La fuerza espontánea

26 de mayo del 2019

Opinión de Carlos Avilán

La fuerza espontánea

He decidido presentar una serie de artículos con los puntos esenciales ideológicos que he construido en mi vida. Es oportuno hacer esta narrativa en el entendido de que en la actualidad todo se reduce a 140 caracteres, cuando temas históricos han quedado vetados en las universidades y cuando la historia en los colegios de Colombia ha sido mal contada. Es deber esencial presentar un visión de unas tesis, que para la coyuntura actual toman una singular vigencia. Mi máxima aspiración es que usted, el lector de estos artículos, genere una actitud crítica y una inquietud permanente. No pretendo cambiar su forma de pensar, solo pretendo que tenga en consideración la existencia de otras formas de pensar que han llevado a la construcción de civilizaciones exitosas.

En este primer artículo hablaré sobre el eje que considero fundamental para la construcción de una sociedad civilizada, al que he llamado “La fuerza espontanea”:  El avance de una sociedad como la colombiana tiene que ser determinada por fuerzas espontáneas y no a fuerzas de generación obligadas. 

Con esto lo que quiero decir, es que la fuerza espontánea es una impredecibilidad, que al mismo tiempo es una medida de la libertad y la única manera de hacer el progreso posible. Con la impredecibilidad las personas tenemos el afán de encontrar la verdad y nos da la convicción de que el conocimiento humano no es perfecto.

Si el conocimiento humano fuera perfecto, sabríamos de antemano la verdad, todos los eventos se podrían anticipar, toda la verdad sería descubierta, no habría problemas, y en consecuencia el problema más grande sería precisamente que pasara esto. ¿Por qué necesariamente el problema más grande seria este? Porque la consecuencia última sería el estancamiento del progreso, pues no habría motivaciones ni incentivos. Si conociéramos de antemano lo que puede pasar, la verdad, nadie se esforzaría por hacer algo. Si un alumno de matemáticas conociera días antes las preguntas y las respuestas del futuro examen, muy posiblemente no se esforzaría por estudiar.

Es de parecer esencial que exista una cierta incertidumbre de lo que pueda pasar, para que exista un esfuerzo que hará que el hombre se preocupe por estudiar ciencias, descubrir cosas, inventar artefactos, construir ideas, en fin, proponer soluciones a los problemas que existen. Todo este proceso intrínseco es lo que finalmente llevará al progreso de una sociedad.

Es imposible afirmar que el mundo es estático y con eventos predeterminados, donde los acontecimientos se puedan controlar. En cambio, es sensato afirmar que el mundo es dinámico, impredecible, diverso, incierto, etc. Por eso es indispensable que una sociedad pueda tener el máximo de coyunturas posibles para que puedan ocurrir muchos accidentes sociales posibles.

La divergencia de ideas, conocimientos, actitudes, entornos culturales, motivaciones son la causa de los accidentes. Este cúmulo de accidentes se torna potencialmente deseables, para que por medio de la experiencia, es decir, la prueba y error, una sociedad pueda tomar la decisión de conservar las mejores ideas.

La sociedad finalmente es un cúmulo de aciertos y errores, un conjunto de imperfecciones, una construcción a partir de pruebas y errores, por eso, pretender dirigir los hechos, acomodarla a solo una situación, a una idea, a un régimen único, simplemente la dirigirá hacía una imperfección mucho mayor de la que se pretendía impedir.

Con todo esto quiero llegar en definitiva a la conclusión, de que tomar una decisión sobre lo que debe ser lo más factible para una sociedad no puede depender de un solo individuo, y nadie se puede tomar el atrevimiento de tomarla, esta decisión se debe tomar a partir de unas ideas conservadas que surgieron de una fuerza espontánea a partir de la experiencia de la categórica sociedad. Por eso nadie puede imponer a la fuerza su idea, por más acertada que le parezca, lo máximo que puede acometer es convencer a un grupo cada vez mayor, hasta que sus ideas en definitiva sobrepasen en beneficio a las demás en la práctica. En conclusión: Ningún individuo tiene la verdad absoluta.

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