La política desespera… y no da espera

13 de junio del 2011

El mundo ha venido mirando con sorpresa la serie de levantamientos y hasta guerras civiles que se están dando ya no solo en los países árabes sino en Europa. Estas duras protestas han tenido en común el no tener un líder visible, lo que es sin duda, una fortaleza y una debilidad. Fortaleza, porque crece la democracia ciudadana, es decir, la aceptación de cada individuo de su papel activo en el funcionamiento de la política y de sus sociedades. Debilidad, porque no queda un norte claro y alguien con la capacidad de encausar las protestas hacia soluciones de largo plazo. Pero lo más pertinente para esta parte del planeta es que el elemento común de todos estos movimientos es el rechazo a la política, mejor dicho, a la forma de ejercer esta profesión aquí y en Cafarnaúm. Y esta profunda insatisfacción que ha sacado a gran parte del mundo árabe a la calle, a los españoles y tiene en capilla a los turcos, es un rechazo a los partidos políticos y a sus miembros. ¡Que quede claro!

El mundo empieza a cansarse de esta forma que ha tomado el ejercicio de la que se suponía era la más noble de todas las profesiones. Piden que la democracia sea real; que la política ofrezca soluciones a los graves problemas de la sociedad y no se limite a resolver sus necesidades personales; no más familias de políticos ricos mientras los pobres sufren; exigen el cumplimiento de sus derechos para todos y todas. En un artículo publicado en El País, de España, “La primavera y el otoño”, Cristovan Buarque afirma que para el mundo árabe es el principio de una nueva era y para Europa es el fin del modelo actual.  Y agrega: “Que para los árabes es política y para los jóvenes europeos es moral” y por ello, asocia el movimiento árabe a la primavera y el europeo al otoño.

¿Podrán América Latina y Colombia aislarse de esta movilización? El hecho de que esta región esté creciendo hasta el punto en que los optimistas de oficio, como el Presidente del BID, llamen esta “la década de oro de América latina”, es un factor que apacigua ánimos. No todos se benefician en ésta, la región más desigual del planeta, pero algunas migajas caerán a sectores cada día más acostumbrados a las limosnas y no a las oportunidades. Pero aquí sobran las chispas que prenderían un movimiento similar, si por fin se da un rechazo masivo a esta política corrupta, a la debilidad de la democracia, y a la falta de moral.

El oportunismo de nuestros líderes políticos, que tienen memoria de mirlos y que defienden con vehemencia los derechos pero que al mismo tiempo impulsan el nepotismo, no atacan suficientemente la corrupción. Esos líderes no hacen nada por tener liderazgos limpios, no  sacan a las manzanas podridas de sus huestes si esas tienen votos, y esos son motivos suficientes para este repudio que crece frente a la política en Colombia y en otros países vecinos. Si se trata de la moral, pocos países con mayores razones que Colombia para protestar. Han saqueado al erario público de la manera más descarada; pocos funcionarios, aún en este gobierno, tienen claras las diferencias entre lo público y lo privado. Llegan a altas posiciones negociantes que difícilmente se sacan de la cabeza y de su conciencia la maximización de utilidades y no la reemplazan por el servicio transparente a la sociedad. Así que ojo, élite colombiana, privada y pública, la olla ha comenzado a hervir…

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@CeciliaLopezM

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