La meritocracia liberal

12 de agosto del 2011

Asumiendo en plenitud mi posición de Delfín, debo decir que es sorprendente que el sector político en donde mejor y más florecen los delfines es en el democrático, igualitario y popular Partido Liberal. Tal vez escribo esta columna por envidia, al ver como los delfines liberales hoy protagonizan la gran unión de ese partido entre […]

Asumiendo en plenitud mi posición de Delfín, debo decir que es sorprendente que el sector político en donde mejor y más florecen los delfines es en el democrático, igualitario y popular Partido Liberal. Tal vez escribo esta columna por envidia, al ver como los delfines liberales hoy protagonizan la gran unión de ese partido entre todas sus vertientes y, en cambio, los delfines conservadores a duras penas intervienen en algo de la política azul.  Me dirán que los conservadores tuvieron a Pastranita. Es verdad, pero por un Pastranita que ocupó el solio de Bolívar hubo un Lopecitos, un Santicos y tal vez veamos a un Lleritas. Otra fue la suerte de los conservadores frente a sus delfines: ¡Ni el gran Álvaro llegó a la Presidencia!

No hay duda, los delfines liberales comandan la parada roja. Tengo el gusto de tener de Presidente de la Cámara de Representantes, a Simoncito Gaviria, delfín del buen César. Cuando voy por los corredores del Congreso y veo a Simocito hablando con Galancito, de inmediato sé que se avecina una importante decisión del Partido Liberal, probablemente en el sentido de unificar el Partido de Galancito I (el senador liberal) con el de Galancito II (el concejal de Cambio Radical que se lanzó de alcalde). En efecto, Carlos Fernando Galán, delfín de su padre, compite por los votos de Lunita, candidato del Partido Liberal (apoyado por Simoncito, ni más faltaba) e hijo del doctor David Luna Bisbal, muy amable caballero que militó activamente en el Partido al que también pertenece su hijo. A propósito, qué pereza ser Galancito III y tener que escoger entre los diferentes candidatos y partidos de los hermanos mayores.

Sigo con paso apresurado por el corredor del Congreso, pues no se puede llegar tarde a una sesión en la que ha sido citado el ministro Germán Vargas Lleras, nieto del doctor Lleras Restrepo. Cuando salgo, veo muy contento a Sampercito, hijo del expresidente Samper y destacado funcionario del Ministerio del Interior y de la Justicia. Se me sube el ánimo y pregunto a qué se debe la felicidad de Sampercito. “Fácil”- me responde un colega- “está celebrando la entrada por la puerta grande de Serpita a la política”. Es cierto. De hecho, la renovación de la política liberal en Bogotá está liderada por Horacito José Serpa y por Miguelito Uribe Turbay (nieto del doctor Turbay Ayala), candidatos al Concejo de nuestra capital. Qué maravilla, digo para mis adentros, esto es como la segunda, o mejor, la tercera o cuarta esperanza para la política liberal en Colombia.

Me pregunto qué pensarán otros delfines del Partido Liberal, tal vez opacados por estos jóvenes. ¿Delfín reemplaza Delfín?  ¿Qué dirán Alfonsito, Julio César, Carolina Barco, Virgilito o el doctor Lleras de la Fuente, al ver que otra generación de delfines se apodera del gran Partido Liberal? Sin duda la meritocracia y la igualdad entre compartidarios han sido y serán motores determinantes del proceso de reunificación del partido que representa al pueblo liberal.

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