La encrucijada digital

6 de julio del 2019

Opinión de Jorge Fernando Negrete

La encrucijada digital

Colombia es el líder del debate digital en América Latina. Como pocos países, tiene la capacidad de convocar, provocar, cuestionar y debatir el universo digital. Colombia comprende la urgencia del mundo digital como un igualador de oportunidades sociales. Colombia sabe que, con la tecnología, va a acelerar su desarrollo, mejorar su economía, la educación, la salud, la cultura y la seguridad. Tiene urgencia porque ve lejos e imagina.

Sin embargo, el pragmatismo colombiano sostiene un complejo diálogo con su yo literario, el que imagina para adentro, enfrentándolo a sus miedos, socavando su seguridad, impidiendo que su yo racional se exponga con éxito al mundo de las odiosas, pero necesarias decisiones públicas.

En política pública Colombia es rey, propone agenda regional en salud, educación, en economía. Aquí propone con solvencia, no tiene par; sentencia, habla de transversalidad, de progresión de acciones públicas, comprende y aprende de las nuevas tecnologías: blockchain, fintech, Internet de las cosas, análisis de los grandes datos e Inteligencia Artificial, incluso es audaz al proponer ciudades conectadas.

Medellín será la capital de la cuarta revolución digital en América Latina. Fue audaz y habló de economía digital. Antes que nadie, presentó una hoja de ruta en esta materia. Colombia es país que forma cuadros. Algunos de los más relevantes ejecutivos del sector digital en América Latina son colombianos. Es fácil encontrarlos liderando posiciones en Movistar, América Móvil, Tigo, Amazon, Intel y bancos regionales. Es una cantera poderosa en la formación de líderes digitales. La última, Martha Suárez, exdirectora de ANE, quien ahora es directora de Dinamic Spectrum Alliance.

En regulación, el dialogo es otro, se debate entre la regulación europea de gran intrusión, en postergar decisiones y patearlas adelante, pudor regulatorio, incluso el uso confiado de regulación del pasado para regular el futuro y desconfía profundamente de sus avances, de sus buenos resultados, como liderar tres años consecutivos el reconocimiento al internet más asequible del mundo y de las tarifas más bajas en la región. Pero el diálogo interno y literario frecuentemente gana a la racionalidad regulatoria, al igual que elementos externos y políticos.

Telecom, una industria con hambre de escala. El valor de la economía telecom de Europa (740 millones de ciudadanos) es de 364 mil millones de euros, casi el valor de la economía telecom de Estados Unidos (327 millones de ciudadanos) con un valor de 377 mil millones de euros. La diferencia es que hoy Estados Unidos tiene 4 operadores: AT&T, Verizon, T-Mobile y Sprint, el gobierno de Estados Unidos está por autorizar la fusión de estas dos últimas empresas, lo que las reduce a 3. Y Europa es el espacio de la competencia de casi 100 operadores. El ingreso promedio por usuario (ARPU) en Europa es de 18 dólares y en Estados Unidos de 40 dólares. En Europa, no hay escala ni negocios. Muchos operadores, bajos ingreso y una sobrerregulación en materia de competencia, propiedad intelectual y protección de datos draconiana.

Colombia un mercado ¿sin escala? Colombia cuenta con una población de 50 millones de ciudadanos y una composición de mercado atípica; afirmo que incluso es una anomalía: es el sistema de competencia más complejo que conozca en América latina. Es un mercado en el que coexisten el mayor número de empresas públicas y privadas compitiendo y coinvirtiendo un mercado con bajos ingresos y distorsiones evidentes en su sistema de competencia: Claro, Movistar, Tigo, Avantel, DirecTV, UNE, ETB y EmCali, entre otros.

El pudor regulatorio ha forzado la entrada de nuevos actores, ocasionando una feroz competencia en un mercado de bajo ingreso: el ARPU en Chile es de 11 dólares, Argentina 6, México 7 y Colombia 5.6 dólares. Se privilegió el modelo europeo de competencia, maximizando la misma con muchos actores, en vez de consolidar el mercado, fortalecer la escala, las inversiones, la cobertura y la innovación.

Ahora tenemos un modelo donde hay empresas pequeñas con poco capital, sin escala, con ARPU en el piso, empresas públicas con gobiernos corporativos ineficientes, lentos y gran cantidad de personal. En todo el mundo, las empresas telecom son globales, con estructuras corporativas pequeñas, eficientes e intensivas en inversión.

