La paz, el partido que hay que ganar

8 de julio del 2014

“Cómo hacer para que la polarización previa al mundial no vuelva a tomarse la agenda nacional.”

Con el merecido y multitudinario recibimiento en las calles de Bogotá, culminó la participación de nuestra selección en la Copa Mundial Brasil 2014. Ríos de personas se asomaron para dar un gracias a Pékerman y los jugadores. No era para menos. Durante estas tres últimas semanas, la selección logro congelar el país. Veníamos de una muy polarizada campaña electoral que no permitía tocar los temas políticos sin miedo a ser agredido o insultado. Pero desde el día antes de las elecciones todo comenzó a cambiar. Con la victoria tres a cero que le propinamos a Grecia empezó a crecer la ilusión sobre nuestras posibilidades de éxito en el mundial. Y así cada partido, cada gol, cada actuación de los nuestros en Brasil se convierten en el mayor orgullo que colombiano alguno hubiera experimentado. A medida que la ilusión creció, crecía el entusiasmo colombiano. Teníamos motivos para estar felices. Nada ni nadie podía arrebatarnos ese momento. Estábamos haciendo historia y soñábamos con más. Nunca antes se había visto una causa que uniera así a nuestro país. Nunca antes se había visto tanto derroche de energía ni tantas ganas por apostarle a lo nuestro. Logramos convertirnos en la quinta mejor selección del mundo, gracias a un proceso serio y responsable que comenzó desde nuestra actuación en los partidos de las eliminatorias del mundial.

La pregunta que muchos nos hacemos es cómo hacer para que esa polarización previa al mundial no vuelva a tomarse la agenda nacional a partir de la próxima semana. Creo que hay una respuesta, y es convertir La Paz en esa nueva ilusión, alcanzable, que debemos buscar y perseguir todos los colombianos.

Hace dos años se hubiera visto como más probable llegar a una negociación para poner fin al conflicto armado en nuestro país, que nuestra selección Colombia ocupara el quinto lugar en el mundial de fútbol.  Pues lo logramos. Si todo el país decide convertir La Paz en una única bandera y un un mismo propósito, las FARC y el ELN, al igual que los seleccionados de Grecia, Costa de Marfil, Japón y Uruguay, terminarán rendidos ante un país que lo único que quiere son motivos para celebrar.

En las recientes elecciones quedó claro que hay una mayoría que apuesta por La Paz. Pero me resisto a creer en ese análisis facilista que indica que quienes votaron por Óscar Iván Zuluaga estén en contra de La Paz. Me resisto a pensar que un número tan grande de colombianos le cierre las puertas a la reconciliación. Quizás si hay un sector de línea dura que no quiere diálogos con las guerrillas porque considera que sería un trofeo que hay que negarle al Presidente Santos.  Serán una mezquina minoría.

Pero en los votantes de Zuluaga y sobretodo en los abstencionistas hay una inmensa mayoría que desconoce en qué está el proceso de paz y sus avances. Se trata de una mayoría desinformada y confundida; que ha sido engañada con el argumento que en La Habana se está entregando el país a las FARC. Ya vamos en  3, de 5 puntos, en que se ha logrado acuerdo con la guerrilla.

El proceso está lo suficientemente maduro como para iniciar una agresiva campaña de información y socialización sobre lo que allí se ha acordado. Si bien es cierto existe el riesgo de crear falsas ilusiones o expectativas, pues como reza el acuerdo marco “nada está acordado hasta que todo esté acordado,  esperar a la culminación de los acuerdos para explicarlos a la población podría ser demasiado tarde.  Ya hemos visto que los enemigos de La Paz no se quedarán manicruzados.

Ese frente por La Paz que permitió la victoria de Santos en segunda vuelta debe ser, no el punto final de una campaña, sino el inicio de la campaña por La Paz. No olvidemos que los acuerdos alcanzados en La Habana deberán ser refrendados por la población. Hay que empezar ya y convertir La Paz en una bandera nacional con todo el sentido que ello impliqué. Que se abra la participación en el proceso sin que implique caguanizarlo. Que es explique lo alcanzado hasta ahora y lo que viene. Y que se acabe con tanta desinformación malintencionada por parte de los enemigos del proceso.

Soy un convencido que Colombia alcanzará La Paz y que ese día la ilusión no será de unas semanas como pasó con el mundial. Con La Paz nos estamos jugando todo un futuro inmerso de posibilidades para las nuevas generaciones. Estoy seguro que el Presidente Santos sabrá dar los pasos necesarios para hacer del proceso una bandera nacional más allá de su campaña y del Gobierno y liderará con éxito esa cruzada nacional para alcanzar la Paz. Lo importante es que el país sepa responderle, que entre todos apostemos a esa nueva ilusión y que, a pesar de las diferencias que puedan existir, atacar La Paz se convierta en algo tan grave como atacar a Pekerman o a James.

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