La perrita: abuso de poder, conducta anti-social

7 de febrero del 2011

Pocas personas han tenido la capacidad de ver ese horrible video donde unos miembros de la Policía Nacional torturan de una manera inexplicable a una pobre perrita. Va más allá de una política de terror; es infame, es grotesco, es inhumano, es inaudito. Pero más allá de repudiar el hecho, es necesario profundizar en los espantosos mensajes que se deducen de ese bochornoso acto. Para empezar, comparto con todos los defensores de animales su protesta y la imperiosa necesidad de que este tipo de situaciones de violencia contra los animales deben ser castigados con dureza. Por fortuna, la primera reacción de las autoridades fue en esa dirección, pero solo se conoció, gracias a las redes sociales, mucho tiempo después de sucedido. Queda la pregunta: ¿dónde estaban los jefes de estos personajes que no se dieron cuenta? Esperamos que no se trate simplemente de que no le dieron la importancia que se merecía, lo que sería gravísimo.

Pero además de que los animales merecen cariño, y tienen derechos así no figuren sino en pocas normas, la lectura de este acto produce serias preocupaciones. Es supremamente grave que este episodio haya sido protagonizado por miembros de la Fuerza Pública cuya misión es velar por la seguridad, vida y bienes de todos. Primero, se sienten con poder y abusaron de él; tienen armas, deben hacer respetar la ley y claramente se deduce que ellos sintieron que podían usar sin límite su poder, esta vez con un pobre animalito. ¿Quién garantiza que no sentirán lo mismo frente a otros individuos, para no hablar de animales, cuya vida claramente desprecian?

Segundo, que pasa con la selección del personal que integra la Policía, el Ejército y las otras Fuerzas. En el afán de llenar cupos, ¿están pasando por encima las calidades morales y no solamente físicas que deben tener los aspirantes a llevar este uniforme? Más aún, ¿no se es consciente que en este país lleno de violencia, de actos atroces, es necesario un seguimiento claro del personal sometido a vivir y sufrir actos de barbarie? Se puede estar fallando tanto en la selección como en el seguimiento y el hecho de que actitudes tan reprochables como las que se vieron frente a la indefensa perrita, objeto además de burlas frente a su dolor, demuestran que hay en esas filas individuos que perdieron los límites frente a la crueldad.

Ser un servidor público, especialmente un policía, un oficial del Ejército, de la Armada, de cualquier otra Fuerza, no es una labor fácil y exige para empezar, una vocación para aceptar que debe servir a la comunidad, que se debe seguir una férrea disciplina. Pero si se quiere llegar a ser policía porque no encuentra nada más que hacer, y si además las evaluaciones de sus actuaciones no existen, es posible que casos tan terribles como el mencionado se repitan no sólo con animales sino también con personas. Ese tipo de individuos como los protagonistas del episodio que ha sido tan reprochado, no deben estar en la Policía o en el Ejército. Vale la pena recordar un debate sin resultados en el Congreso sobre la educación que reciben nuestros militares; se reconoció allí que era absolutamente deficiente. Sin embargo, en ese momento, el gobierno prefirió gastarse la plata en el cuarto sol para los generales y mandó a archivar el proyecto que reformaba la educación de los militares, con el argumento de que no había recursos. Ahí están las consecuencias.

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