La maldita Niña y el maldito Niño

7 de agosto del 2012

Lo que está sucediendo con la climatología en Colombia no se le puede atribuir a los trinos de Uribe, ni a las Farc, ni a la crisis de la zona Euro, ni siquiera a los ministros de Santos, es la pura y sencilla realidad climática convertida en permanente amenaza a las expectativas de crecimiento económico […]

Lo que está sucediendo con la climatología en Colombia no se le puede atribuir a los trinos de Uribe, ni a las Farc, ni a la crisis de la zona Euro, ni siquiera a los ministros de Santos, es la pura y sencilla realidad climática convertida en permanente amenaza a las expectativas de crecimiento económico de nuestro país.

Pasamos los primeros dos años de este gobierno con la presencia del fenómeno de la Niña; inundaciones, derrumbes, carreteras destrozadas, pueblos arrasados, viviendas anegadas y miles de personas sin hogar. A esta dramática situación no se respondió con la necesaria diligencia, los dineros de Colombia Humanitaria parecían dormitar en robustas cuentas bancarias, mientras famélicos desplazados del invierno suplicaban por ayudas que en algunos casos se pudrieron en bodegas y en otros fueron a incrementar el patrimonio de políticos sin vergüenza.

Cuando, por fin, Colombia Humanitaria despertó e inició las labores de recuperación, ya las aguas del invierno se habían retirado y parecía como si las urgencias se hubieran acabado. Los desastres son así, o se atienden rápido o después se parecen tanto a la pobreza cotidiana que ya nadie los considera una emergencia. Ahí está Gramalote como testimonio de que a la Niña no se la atendió con presteza.

Ahora que llega el fenómeno del Niño esperemos que el presidente haya aprendido la lección. No basta con calificar de “Maldito” un fenómeno natural hasta cierto punto previsible. El Niño y la Niña no son terremotos, ni tsunamis inesperados, son procesos de calentamiento o enfriamiento de las aguas marinas que determinan cambios en la climatología y en el régimen de lluvias; son por lo tanto medibles y previsibles en cierto grado y así mismo podrían ser atendidos de manera oportuna, para aminorar sus daños.

Que viene el Niño, que ya está llegando, que va a ser intenso, que va a producir sequías, que el precio de los alimentos va a subir, que vamos a tener incendios forestales y, sobre todo, que las aguas, esas que alimentan las plantas de tratamiento de las ciudades, van a bajar, se está pregonando a gritos hace por lo menos dos meses y apenas se escuchan tímidas medidas de control, como autorracionamientos, o leves advertencias, pero no aparece una política gubernamental de prevención para este nuevo fenómeno, más silencioso que la Niña, pero posiblemente más grave.

El agua potable está llegando a situaciones críticas en varias ciudades, en Cali por ejemplo, el río Cauca está en niveles mínimos preocupantes y su contaminación aumenta a medida que disminuye el caudal en el que se deben disolver la materia contaminante. Las vertientes de la ladera como el río Cali, Pance ya prácticamente no corren y las aguas subterráneas están empezando a escasear.

En otras ciudades como Bogotá se pavonean por tener suficiente capacidad de producción de agua potable, mientras sus poblaciones vecinas reclaman porque no les llega o no pueden compartir esa fortuna y en departamentos como Huila, Tolima, Boyacá, Antioquia la sequía y los incendios están por doquier. Como será que hasta en Barranquilla tuvo que salir la Alcaldía a recordar que el río Magdalena “no se seca”… eso decían nuestros padres sobre el río Cauca y hay que ver lo que es por estos días.

Si el presidente aprendió la lección de la maldita Niña, esperemos que esta vez el fenómeno no lo coja con los calzones abajo y antes de que la crisis sea mayor tome medidas de prevención y disminución de los daños. Racionamiento intenso, no solo domiciliario, protección al campo, prevención de incendios para que dentro de unos meses no estemos llorando por falta de agua, importando alimentos, viendo la disminución irreparable de los hatos y pérdida de bosques y páramos; porque lo único que crece en medio de tanta sequía son los cultivos de coca y amapola.. ¡ah! y la extracción minera en donde antes hubo agua. Esos sí son fenómenos malditos.

www.margaritalondono.com

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