La lógica relacional y Trump

La lógica relacional y Trump

10 de junio del 2017

Es casi imposible tener un vínculo de buen tono con todo el mundo, siempre habrá alguien a quien no caemos bien y viceversa. Es inevitable. La gracia está en sobrellevar hábilmente las diferencias que nos separan de los demás y lograr sobrevivir con ellas en connivencia de manera que estas pasen desapercibidas. En ello radica, oh cuán difícil, el arte de vivir en paz.

Nuestro relacionamiento social se sitúa entre personas que queremos o nos quieren, que nos caen bien, con quienes hablamos, con quienes hacemos negocios, con quienes vivimos, con quienes trabajamos, con quienes nos divertimos, con quienes practicamos sexo, con quienes hablamos, con quienes son nuestros amigos o conocidos, en fin, toda suerte de combinaciones dentro de esa amplia y variopinta gama de posibilidades que nos brinda la coexistencia social. Es así y necesitamos de los demás para bien o para mal porque somos seres gregarios, poco dados al aislamiento.

Y por supuesto al tiempo que muchas cosas nos unen a nuestros congéneres, en muchas otras divergimos, los nexos que mantenemos con nuestros semejantes no siempre son de afecto, los son también de odios, rencillas y enfrentamientos por incompatibilidades ideológicas de orden político, religioso, económico, social, cultural, etc. Es ahí en donde se pone a prueba la capacidad humana para tolerar desacuerdos y lograr sobrevivir. En muchos casos se consigue, en muchísimos otros se “resuelve” mediante la enemistad, la violencia, la querella hasta llegar a la guerra que es la máxima expresión de la desavenencia no resuelta por las neuronas humanas.

Expresado de manera sencilla, esto hace que cada ser humano posee en su contabilidad personas que aprecia o soporta y otras que desdeña o rechaza; sumando cada una de estas dos categorías, nuestra intuición nos indica que el número de personas de la primera categoría debe ser muy superior al de la segunda; la psicología moderna nos enseña que entre más grande sea esta primera categoría y mucho menor la segunda más inteligencia emocional se posee. Esta inteligencia, innata o cultivada, nos corresponde a todos trabajarla para producirnos felicidad y a la postre elaborar un mundo mejor. Si bien esta ecuación que formula adecuadamente un desbalance en favor de las buenas relaciones buscando un mejor vivir, lo es también porque sin ello la vida se nos torna insufrible; el pragmatismo social nos lleva a evitar roces negativos con un gran número de personas. Aquí se presenta la difícil pregunta de cómo conservar la libertad de expresión, la asertividad, los valores sin que ello deteriore ese balance. Difícil respuesta, para la cual cada día los opinadores aconsejan métodos de relacionamiento, algunos extravagantes que consisten en callar, en privarnos de expresarnos, otros a contrario apuntan a esgrimir una franqueza con tacto que no hiera. Difícil de practicar, tal vez lo mejor es hacer llamado a nuestra experiencia, prudencia y mesura para manejar estos nexos. Formula secreta no existe, así como tampoco existe un buen relacionamiento con todo el mundo, ni con las mismas personas todo el tiempo, porque somos impulsivos, temperamentales y circunstanciales, medio descerebrados, cuando no utilitaristas.

Y es que dicho de manera diferente, es imposible tener un gran número de enemigos, no podríamos con ellos, ni aún con grandes dosis de masoquismo, terminarían por apabullarnos, el buen relacionamiento se convierte en sobrevivencia, lo hemos dicho.

Y Trump

Donald Trump

Así las cosas, se extraña uno al ver personajes como Donald Trump que hacen caso omiso de esta evidencia y de esta lógica cuasi elemental. Este pendenciero gobernante se dio a la tarea de enemistarse con todo el mundo, cada día que pasa escuchamos que sus muchas sandeces expresadas lo enemistan con una nueva persona o un nuevo país. Carecería de importancia este hecho, de no ser este individuo el Presidente del país más poderoso del planeta, del manejador del Imperio, el que puede hacer la vida pacífica o invivible a la humanidad.

La camorra fue primero con México, siguió Australia, no escapó China, Siria, Irán, Irak, Afganistán, Yemen, Libia, Somalia, Sudán, Corea del Norte, Canadá, Cuba, Cisjordania y otros. Ha creado relaciones tensas con Alemania y en general con Europa, ahora con el alcalde de Londres, con el Vaticano los vínculos son espinosos, baste mirar el archivo fotográfico y las palabras emitidas por el Papa en el reciente encuentro.

Con muchas instituciones de grueso calibre las cosas son desastrosas: la OTAN, el NAFTA, la Alianza del Pacífico, el Acuerdo Climático de París. Internamente las cosas no son mejores con el FBI, la CIA, el Fiscal general, así como con los poderosos medios de comunicación.

Con Rusia que todo indica fue su cómplice en su ascensión a la Presidencia, aún no ha osado enfrentarse directamente; no se necesita ser gran visionario para vaticinar que el conflicto tendrá lugar y con nefastas consecuencias.

Pocos escapan a sus rayos, que lanza con peor fuerza y arbitrariedad que Zeus, la nueva mitología trumpiana es menos graciosa y mucho más nociva y se dirige también contra los musulmanes, los empresarios y científicos estadounidenses.

Una lista inmensa de grandes enemistades que harán invivible su actuar gubernamental y que a largo o mediano plazo le pasarán cuenta de cobro. No hay acción sin reacción, estas personas, instituciones y países tampoco quieren a Trump y ahí están acechando el momento para actuar en su contra, para atacarlo para cobrarle sus palabras, su arrogancia, su displicencia, su grosería. Los ve uno apostados en espera de su caída, la que en general es anhelada por el mundo entero que no ha digerido su presencia, sus ideas, su racismo, su xenofobia, su concepción de la superioridad por la riqueza material, su desprecio a los pobres, a los negros, a los latinos, a los asiáticos, a los europeos, su ultraje a la ecología, sus ideas simplistas y sin justificación otra que el dinero.

Estoy convencido, y hago votos, de que Trump no terminará su mandato, su escaso caudal de inteligencia emocional, su torpeza e inexperiencia en el manejo de la cosa pública es mayúscula, el conflicto de intereses de su capital personal con los negocios del Estado y el odio generalizado harán que un impeachment se declare y que los tribunales hagan trozos al magnate, a quien no le alcanzará vida para arrepentirse de haber cambiado su plácida vida de multimillonario caprichoso por la de Gerente del Mundo. Es cosa de un par de años para que los errores acumulados en menos de un año de ejercicio más los por venir den razón de su cabeza. Está en la mira del mundo, de los poderosos, de los menesterosos, de sus vasallos y de sus mismos “amigos”. Reiremos y descansaremos. Amén.

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