La justa sanción social

28 de enero del 2019

Opinión de Martha Ordóñez

La justa sanción social

Esta semana hemos presenciado dos escándalos públicos que tienen en la mira de todos los medios de comunicación y la opinión del país a dos periodistas muy reconocidos y destacados por su trabajo e influencia en este oficio. Me refiero a Juan Pablo Bieri gerente de RTVC y la polémica suscitada por los audios que se conocieron sobre su presunta injerencia para sacar del aire un programa de la parrilla de la televisión pública del país y Hollman Morris, por las denuncias de violencia intrafamiliar que hizo su exesposa en su contra.

Los dos en este momento están pasando por un situación difícil y más allá de hacer un análisis de sus conductas, quiero hacer mención de una situación que están viviendo, me refiero al rechazo y señalamiento por parte de sus propios colegas, que en palabras directas los tiene enfrentando una sanción social muy fuerte.

Todavía falta que los dos periodistas afronten diversos procesos legales y jurídicos para demostrar su inocencia, pero mientras esto sucede ya tenemos un primer juicio y condena por parte de muchas personas. En el caso de Juan Pablo tan fuerte ha resultado esta presión que el mismo tomó la decisión de pasar su carta de renuncia al frente de RTVC , mientras que en el caso de Hollman, uno de sus amigos y aliados más cercanos en el ámbito de la política le recomendó desistir de su aspiración a la alcaldía de Bogotá.

Tenemos que reconocer que en la sanción social tenemos una herramienta muy poderosa para enfrentar situaciones que consideramos injustas o incorrectas y que pueden afectarnos tanto individual como de manera colectiva, sin embargo, también debemos ser conscientes que mal utilizado, o con una intensión negativa, puede convertirse en un arma de doble filo, teniendo en cuenta las capacidades de intensificación y de fácil propagación que puede tener este fenómeno por las redes sociales.

El tema es que se puede inculpar a un inocente y hacerle mucho daño, se destruye vidas, se acaba con la dignidad y el buen nombre de una persona, al dejarse contagiar por un sentimiento colectivo de rabia intensa que en ocasiones no deja pensar con claridad y menos actuar de manera correcta.

Sin embargo, bien utilizada, para el servicio de una causa justa, para la reivindicación de los derechos vulnerados, es una de las herramientas más poderosas de la acción colectiva, de la capacidad de organización que tenemos como sociedad, para hacer sentir nuestras voces contra la injusticia. Qué mejor ejemplo que lo logrado con el movimiento denominado “Me Too” en Estados Unidos y que se replicó a lo largo de todo el mundo, logrando lo que la justicia formal no había podido hacer en muchos años, permitir que muchas mujeres víctimas de la violencia sexual tuvieran voz, que no se vieran obligadas a seguir callando y sufriendo su abuso en silencio. Con este movimiento muchas mujeres por primera vez en su vida se sintieron apoyadas, respaldadas, sin estigmas, mientras los que debían sentir vergüenza, los victimarios, fueron repudiados y rechazados socialmente, después de esconderse impunemente por años tras su éxito, poder y reconocimiento público.

Por esta razón mi llamado hoy es a tener un juicio muy crítico cuando nos vamos a sumar a una causa de sanción social, hay que revisar y analizar muchos elementos y factores, buscar argumentos sólidos, razonables y de fuentes muy serias. A veces podemos caer en redes e intereses oscuros y lamentablemente se desvirtúa o se hace mal uso de la poderosa y justa sanción social. Además no debemos olvidar que la condena o juicio a una persona finalmente debe estar siempre en el terreno de lo institucional y bajo un debido proceso.

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