La falta de cohesión es el problema

6 de julio del 2018

Por Emilio Figueredo.

La falta de cohesión es el problema

Venezuela vive hoy una de las etapas más críticas y dolorosas de su historia. Nunca antes, ni siquiera en la guerra federal, hubo tal nivel de desintegración social y económica. Ver nuestro país reducido a lo que está, como una nación mendigante, es algo que hace pocos años atrás era imposible imaginar.

Todos se preguntan, en su fuero interno, cómo pudo suceder eso. En Colombia hubo una época en la que hasta se puso de moda el libro “El día que Colombia se jodió”. En España, a principios del siglo XX, Ortega y Gasset publicó su famoso ensayo “España invertebrada”. Nuestra referencia literaria más importante puede ser “Memorias de un venezolano de la decadencia”, de José Rafael Pocaterra, también de principios del siglo XX.

Pero lo que ocurre en nuestro país ahora va mucho más allá de las realidades descritas por esos textos, vivimos en un país en el que lo que fueron nuestros referentes se vaporizan y la gente busca, como en la peste, huir como sea del lugar que otrora fue llamado Tierra de Gracia.

¿Cómo podemos superar esta etapa e iniciar el camino de la reconstrucción de nuestra nación? Lo primero es abandonar la idea de que un hombre o una mujer nos salvarán. Es decir, debemos desterrar de nuestras mentes el mesianismo que tanto daño nos ha hecho.

No es un Bolívar, ni un Juan Vicente Gómez, ni un Marcos Pérez Jiménez, ni un Hugo Chávez, ni ninguna de las pretendidas figuras actuales quien nos rescatará. Lo que requerimos es la cohesión de un pueblo y de todos sus dirigentes en la lucha por recuperar el sentido de nación, sin protagonismos individuales, sin búsqueda de un nuevo mesías, sino en el claro entendimiento de que tenemos que trabajar unidos con un solo propósito, que es el del ponerle término final a esta desafortunada etapa de destrucción y desintegración de Venezuela.

Eso será posible si todos nos ponemos de acuerdo en que tenemos que actuar con todo lo que tengamos a nuestro alcance, para darle un vuelco a esta locura, y que el camino que escojamos para lograrlo debe ser el de todos y no el que pretendan indicarnos, de manera aislada algunos dirigentes políticos.

La unidad no es la de los cogollos, sino la de un todo que debe imponer e impulsar el entendimiento para lograr el cambio que a gritos pide nuestra nación.

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