La patria como moneda de cambio

5 de junio del 2011

El verano estadounidense comienza oficialmente el último lunes de mayo, con el Memorial Day, cuando la nación recuerda a sus guerreros muertos. Es un día feriado en el que se realizan desfiles militares, actos conmemorativos, y miles de personas confluyen en Washington para visitar los monumentos a los caídos. Al coincidir el fin de semana […]

El verano estadounidense comienza oficialmente el último lunes de mayo, con el Memorial Day, cuando la nación recuerda a sus guerreros muertos. Es un día feriado en el que se realizan desfiles militares, actos conmemorativos, y miles de personas confluyen en Washington para visitar los monumentos a los caídos. Al coincidir el fin de semana largo con el final del año escolar, muchas familias dan comienzo a la temporada vacacional, abarrotando sitios históricos, campos de batalla de la guerra civil o lugares emblemáticos de la gesta independentista. Se trata de viajes rituales, que sirven para reforzar el espíritu de un pueblo inclinado a la liturgia patriotera, y también para tomarse un descanso y saborear la llegada del calor alejándose de las obligaciones mundanas.

Son ocasiones propicias, por supuesto, para aquellos que viven de vender banderas o ‘souvenirs‘, los mercaderes que medran en las puertas del templo, los cínicos que saben explotar el valor de cambio del nacionalismo popular. Me refiero, por supuesto, a los políticos. Y aunque en el mundo entero son animales del mismo pelaje, los ejemplares de la fauna de los EE. UU. son sin lugar a dudas únicos en su especie.

El lunes pasado, por ejemplo, se pudo ver a Sarah Palin, enfundada en cuero de pies a cabeza, merodeando por las calles de Washington montada en una enorme Harley Davidson. La exgobernadora de Alaska anduvo de parrillera en una de las más de cien mil motos de la caravana de veteranos del ejército que recorrió la distancia entre el Pentágono y el memorial de la Guerra de Vietnam, en la zona de monumentos de la capital estadounidense.

“Estamos aquí para honrar a nuestros veteranos”, apuntó Palin, acompañada por su esposo Todd y por Piper, la hija menor de la pareja. Fue el punto de partida de su tour ‘One Nation‘, mezcla de paseo familiar, argucia publicitaria y campaña política –todos y ninguno–, que la llevó a través de la costa este del país, desde la capital hasta New Hampshire, pasando por Filadelfia, Nueva York y Boston.

Hablando ante el enjambre de periodistas que habría de perseguirla durante todo el trayecto, Palin sugirió que le encantaría que todas las etapas de su gira fueran tan ruidosas como esa, o, cuanto menos, que olieran igual. “Amo el olor de las emisiones”, puntualizó.

Una vez finalizados el acto y la improvisada rueda de prensa, los Palin abordaron el bus oficial del tour y partieron hacia Gettysburg, en Pensilvania, uno de los campos de batalla en donde se definió la Guerra Civil. Aunque la analista de Fox News todavía no ha anunciado si participará o no en la consulta intrapartidista, todo el viaje pareció concebido como parte de una campaña por la nominación del candidato presidencial del partido republicano.

Durante los cuatro días de su gira terrestre, Palin habló un total de 17 veces con la prensa. Además del costalado habitual de imprecisiones, falsedades, inventos y manipulaciones (calificado con cuatro pinochos en el blog de Glenn Kessler en el Washington Post), su discurso percutió en las críticas a los medios tradicionales de comunicación, que según ella se han obcecado con su persona violando los principios más elementales de la profesión.

Incluso la pequeña Piper, de once años de edad, parece haber heredado esa animadversión hacia los medios. En numerosas ocasiones la niña intentó interponerse entre su madre y los reporteros y llegó a acusar a un fotógrafo de la revista Time de “arruinarle las vacaciones”.

El reclamo de Piper simboliza dramáticamente hasta qué punto se han difuminado las fronteras entre los asuntos personales y los ‘negocios’ de los Palin, cómo se sobreponen las esferas de sus vidas públicas y privadas. Ya no hay manera de distinguir los unos de los otros.

Y aunque quizás la incidencia de este fenómeno sea más notoria o patética en el caso de la excandidata vicepresidencial, es evidente que afecta igualmente a algunos de sus compañeros en las toldas republicanas. A pesar de que sus palabras apuntan a los intereses superiores de la patria, sus acciones suelen confundirse con propósitos mucho más mundanos.

Sucedió con Donald Trump, por ejemplo, quien no tuvo empacho en coquetear con la política al tiempo que publicitaba la última temporada de El Aprendiz, su ‘reality show’. O con el exgobernador de Arkansas Mike Huckabee, quien ponderó durante meses la posibilidad de aspirar a la nominación republicana y escogió su propio programa de FOX News para anunciar, el sábado 14 de mayo, que no, que prefería la seguridad laboral. O con Newt Gingrich, otro de la nómina de FOX, quien trató de convencer al público estadounidense de que su devoción patriótica tenía algo que ver con el hecho de haberle sido infiel a su esposa enferma de cáncer.

Se han descompuesto mucho las cosas al interior del partido republicano para que sus miembros más prominentes pretendan hacer pasar la mezquindad de sus apetitos personales como un llamado a servir. Ni qué decir de su electorado, que parece incapaz de discernir la diferencia.

Mi blog, con fotos, videos y trinos del One Nation Tour – Adentro de la Unión

Mi twitter – @LozanoPuche

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