La encuestocracia, un mal contemporáneo

22 de marzo del 2016

“Rodear al Presidente para que las FARC no aprovechen en la mesa su debilitada imagen.”

Hace algunos años, Gustavo Zagrevelsky, ex Magistrado de la Corte Constitucional Italiana, y uno de los constitucionalistas más importantes de ese país, escribió un hermoso libro en donde critica la encuestocracia como un modelo que definitivamente cambió el funcionamiento del sistema democrático. Sustancialmente, hace referencia al hecho de que no siempre las mayorías tienen la razón y que cada vez que las encuestas manipulan a la opinión pública hacen perder de vista problemas sustanciales de la sociedad.

A propósito de la Semana Santa, hace un análisis de lo que fue el juicio de Jesucristo y llega a la conclusión evidente que no es posible explicarse cómo el pueblo judío escogió condenar a Jesucristo y absolver a un ladrón. Las mayorías no siempre tienen la razón, sin embargo, el fenómeno contemporáneo de las encuestas ha hecho que las grandes decisiones y el rumbo de un país cambien al vaivén de ese instrumento que es el que direcciona y dirige el comportamiento de los ciudadanos.

Las últimas encuestas no dejan muy bien parado al Presidente Santos, su popularidad está por el piso, y es un hecho que, obviamente, utilizan sus contradictores con el fin de distraer a la opinión pública de lo fundamental de este período por el cual atraviesa el país. Lo más importante hoy son los diálogos de paz y todo lo que está sucediendo en La Habana con las FARC, de ello depende que el país pueda encontrar un nuevo rumbo y que las futuras generaciones logren construir imaginarios colectivos que los conduzcan hacia una patria más justa, tolerante y próspera. Si esos diálogos fracasan, nos veremos envueltos en una guerra que no solo permeará la economía colombiana sino que cobrará vidas, no únicamente, como siempre ha sucedido, de los ciudadanos que habitan los sectores rurales, sino de aquellos que hoy viven cómodamente en las grandes ciudades.

El terrorismo es hoy por hoy, una de las herramientas que utilizan los grupos al margen de la ley y seguramente que las FARC no serán la excepción. ¿Por qué no hacer un pacto?: Rodear al Presidente de la República, darle toda la legitimidad posible, para que las FARC no aprovechen en la mesa su debilitada imagen, con el fin que se firmen los acuerdos de paz y después de eso continuar con el gran debate respecto a sus actos de gobierno.

Lo que está en juego no es poco, es nada más ni nada menos que el último intento por sacar al país de un acto de locura colectiva que nos ha sumido en cruenta lucha, muertos, viudas, huérfanos y sectores del territorio nacional carcomidos por el miedo y la desilusión. Es obvio que en el territorio nacional campea el fenómeno de la corrupción, que la salud, la agricultura, la educación, el desempleo y la infraestructura rural merecen estudio de fondo y soluciones prontas, es obvio que no todo funciona bien, pero si el proceso de paz no llega a feliz culminación, aquellos no se resolverán.

El mayor reto de nuestra sociedad es el posconflicto, y allí se pondrá en juego la cordura del pueblo colombiano, tendremos la oportunidad de elegir personas alternativas, con otra visión de la política y comprometidas con la felicidad de este país. Por ahora lo importante es rodear al Presidente Santos con el fin de que podamos terminar esta pesadilla. Sin egoísmos, sin personalismos, ni cálculos inmediatistas sino con el sentimiento y el pragmatismo que implica entender que lo peor que nos podría suceder es que fracasen las negociaciones de La Habana. Entre otras cosas, porque ello nos llevaría, sin duda, a un gobierno de derecha o a quién sabe qué futuro incierto, posiblemente, permeado por la indefinición y el populismo. Algo que, obviamente, no miden las encuestas.

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