La misma vara

2 de febrero del 2015

“Piedad Córdoba exige respeto a su integridad pero aplaude arbitrariedades de Maduro”.

Tal vez es la Biblia que dice una cosa muy sabia “con la misma vara que mides seréis medidos”. Sabia sí, pero difícil de aplicar porque uno tiene la tendencia a que esa vara sea corta cuando se aplica a otras personas y muy larga y flexible para uno mismo o para los amigos.

Eso parece sucederle a Piedad Córdoba que exige respeto (Ni más faltaba) a su integridad y a la de movimientos como Marcha Ciudadana por la Paz, pero aplaude al gobierno de Maduro en sus arbitrariedades con los medios de información y con la oposición.

A Piedad le parece mal que se exija la libertad de Leopoldo López así como la de muchos líderes estudiantiles presos hoy en Venezuela por el único delito de protestar, pero ve con ojos complacientes la justicia transicional para los guerrilleros después de los acuerdos de paz con el gobierno. Es más para ella, la libertad de muchos presos de las Farc debería darse ya mismo.

Tampoco parece gustarle mucho a la exsenadora que se critique desde otros países lo que pasa al interior de Venezuela, lo considera una intromisión indebida en el proceso de la revolución bolivariana. Pero, por supuesto, nunca ha dicho una sola palabra para criticar los apoyos de ese país a la insurrección en Colombia, que han sido muchos.

En fin la mirada parcializada de Piedad, no contribuye a las relaciones con Venezuela y sí es utilizada como punta de lanza del Chavismo para desarticular cualquier esfuerzo internacional por presionar el retorno de las libertades democráticas plenas.

Que hoy se presione la libertad de Leopoldo López, que tres expresidentes intenten una visita de solidaridad y el régimen la impida, es el resultado no de una injerencia en asuntos internos sino un acto de solidaridad internacional. La violación a los derechos humanos, a la luz de la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, es un asunto que interesa a la comunidad internacional y no algo privado o reservado a un solo país.

Cuando se traspasan las normas democráticas y se abusa del poder la comunidad internacional está obligada a intervenir, lo que no quiere decir que la única manera de intervención sea la guerra o medidas económicas severas. Pero se debe y se puede presionar, no tanto para que el autista de Maduro o su pretor Diosdado cedan ante la presión, sino para que en Venezuela se vaya gestando una real voluntad ciudadana de cambio constitucional.

Si allá se silenció la prensa, si las marchas son duramente reprimidas inclusive con la autorización reciente de utilizar armas de fuego contra los manifestantes, la comunidad internacional debe ejercer su legítimo derecho a presionar el regreso de las libertades. Eso no es intervención, es civilización.

Lástima que los expresidentes que intentaron visitar a Leopoldo fueran líderes representativos de la derecha latinoamericana, eso le puso un sabor ideológico, que no debería tener este respaldo. Qué bueno sería que otros dirigentes latinoamericanos, menos derechistas, se sumaran al pedido de libertad para los presos políticos de Venezuela.

La misma Piedad Córdoba podría hacerlo y de seguro sería más escuchada que Andrés Pastrana. Pero no, ella tiene una vara diferente para medir la represión en ese país.

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