Está visto que en este país para que se hable de un tema que es crítico desde décadas atrás, es necesario que ocurra una tragedia de enormes dimensiones para que se le preste atención y se tomen las medidas necesarias para que no siga ocurriendo. Será por esto que no se me hace raro que el tema de la violencia física contra la mujer esté de moda por estos días.
Qué pesar que haya sido necesaria la muerte de Rosa Elvira Cely a manos de un delincuente en serie, para que Colombia entera se manifieste en contra de la violencia hacia la mujer, y se escuche en noticieros y demás medios de comunicación del país temas relacionados con el maltrato físico hacia el sexo femenino.
Es curioso que mientras se dan versiones de justicia y paz de los paramilitares desmovilizados y se han confesado crímenes y vejaciones sexuales a las mujeres en las regiones, esto se registra o se habla en uno de cada diez medios de comunicación, y el que lo hace lo registra como un hecho aislado: en pocas palabras, como si fuese algo sin importancia. Creo que si a este asunto se le prestara la atención necesaria, crímenes como el de Rosa Elvira —dudo mucho en que sea el primero que se presenta de esta manera— no ocurrirían.
Desafortunadamente no conozco las cifras que demuestran que este es un hecho recurrente en Colombia, tanto en ciudades, como en regiones. Lo que es peor, ocurre en todas las clases sociales porque este no es un asunto de estratos bajos, y se presenta en muchísimas modalidades y en distintas circunstancias. Lo que hace pensar que nuestro país ha sido permisivo con este fenómeno durante toda su vida. Por eso no concibo que ahora se rasguen las vestiduras y se asombren de un crimen que como este, ocurre en distinta circunstancia en otro u otros lugares del país.
No creo que exagere al asegurar que en similares circunstancias han podido morir otras mujeres en municipios y veredas. Paramilitares desmovilizados han confesado que obligaron a las jovencitas a tener relaciones sexuales con ellos, y la que no obedecía era sometida a cuanto mal trato se les ocurría. No creo que estos hechos sucedieran sin que nadie lo notara, pero tampoco culpo a quienes sabiendo que ocurrían no lo denunciaban, porque muchas veces el paramilitar que cometía el abuso era el mejor amigo del alcalde, lo mismo que del comandante de la policía, del fiscal y del juez, lo que hacía imposible que la justicia actuara como es debido. Y tampoco creo que estas circunstancias hayan cambiado en estos lugares.
Aplaudo las campañas contra el maltrato a la mujer, porque este hecho no se debe tolerar, pero creo que para que se dé la denuncia, la víctima pueda estar segura que nada le sucederá, por lo que estimo necesario crear las circunstancias que generen la suficiente confianza para que se acuda a entablar la demanda. Porque este problema no es cosa de una ciudad como Bogotá, sino un hecho que ocurre en todos los rincones del país, en donde se viven situaciones difíciles para el sexo femenino, sometido a la voluntad de una sociedad machista y perversa a la vez.
@sevillanojarami
La mujer está de moda
Mié, 06/06/2012 - 01:01
Está visto que en este país para que se hable de un tema que es crítico desde décadas atrás, es necesario que ocurra una tragedia de enormes dimensiones para que se le preste atención y se tomen
