La pasión según Petro

20 de abril del 2019

Opinión de Ignacio Arizmendi

La pasión según Petro

Petro tuvo una misteriosa visión de cómo hubiera sido su santa pasión de haberla vivido en estos días santos. Con desparpajo y voz entrecortada, a veces de costeño o de cachaco, narró su versión (¡siempre subversión…!) a algunos de los discípulos más amados y cercanos. ¿Cómo les describió esa visión? Así:

En el huerto de los olvidos. “En lugar de estar orando con los míos en el huerto de los olivos, me vi orando en el huerto de los olvidos. Quería orar para olvidar todas las barbaridades que hice cuando fui alcalde de Bogotá, para que la gente no me las recuerde y para que también olviden que mi única experiencia ejecutiva antes de la alcaldía fue en el M-19. Aparte de eso, me vi arrodillado diciendo: ‘Si es posible, Comandante Eterno [Hugo Chávez], aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya’”.

El prendimiento. “En el momento de la oración me vi rodeado de 300 hombres y mujeres del Esmad, la DEA y la Fiscalía, apoyados por helicópteros artillados, listos a evitar mi fuga o que la espada de mi leal Gustavo Bolívar pusiera en tierra más de una oreja de aquellos. Sin dilatar las cosas, el comandante de la operación me preguntó: ‘¿Eres tú quien dice ser el mesías del pueblo colombiano?’. ‘Sí, yo soy’, le respondí. Entonces me vi esposado y llevado ante las autoridades para el juicio, aunque estaba seguro de que la minga me rescataría”.

El canto del gallo. “Asimismo vi que uno de los míos me preguntó: ‘¿A quién crees, maestro, que el gallo le cantará tres veces: a Hollman Morris o a Claudia López?’. Confieso que mi silencio en la visión fue sepulcral. No supe contestar”.

Mis mujeres. “Camino del calvario (‘calvario’ por mi calva, culpa del presidente del Senado), dije a mis mujeres (entre quienes estaban Ángela Robledo, Clara López, María José Pizarro, Victoria Sandino, Mafe Carrascal): ‘No lloréis por mí. Llorad por Colombia Humana, que se quedó sin personería jurídica’. Pero esas benditas, venidas de las montañas de Colombia o de apartados lugares ya liberados, más se desconsolaban”.

Las caídas. “Igualmente me vi diciéndoles: ‘Si en el camino hacia mi calvario caigo por el peso de la cruz, por favor que no me ayude ningún uribista. Prefiero a Vargas Lleras, con su mano incompleta, y a Armando Benedetti, con sus manos completas, aunque investigadas por ciertas chuzadas’. Vi que después caí por primera vez, y recordé mis años en el M-19”.

Los azotes. “También me vi indicando a mis mujeres que estaba dispuesto a aceptar hasta cinco mil azotes, que mi guardia indígena los estaría contando y cantando uno a uno, y que si pasaban de cinco mil, taponaran la panamericana y no la destaponaran sino cuando Duque fuera solo al centro de la plaza de Caldono, Cauca”.

El ascenso a la cruz. “Respecto de mi subida a la cruz, me vi pidiendo que me permitieran conservar mis Ferragamos, que no me pusieran al lado de ningún ladrón, y mucho menos si eran los MorenoRojas, y que en lugar de fijar en la parte alta de la cruz el letrero INRI, pusieran uno que dijera MINGA. Y vi que una de mis discípulas me preguntaba acerca de su significado, a lo que contesté: ‘Movimiento Insurreccional Nacional de Guerra Antiduquista’. Vi cómo me hacían caso en todo”.

La lanza en el costado. “En otro momento vi que le pedía a un miembro del Esmad que no metiera su lanza en mi costado, sino en el del tipo del lado, que era un facha, enemigo de la paz. Y el man obedeció”.

El descenso a los infiernos. “Como tenía que bajar a los infiernos, fue tal lo que registré en mi visión que desde el primer día quise resucitar en lugar de esperar los tres días reglamentarios. Me impactó sobremanera, hasta las lágrimas, ver a mis comandantes eternos rodeados de fuego, lo que me recordó lo del Palacio de Justicia”.

La resurrección. “Por último, ante la opción de resucitar, me vi preocupado por que no pudiera hacerlo debido a que la piedra del sepulcro era tan grande como la que sentía, y siento, con quienes me han dejado solo y con el uribismo, si bien en mi visión planeaba pedirle a mi guardia indígena removerla y lanzarla contra la Casa de Nariño para volverla trizas”.

Nota: hasta ahí lo transmitido por algunos de los discípulos. ¿Ficción? ¿Realidad?

INFLEXIÓN. Se cuenta que cuando el mesías terminó de contar su visión, los suyos y las suyas gritaron al unísono: “¡Te vimos bien! ¡Petro o muerte!”.

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