La ingratitud

19 de noviembre del 2018

Por Esteban Jaramillo Osorio.

La ingratitud

Que sensación negativa deja Juan Guillermo Cuadrado al afirmar que con el técnico interino actual si hay alegría en la selección Colombia. ¿Entonces los contagiosos bailes en la era Pékerman no nacían del alma como los futbolistas decían y el publico creía? Que cruel son el olvido afectado y la ingratitud.

En Argentina Aldo Pedro Poy recrea anualmente con los hinchas el gol que hizo hace 47 años para catapultar a Rosario Central, ante Newell’s, eterno rival, desde la semifinal al titulo, en ritual lleno de sentimiento, en concordancia con lo conseguido. Por esos lares si respetan a los ídolos.

En el Campin, hace un año, Henry Rojas, para saciar la sed de titulo de Millonarios, soltó un latigazo que venció a Zapata para moldear la hazaña que movió hasta el delirio el mapa emocional de su afición que sufría a esa altura el atrevimiento de Santa Fe. Por su valor y efecto, el gol debería ser reconstruido, como el de Poy, ambientando cada movimiento hasta el impacto sagrado que sacudió al red.

A Rojas aquel gol no le alcanzó para ser estrella. Sometido luego a la suplencia y castigado por lesiones, se hastió para renunciar con poco ruido.

Solo algunas frases han nacido de corazones agradecidos recordando su hazaña en Bogotá. Para tantos el hecho ha pasado inadvertido.

Muchos otros acontecimientos como este se han desvanecido, en los recuerdos. Tal el caso del Penalti que Henao detuvo ante Boca Juniors, para el titulo del Once Caldas en Copa Libertadores. O el escorpión de Higuita , autor con ello de la mejor jugada de la historia. La memoria frágil, la misma que destruye en el recuerdo el golazo de Freddy Rincón con Colombia ante Alemania en el 90 ¡Que golazo! Todo arte, toque y armonía.

Que ingrato en ocasiones es el deporte… y tantas veces lo es el futbol. Que fácil descalificar, como lo hace Cuadrado, al maestro que lo lleno de gloria, cuando se ha marchado.

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