La ola de la Paz

29 de mayo del 2014

Una mirada desde el futuro.

En un futuro no muy lejano muchas de las personas que vivimos en Colombia nos acordaremos de haber hecho parte de un movimiento que surgió para contrarrestar fuerzas de derecha que pretendían ganar la presidencia.

Será una buena historia esa de que por esos días entendimos y acudimos muchos al llamado natural para defender la vida y la concertación mediante el diálogo. Habremos sido testigos de  un fenómeno jamás experimentado por ninguno en nuestra vida pasada. Consistirá en haber podido darle una nueva mirada a Colombia luego de habernos distraído de nuestras diferencias por un ideal mayor que nos unía.

Recordaremos el día que comenzamos a concebir juntos la idea de paz posible desde un punto cero. Nos dimos cuenta de que esta se iniciaba con la firma de los acuerdos para el cese del conflicto que decidimos apoyar. Recordaremos que eso sucedió justo después desde la reñida votación en segunda vuelta que reeligió a Santos para su segundo período.

La importancia de esos días radicó en que el presidente recibió un Mandato por la Paz de forma expresa de parte de algunos partidos. Y también tácita entre muchos otros habitantes unidos en una misma causa que apenas comenzaban a saberlo. Veremos hacia el pasado cuando muchos colombianos que nunca antes compartimos ni una banca en un parque decidimos apostarle a un futuro incierto y riesgoso uniéndonos en causa y espíritu por una opción distinta a la guerra ya conocida.

Descubrimos juntos en esa época una fórmula que aunque nos incomodaba un poco a muchos, nos permitía también viajar a otros tiempos en donde nos visualizábamos más unidos y sobre todo más reconciliados. En aquellos tiempos de convicción en torno a la paz que recordaremos, nos dimos cuenta que esta no podía  provenir de la sola rendición y sometimiento de las guerrillas. Ni de la imposición de unas condiciones a quienes no pudimos vencer en combate a pesar de una guerra recia librada con las armas legítimas de nuestro Estado. Que sí los debilitamos mucho pero no hasta el punto de lograr rendirlos ni someter. Y que al hacerlo vimos por igual muchas injusticias cometidas de parte de nuestro propio Estado. Y de las personas que se sintieron amenazadas y apelaron al apoyo de lo paramilitar.

Sabremos en consecuencia y sólo en el futuro que la paz no era un asunto entre gobierno y guerrillas nada más. Ni tampoco un incidente aislado que nos liberaba al resto de colombianos de toda responsabilidad. En un futuro no tan lejano habremos de reconocer que muchas veces en el pasado alimentamos en nosotros mismos el conflicto o lo propagamos con otros celebrando inconscientemente la muerte de otros vecinos de nuestro territorio. Y también será un hecho cierto que reconocimos que debíamos desarmarnos de obra y de palabra entre no combatientes para poder concebir cualquier idea de vida en paz entre nosotros.

En próximos tiempos no tan lejanos recordaremos con claridad la receta con la que logramos por fin iniciar juntos el camino del posconflicto que terminaría siendo más o menos así, si me lo pudiera imaginar hoy…

Imagino que recordaremos haber concertado un acuerdo territorial de justicia y orden sin presencia de fuerzas ilegítimas persuadiendo o intimidando la población. Decidimos solemnemente dejar de mezclar armas con política. Para lo cual abrimos espacios democráticos y garantizando pluralismo y apertura hacia sectores antes marginados por sí mismos y la sociedad.

Decidimos en ese tiempo que era oportuno garantizar esos espacios de participación política para contrarrestar el querer imponer cualquier tipo de idea o querer por medios violentos. Sin ofrecer mayorías de decisión supimos defender la libre opinión y disenso como punto inicial para decidir nuestro futuro y sobre todo ofrecimos garantías para el ejercicio de la oposición.

Estará fresco aún en nosotros que acordamos desmontar por completo la siembra y aprovechamiento de cultivos ilícitos y toda la cadena posterior de narcotráfico de allí derivada, contemplando desarrollo del agro con sustitución de los mismos. Y que una nueva idea de campo en paz jamás experimentada por muchos comenzó  a poder apreciarse.

Y a cambio de lo anterior cuidaremos con recelo el hecho de haber recibido sus armas como acto real de los combatientes que dejan su accionar violento y su aparato militar desmontado. Su capacidad de intimidación reducida a 0 mediante acuerdos que comenzamos a verificar.

Y sobre todo celebraremos que logramos verdad y reconocimiento para las víctimas en una Comisión de Verdad y Reconciliación.

Y recordaremos también que en ceremonia solemne los vimos despojarse de su afiliación violenta pidiendo perdón a toda Colombia para buscar otra oportunidad.

Y valoraremos el tipo de delitos y su posibilidad de ofrecer una pena alternativa frente a los que no. Pero ante todo y lo que más recordaremos con orgullo es que supimos detener  juntos por encima de nuestras diferencias un derramamiento de sangre de nuestras tropas y de nuestros enemigos también colombianos. Tendremos un aprendizaje invaluable y es el haber sido sabios colectivamente alcanzando una fórmula que fortaleciera nuestra democracia y que nos garantizara civilidad y orden legítimamente constituido y respetado por todos.

En un futuro cercano comenzaremos a experimentar el fruto de un acuerdo entre mayorías para darle inicio a la construcción de paz. Solo espero que en ese entonces nos acordemos de esto que estamos viviendo hoy. Y lo defendamos. Y desterremos el odio en nuestra política y nos abracemos como colombianos que supieron frenar el conflicto.

Y le apostemos a la participación activa para definir nuestro destino, atacando la corrupción, exigiendo resultados y apoyando los logros que nos confirman que por esos días, de finales de Mayo de 2014,  toda Colombia se unió en su mayoría en torno a un propósito de reconstrucción nacional.

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