La ingenuidad del sector privado

10 de septiembre del 2012

El optimismo que ha despertado el anuncio de diálogos entre el Gobierno y las Farc, y la posibilidad menos remota de que Colombia logre la paz, ha llevado a dirigentes gremiales, algunos ministros y otros economistas a asegurar que con la paz llegará la bonanza económica. Esta posición ingenua nos recuerda la incapacidad que tienen […]

El optimismo que ha despertado el anuncio de diálogos entre el Gobierno y las Farc, y la posibilidad menos remota de que Colombia logre la paz, ha llevado a dirigentes gremiales, algunos ministros y otros economistas a asegurar que con la paz llegará la bonanza económica. Esta posición ingenua nos recuerda la incapacidad que tienen los dirigentes nacionales para escuchar voces mundialmente reconocidas sobre la situación de Colombia. Hace diez años, el Premio Nobel Joseph Stiglitz vino a Colombia con Dani Rodrik, otro economista famoso, y hablaron de la situación de la economía colombiana. Sus planteamientos, especialmente los de Stiglitz, fueron discutidos por conocidos economistas del país en el Libro Stiglitz en Colombia.

Uno de los temas abordado por el Nobel fue el de “La violencia, el conflicto colombiano y la dinámica económica.” Después de reconocer que si Colombia no hubiera tenido conflicto interno, sin duda su éxito habría sido mucho mayor, insistió en su principal tesis: “(…) no se trata de pensar que al eliminar la violencia se va a garantizar un crecimiento económico saludable”. Esta preocupación lo llevó a decir en diversas entrevistas, que Colombia tenía que manejar dos agendas de manera simultánea: la agenda de la paz y la agenda económica. Muchos de los dirigentes de los gremios, que llevan años de años en esas posiciones, asistieron a ese seminario, leyeron y comentaron las posiciones de Stiglitz y de Rodrik. Pero ahora, cuando se deberían por lo menos considerar las razones para esos planteamientos, los ignoran y salen apresuradamente a hablar de una relación automática entre paz y crecimiento, y no demoran en decir que también se logrará la necesaria igualdad como producto inmediato. ¿Vale la pena todo el esfuerzo para traer cerebros internacionales si sus palabras quedan en el vacío, así se publiquen libros que resumen y analicen sus planteamientos, como se hizo en esa ocasión?

Dos lecturas pueden tener las frases simplistas sobre paz y crecimiento que muchos colombianos ya están haciendo. La primera es que honestamente consideran que de manera inmediata los grandes volúmenes de recursos fiscales que se destinan a la guerra pasarán a inversiones productivas. Además, insisten en que un país en paz atrae más inversión extranjera, considerada por algunos como milagrosa. Argumentos discutibles pero respetables para empezar el debate. Pero este entusiasmo de quienes sin duda han sido los eternos beneficiados del progreso del país, también puede ser su forma de justificar que Colombia no puede “tocar su modelo de desarrollo” como si nada hubiese tenido que ver el tipo de crecimiento con la desigual distribución de beneficios, con el absurdo nivel de informalidad laboral, con los altísimos niveles de concentración de ingresos. Es decir, es posible que detrás de esa euforia esté simplemente la perversa idea de que no cambie este modelo extractivo del país, como lo califica James Robinson. Con todo respeto, la falta de democracia en el modelo político colombiano y la infinita capacidad de exclusión de su economía de amplios sectores de la sociedad, están en la base de la violencia colombiana. No la justifica ni mucho menos, pero si estos elementos no cambian, volverá la insatisfacción a expresarse de manera violenta por la falta de oportunidades y de participación para todos.

“El problema de Colombia no es encontrar la paz sino construir democracia”, Marco Palacios, 1998; Garay, 1998, “el ritmo de crecimiento de Colombia ha sido insuficiente para incorporar masivamente (…) a grandes sectores de la población colombiana”‘ Democracia e inclusión son la clave, y estas no son precisamente las característica del modelo de desarrollo actual.

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