Me temo que Colombia está en el otro lado, con empresas locales, pequeñas, con bajos ingresos, estructuras administrativas y burocráticas obesas. Las distorsiones al sistema de competencia se vuelven dramáticas, cuando el marco jurídico padece una asincronía incomprensible.

La reversión de activos (un concepto desaparecido de la legislación en América Latina) en el último año del gobierno anterior, generó, por decir lo menos, la penalización a la inversión más injusta que se haya visto en América Latina en años. Casi 1500 millones de dólares, equivalentes a la inversión de casi 3 años del sector, que secuestró parte del bienestar digital a Colombia, retrasando la cobertura, la convergencia y la competencia. El asunto es más grave si consideramos que Movistar y Claro tienen en conjunto 76 por ciento del mercado conectado.

Tamaño no equivale a posición de dominio. Ejemplos: ICE de Costa Rica 50%; Antel Uruguay 50%; Telstra, Australia, 51%; Belgacom, 50%; Vodafone, Nueva Zelanda, 55%; Swisscom, Suiza 58%, Telenor, Noruega, 56%. Todas estas empresas rebasan el 50% del mercado y liberan valor y bienestar digital al consumidor, suficiente para, incluso, contar con declaratorias de competencia efectiva. Otro elemento que caracteriza a estas empresas es que están cercanas al 90 por ciento de cobertura. Colombia no tiene esa cobertura y no se debe parar el proceso cuando necesita conectar a 20 millones de colombianos. El análisis Herfindahl y Hirschman (IHH) es eficiente al determinar el tamaño de una empresa en un mercado determinado, pero un fracaso para argumentar, por el tamaño, medidas asimétricas en un mercado a medio conectar, y para determinar posición de dominio, se puede parar la cobertura.

Una nueva generación de inversiones. El concepto de redes que conocíamos cambia en un universo 5G. No hay redes de telecomunicaciones sin su gestión en centros de datos, nube, cómputo al borde: edge computing, donde se administran servicios, software, infraestructura y plataformas. Habrá cientos de centros de datos y harán palidecer los nodos IXP; más funciones, recursos y oportunidades para manejar Internet de las cosas, Big Data e Inteligencia Artificial. Las redes son un activo estratégico que multiplica servicios y gestiona tráfico en una carretera de millones de canales nuevos: una red inteligente. Faltan radiobases y cientos de miles de kilómetros de fibra óptica: capilaridad digital. Nacerá el mundo Wi-Fi 6 y su complementariedad con 5G. Para efectos de la regulación, al concepto de acceso a insumos básicos deberá agregarse este nuevo universo, incluido cantidades formidables de espectro.

Un mercado con distorsiones, un mercado sin certezas. Contamos con un sistema de competencia que tiene que ofrecer cobertura a 20 millones de colombianos, pero además debe enfrentar el despliegue de nueva y costosa infraestructura 5G. Por lo pronto, 10 veces más en fibra óptica y radiobases. Al mismo tiempo, el regulador quiere generar regulación y práctica competitiva como si tuviera un sistema de competencia eficiente. Imposible determinar un análisis en materia de competencia si no existe la hipótesis de un operador o varios eficientes, porque el sistema tiene muchos operadores sin ingreso, sin escala, con pasivos, ineficientes, carga laboral, con un reto para invertir cantidades heroicas de recursos económicos y una descapitalización contingente, derivada de la reversión de activos.

Regular en materia de competencia es una profesión de alto riesgo que puede retrasar décadas el avance digital de Colombia. La regulación en materia de competencia debe ser ejercida por un regulador con visión de futuro, que esté dispuesto a aceptar una mayor incertidumbre en su evaluación de lo hipotético. Cualquier evaluación de desarrollos futuros, sin importar que bien informados estén, tendrá un grado relevante de incertidumbre.

Un nuevo escenario regulatorio. Viene un nuevo marco regulatorio que ofrece institucionalidad, pero sobre todo la oportunidad de reconciliar política pública con regulación, la lucidez de la política pública, con el pendiente regulatorio; las ganas con la hoja de ruta regulatoria; la visión, con la estrategia; los sueños digitales, con la infraestructura digital. A este sueño, se debe acompañar el estímulo regulatorio y de política pública para la consolidación del sector, economías de escala y el saneamiento que permita la integración de mercados, ingresos y ofrecer nuevos servicios.

El dialogo del yo literario con el yo empírico, debe concluir una épica narrativa de certezas para el sector, donde no se posponga la realidad del bienestar digital de Colombia, y no sigan ganando, el imperio de la onírica literaria de la comodidad regulatoria.

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