La encuesta que desnuda la realidad

2 de agosto del 2012

Lo desconcertante de la última encuesta no es que Santos haya pasado del 71% de aprobación a un lánguido 47% en solo un año. No. Lo verdaderamente pasmoso es cuanto se evidencia el divorcio conceptual que hay entre la minoritaria élite dirigente (prensa de opinión incluida) que maneja desde Bogotá el poder administrativo, financiero y […]

Lo desconcertante de la última encuesta no es que Santos haya pasado del 71% de aprobación a un lánguido 47% en solo un año. No. Lo verdaderamente pasmoso es cuanto se evidencia el divorcio conceptual que hay entre la minoritaria élite dirigente (prensa de opinión incluida) que maneja desde Bogotá el poder administrativo, financiero y los “medios nacionales”, con el resto de Colombia que brega todos los días en un país cuya opinión general no se parece a lo que en la capital quieren que la gente piense.

Por ejemplo, mientras la mayoría de los “formadores de opinión” y el gobierno, plantean que la ola de inseguridad es un espejismo, y achacan tal percepción a los trinos del expresidente Uribe, en la Gran Encuesta, el 68% de los colombianos se declara pesimista y considera que las cosas van por mal camino.

Cuando la prensa cierra filas alrededor de la Corte Suprema y la encumbra, por encarcelar figuras públicas en procesos probatoriamente famélicos y politizados, llegando al extremo de hacer caso omiso del “toma-y-dame” que protagonizaron altos jueces y congresistas con la mal-abortada reforma a la Justicia, un abultado 74% del pueblo, que no traga entero, manifiesta que no confía en la justicia colombiana. Tanto que el 66% de la gente dirige su desconfianza puntualmente a las altas cortes.

Es tan mala la imagen de la justicia, que a pesar del descalabro de la reforma judicial, que le costó al Congreso un vergonzoso nuevo récord de imagen negativa del 63%, aún así, con escándalo y todo, el 82% de la gente considera que es urgente reformar la justicia. O sea que, aunque todo el establecimiento centralista, y sus analistas, ridiculicen la propuesta, no es ningún absurdo pensar en una Asamblea Constituyente para redibujar el sistema judicial.

Mientras buena parte de los columnistas más leídos, considera que robustecer la justicia penal militar y nivelar el fuero militar a estándares internacionales, tiene un tufillo a impunidad potencial, los mismos ciudadanos del común que no creen en la justicia ordinaria, otorgan un rutilante primer puesto en confianza ciudadana a las Fuerzas Armadas con el 62% de la fe nacional puesta en ellas, por encima de todas las instituciones, destacándose las Fuerzas Militares como las más populares con un espectacular 73% de imagen favorable.

En contraste, la izquierda y sus grupos de presión como Arcoiris, alaban el manejo de las relaciones internacionales de este gobierno, refiriéndose a Venezuela y Ecuador (porque con los demás no había problema) e intentan demostrar con mil versiones que Uribe las llevaba mal y Santos bien. Así las cosas, el 71% del pueblo colombiano acepta que —bajo ese parámetro— sí van bien las relaciones internacionales, pero simultáneamente el 79% de la gente expresa que tiene una imagen desfavorable de Chávez, y el 60% confiesa pensar igual de mal sobre Correa. Entonces, salta una pregunta: ¿Tienen gracia esas nuevas buenas relaciones con quienes son percibidos tan negativamente por nuestros ciudadanos? Políticamente, parecería que no. Especialmente a tan alto precio, porque la gente sabe que allí, en Venezuela y Ecuador, se esconden las bandas del ELN y las Farc que se disputan el primer lugar en la antipatía de los colombianos, con 90% y 91% de imagen negativa.

En otro terreno, cuando el gobierno hace grandes esfuerzos por demostrar que las locomotoras sí arrancan, el 40% de los colombianos identifica el desempleo como el primer problema del país, y el 66% piensa que nuestra economía va mal. Quizá por eso, el 61% siente que Juan Manuel Santos ha incumplido. Pero simultáneamente, la prensa, que cuenta con el 56% de la confianza nacional, lo apoya decididamente y así consigue que su imagen favorable (47%) no sea proporcional a la desaprobación de su gestión.

Tener a los medios como aliados es muy reditual, eso explica que el 47% sí respalde lo hecho por Santos, aunque el 48% no lo apruebe. Pero hay que identificar que esos del 48% salen del 70% que lo apoyaba el primer año y ahora engrosan el 58% que considera que las cosas están solo igual de mal o peor que hace un año. No cabe duda, la prensa apalanca al Presidente. Se entiende especialmente al observar que, aunque el 63% de los colombianos no confía en el gobierno, Santos —personalmente— todavía cuenta con un importante margen de favorabilidad.

Si un extranjero llega a Colombia y lee las páginas editoriales de los principales medios y las crónicas editorializadas de revistas como Semana, no puede evitar formarse una imagen fosca de los ocho años de Álvaro Uribe en el poder. En contraste, cuando se procesan los datos de la encuesta, con su 58% de favorabilidad ¡después de tanto palo! Uribe se revela como el interprete más fiel de ese país nacional que le da a la guerrilla un 90% de rechazo, donde el 54% de los ciudadanos está insatisfecho con su presidente, y el 57% de la gente se siente menos segura que cuando gobernaba su antecesor. En parte, porque sienten que este es un gobierno banal, de pobres resultados, en el que ningún ministro tiene índices de aceptación superiores al 48%, aunque todo lo que haga Santos esté dirigido a conseguir la aprobación de los medios, buscando —paradójicamente— registrar bien en las encuestas.

@sergioaraujoc

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