La lucha por la alcaldía de Bogotá

9 de febrero del 2011

Hace cuatro años la campaña para la Alcaldía de Bogotá se caracterizó por girar alrededor de un dilema elemental: si quiere Metro vote por Samuel, si quiere Transmilenio vote por Peñalosa…. Ni los medios, ni las campañas, ni los partidos, contribuyeron a un debate serio y maduro.

Los habitantes de Bogotá al decidir nuestro voto, no podemos incurrir nuevamente en tamaño despropósito. Ahora debemos enfocar nuestra atención en los grandes temas de la ciudad y exigirle a los candidatos sus respuestas y compromisos claros en relación con cada uno. El debate, en vez de enfrascarse en cuáles son las alianzas para luego repartirse la torta, en detrimento de la ciudad y de los contribuyentes, debe hacerse con seriedad y concentrarse en los temas más sensibles.

En materia de movilidad no debe volverse a la discusión infantil de si nos gusta más Transmilenio o el Metro. Hace cuatro años no se le planteó a la gente el costo de una línea de metro, ni cómo se financiaría, ni se le aclaró a cuántas personas podría transportar, ni cuál sería el valor del pasaje, ni a qué sectores de la población favorecería, ni los problemas que tiene el suelo de Bogotá para su construcción. Desde luego, triunfó la opción metro, ¿quién no querría que Bogotá lo tuviera, si las grandes capitales lo tienen?

No se tuvo en cuenta que la ciudad ya había optado por un sistema benéfico, mucho más económico, que había contribuido a la solución del desorden en el transporte público, a acabar con la guerra del centavo, la corrupción en la asignación de rutas y que fue diseñado para funcionar sin subsidio operativo. En cuanto al beneficio colectivo, es importante tener en cuenta que en la encuesta de usuarios realizada en el 2006 se encontró que el 86 por ciento de los pasajeros provenía de los tres estratos sociales más pobres.

Tampoco se recordó que el progreso de la ciudad está ligado a la continuidad en las grandes políticas públicas. Y el cronograma para las 25 troncales de Transmilenio para un total de 386.6 kilómetros, iba hasta el 2031, cronograma que se ha empantanado bastante en la etapa lll, por cuenta de la discusión sobre el Metro, pero también por el escaso control de buses ilegales y la lentitud en el programa de chatarrización. Bogotá necesita soluciones reales y viables, porque hoy está colapsada. Y cualquier camino que se tome debe tener continuidad y no estar sujeto a los caprichos de la política y de los barones y los vaivenes electorales.

El tema más importante que deben tratar los candidatos es sin duda la forma como pretenden defender la vida y la convivencia. El punto de partida es una ciudad que venía trabajando por bajar los índices de mortalidad por homicidios, desde 1994, año en que la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes era de 86, y que se logró descender a 18,7 en 2007, aun alta si se la compara con la de ciudades como Santiago de Chile que es de 2,0;  y que hoy muestra un preocupante deterioro en sus resultados, ya que a partir de 2006 ha venido en aumento hasta alcanzar una tasa de 22,7 a finales de 2009.

Y es que las acciones que se tomaron en su momento fueron concretas y eficaces: programas de cultura ciudadana, hora zanahoria, recuperación del espacio público, erradicación de enclaves de violencia, campañas por el desarme y el derecho a la vida, elaboración concertada y participativa de las normas de convivencia que rigen en la ciudad, pactos de convivencia, sistema integrado para la atención sobre seguridad y emergencias NUSE 123, fortalecimiento de la Policía metropolitana.

También es importante poner sobre el tapete la forma como se busca gobernar, pues debemos desconfiar totalmente de las alianzas que se consolidan alrededor de compromisos clientelistas: tú me das votos, yo te doy contratos, te doy entidades, te doy nómina… son tuyos….a cambio de votos…   ¿Y la ciudad qué? En las relaciones con el Concejo Distrital hay que volver a la argumentación y no al soborno, ni a la extorsión. No podemos permitir que la contratación refleje el espectáculo de víboras hambrientas a cualquier precio, detrás de los recursos públicos, ni que los órganos de control le hagan el juego a la corrupción.

Los candidatos tienen la palabra.

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