la cultura genera patrones de comportamiento propios de la seguridad humana capaces de contrarrestar dichas amenazas.

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