La juventud nos pone contra la pared

16 de octubre del 2019

Por: Lina Arbeláez.

La juventud nos pone contra la pared

Hace poco fui invitada a ser parte de un panel que discutiría los presagios, problemas y oportunidades de la cuarta revolución industrial. Desde el PNUD hemos venimos pensando, estructurando y poniendo en marcha planes, programas y proyectos que nos permitan contribuir a la democratización del conocimiento y al acceso y uso de las tecnologías, bases esenciales de esta nueva revolución.

En este sentido, el foco de mi intervención se centraría en la responsabilidad que tenemos de garantizar que las brechas no se ahonden, dada la amenaza latente de la destrucción del 47% de los empleos en las próximas dos décadas, sobre todo aquellos empleos que no usan el conocimiento, la creatividad o la innovación, sino que se sujeta a repetir acciones que fácilmente puede ser realizadas por un robot. A pesar de haber planeado mi intervención con datos, estadísticas y ejemplos- como suele suceder en este tipo de escenarios uno de mis co-panelistas hizo que la discusión girara y se focalizara en los jóvenes.

En este maravilloso espacio de diálogo y debate, alguien afirmó que el riesgo de la cuarta revolución industrial era aún mayor, “dado que eran los jóvenes irresponsables y sin criterios morales o éticos los que estaban construyendo los algoritmos y los nuevos emprendimientos digitales que están transformando al mundo”. Esta apreciación me causó incomodidad y respondí de manera orgánica, no precisamente por ser joven, sino por haber tenido el honor de ver cómo Greta Thunberg una joven de 16 años, hace solo unos días, gestaba la movilización más grande de la historia en contra del cambio climático; por haber leído recientemente que el joven irlandés de 18 años, Fionn Ferreira, ganó el premio de ciencia de Google por inventar un líquido magnético que remueve el 90% de los micro plásticos del agua; por saber que Guadalupe Cruz, de 8 años, nacida en Chiapas en México  ganó el premio de ciencia nuclear por crear un sistema de calefacción de agua con energía solar; y por haber podido compartir hace menos de un mes con Brian Bosire, emprendedor africano, que a los 19 años inventó un hardware para hacer la agricultura en Kenia más eficiente en términos de uso del agua, así como con Fernanda González, activista mexicana por la igualdad de género quien escribió su primer libro a los 8 años, los dos invitados por Bancolombia y Dirty Kitchen a ser parte  de la serie El poder de los centennials. Y por tener el honor de haber construido un lazo de amistad con los pelados y peladas del Sacúdete de Buenaventura, quienes el pasado 30 de octubre lanzaron el primer canal de contenido digital del Pacífico: Enturados.

Por estas razones y por que tengo la convicción de que los jóvenes son poderosos contestatarios, que tienen la capacidad de cuestionar paradigmas, sé a ciencia cierta que son ellos y ellas quienes pueden ponernos contra la pared. De manera enfática, asevero que no podemos decir que los jóvenes son irresponsables en la creación de un futuro incierto, especialmente cuando el presente que hemos construido los mayores deja mucho que desear, un mundo, citando a Greta, al borde de la extinción masiva, con violencia, guerras y corrupción como amenazas latentes y constantes.

Pero más allá de esa respuesta, el tema que me ha quedado dando vueltas es el de la educación. Si hoy en día hay quienes manifiestan que los jóvenes son responsables del caos o la incertidumbre de la cuarta revolución industrial, mi gran pregunta es: ¿quién ha educado a esos jóvenes “irresponsables y sin valores éticos o morales”? ¿El sistema educativo ha evolucionado y se ha adecuado a los nuevos parámetros de la tecnología, la singularidad de las máquinas y la importancia de la data y de la analítica? ¿Hemos puesto en el centro de la educación las habilidades esenciales como la empatía, la creatividad, el trabajo en equipo y el pensamiento crítico?

Los sistemas y las instituciones son parte de lo que nos define como sociedad, y hasta el momento el paradigma esencial de nuestro tiempo es el crecimiento económico. Sin embargo, ese crecimiento económico, esencial para generar prosperidad, por si sólo es insignificante, pues la competitividad, la productividad y la economía no son la salvaguarda ni la garantía para acceder a agua limpia, oxígeno o equidad. Por estas razones es que a pesar de no haber generado nuevas estructuras, nuevos sistemas e instituciones, los jóvenes salen hoy a marchar, han decidido parar, y hasta han empezado a abandonar un sistema educativo que no garantiza ni empleo, ni movilidad social, porque hoy lo que debemos estar promoviendo y ellos lo han entendido es la calidad humana, la existencia de seres humanos conscientes y transformadores que a pesar de los algoritmos, o tal vez por ellos, consideran que la conexión humana es el valor más importante de la historia moderna.

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