La joya de la corona agraria (I)

29 de junio del 2012

Hace algunos meses nos tocó ver y oír el alboroto de la salida del exgerente del Incoder Juan Manuel Ospina. Los motivos que aún no se conocen claramente, dejaron muchas inquietudes y muy particularmente alrededor de un persona que quedó allí, en su cargo directivo y quien cada día tiene más poder con la nueva […]

Hace algunos meses nos tocó ver y oír el alboroto de la salida del exgerente del Incoder Juan Manuel Ospina. Los motivos que aún no se conocen claramente, dejaron muchas inquietudes y muy particularmente alrededor de un persona que quedó allí, en su cargo directivo y quien cada día tiene más poder con la nueva administración.

Quiero hacer referencia a la digna y nunca bien ponderada doctora Jhenifer María Sidney Mojica Flórez, subgerente de Tierras del Incoder. Con ocasión de la renuncia del doctor Ospina a la Gerencia de ese Instituto, al parecer por una seguidilla de presiones burocráticas y rosqueras a manos de Mojica Flórez que protagoniza o mejor, que es la antagonista de esta historia rural, empezamos a saber algunas cosas del dudoso proceder de la señora en cuestión.

Sabemos que este es un país de leyes, de trámites, requisitos y en general de solemnidades para ostentar las dignidades estatales y regular las actuaciones de los servidores públicos. Pero ojo, a veces parece que se impone al principio de igualdad ante la ley un criterio de selección. Esto quiere decir que no importa que las normas que tengan efectos erga omnes se apliquen a unos sí y a otros no. O lo que es peor, en ciertas ocasiones algunos personajetes inducen en error al Estado través de artimañas y martingalas en busca de sus fines de poder con el ánimo de lucro ilegal.

Para dar claridad al tema que hoy me ocupa, es importante señalar que el Decreto 1300 de 2003, actualmente reformado y modificado por el Decreto 3759 de 2009, Por el cual se crea el Instituto Colombiano de Desarrollo Rural, Incoder y se determina su estructura, trae una serie de disposiciones de obligatoria observancia que regula el funcionamiento orgánico y administrativo de la entidad. Este instrumento jurídico establece que El Instituto Colombiano de Desarrollo Rural, Incoder, tendrá por objeto fundamental ejecutar la política agropecuaria y de desarrollo rural, facilitar el acceso a los factores productivos, fortalecer a las entidades territoriales y sus comunidades y propiciar la articulación de las acciones institucionales en el medio rural, bajo principios de competitividad, equidad, sostenibilidad, multifuncionalidad y descentralización, para contribuir a mejorar la calidad de vida de los pobladores rurales y al desarrollo socioeconómico del país. Parece que en los principios se quedó corto este decreto, porque aunque se predique la presunción de buena fe, en este caso debería haber incluido los verbos rectores legalidad y honestidad. El artículo octavo del decreto más reciente que trata de la estructura del Incoder creó la Subgerencia de Tierras Rurales, cargo que actualmente desempeña la doctora Mojica.

Cuando el Ministerio de Agricultura realizó en el Urabá Antioqueño hace dos años una entrega de títulos, en una sesión solemne de esas propias del autopropagandismo que utiliza el Gobierno en sus reiterados shows mediáticos y apariciones públicas donde comandan las sociedades del mutuo elogio, Sidney era la abanderada de una estrategia procedente de manos non sanctas: era un plan que provenía de la creación y de las entrañas de Gerardo Vega.

Vega, exguerrillero del EPL (una de las guerrillas más sanguinarias que hemos padecido) y “compañero” de Sor Carmen Palencia, polémico por los manejos irregulares en materia de tierras a través de su ONG Forjando Futuros y quien sin duda, es más victimario que víctima, otrora sostuvo una relación sentimental con Mojica Flórez. Vale la pena aclarar que el subversivo se desmovilizó y la guerrillera aún no.

Pues bien, se veía venir un panorama oscuro con la administración de esta Subgerente de Tierras Rurales, por los antecedentes presentados y un triste porvenir para las víctimas despojadas reclamantes y todo este tema en desarrollo de las restituciones de predios y reforma agraria. De manera desinteresada y oyendo la voz de su conciencia y responsabilidad, la vocación social de Jhenifer y su altruismo inspirado en la filantropía, hicieron que esta importante y cotizada ejecutiva le manifestara al Ministro y al entonces Gerente “yo quiero trabajar con ustedes”, advirtiendo que se despreocuparan por el sueldo, que eso era lo de menos porque tenía un contrato con la OIM que seguiría haciéndose cargo de sus honorarios. Es decir, que iba a trabajar gratis, sin devengar contraprestación alguna con tal de entrar al Instituto. Mujer digna de alabanza, loable causa aquella de las tierras en pro de los menos favorecidos. Pero me pregunto, ¿un cargo que está concebido por un decreto del Ejecutivo, que tiene una asignación presupuestal, que debe cumplir el lleno de unos requisitos, etc., se puede ejercer de esta manera, por más altruista que sea la propuesta y la inclinación?

Esto de inmediato me remite al popular adagio que sabiamente reza: “de eso tan bueno no dan tanto”.

Esta historia de hectáreas de guardados, triquiñuelas y tapujos que estamos comenzando a excavar, apenas comienza, forma parte de una interesante agro aventura que brilla como las piedras talladas de la Corona Británica. Abrazo cálido. Seguimos trabajando. #nomasmentiras

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