La política por la puerta de atrás

7 de enero del 2011

No soy ingenuo en la apreciación de la política ni en la manera de ejercerla. Otra cosa es que la firmeza en las convicciones la buena fe y la rectitud indispensables para que la democracia sea democracia no dan rédito electoral en este país. Mientras las artes de la política sean la mentira la trampa las armas y el dinero mal habido no habrá buena política buen Estado ni progreso ni paz.

El Partido Liberal al que pertenezco ha sido y debe seguir siendo importante para la construcción de la nación. Pero se lo tomaron hace años y ahora están en su fina la marrulla y el cinismo. La regla más recurrida por los dirigentes es la de que “es mejor pedir perdón que pedir permiso”… al lado de otra parecida: “me importa un pito…”.

Al son de esa “ética” se incumplen la palabra empeñada las reglas escritas y el “juego limpio” en mezcla de ilegalidad desparpajo y arbitrariedad que empobrecen al liberalismo como la mala política empobrece a la sociedad. La trampa ha bañado de sangre a Colombia es algo que no debieran olvidar los políticos… mañas de cierta corte flemática que se mueve como pez en el agua en las cúpulas de los partidos y el Estado… abusos traiciones promesas falsas desprecio por la ley son su mala ley bajo la curiosa pretensión de que el pedigrí da derecho de violar normas y protocolos cuando es todo lo contrario.

En el Partido Liberal se esfuman el debate el estudio la enseñanza y la innovación en los que se forjó y templó su talante junto con los compromisos populares ligados al pensamiento social y a las luchas por la justicia. Liberalismo sin esos ingredientes ni es liberalismo ni nada que merezca la pena. Se reduce al tejemaneje de la burocracia y al corrillo que lo urde y que se echa cepillo y da cuerda en la diversión de sacarle jugo a la franquicia a la que redujeron el partido, precaria razón social que reparte avales a caciques regionales para que se elijan y reelijan en sus privilegios estériles a punta de ríos de dinero que recolectan quién sabe cómo quién sabe dónde y quién sabe de quién.

No hay depuración la selección la determina el dinero que cada quien levanta para propaganda para comprar manejadores de votos y hasta escrutadores que es el vil terreno en el que se dirime el poder político en Colombia. Mientras el nivel liberal cae personalidades de varias batallas y las juventudes se ahuyentan o se hacen al lado por escrúpulo.

En cambio vuelven y juegan personajes que viven como reyes  del prestigio y la experiencia que les brindó el partido llevándolos a cargos eminentes sin haberse mojado los zapatos y que brincan solícitos a pregonar su complacencia con el curso que tomó el liberalismo arrellanado en la burocracia. Hacen señas de que están listos para posesionarse de nuevas dignidades del Estado que es lo que les gusta de la política. La lucha brava en la plaza pública por los andurriales y las barriadas de este país de miserables les fastidia y atemoriza. Lo que les fascina es ser ministros o cosa parecida para lo cual saben que sólo tienen qué colmar de lisonjas a los nominadores del partido, oficio que dominan al dedillo. Ya se sabe que en los encargos que reciben garantizan la diligencia de “cambiarlo todo para que todo siga igual…”

Para rematar hace carrera la escuela perversa que premia la traición. Se anuncia con jolgorio el regreso al Partido Liberal de Vargas Lleras después que por más de ocho años pelecha en el vituperio la persecución y la burla al liberalismo y en arrogante y redomado conservadurismo. Quién sabe en qué andanzas y con quiénes se refociló durante estos años de “parapolítica” en los que hizo su carrera de tránsfuga dejando regados por las cárceles a decenas de compañeros de viaje condenados por delitos de la más execrable factura. Cómplice y beneficiario del poder que embarazó al país con la reelección espuria violaciones a la Constitución espionajes ilegales montajes criminales para enlodar a personas honorables “falsos positivos” hostilidad en las fronteras y corruptelas de alto calibre.

Igual pasa con Juan Manuel Santos que pelecha en el mismo transfuguismo. Entresacado de las canteras del régimen para encaramarlo en la presidencia con votos prestados traiciona con frialdad por debajo de la ruana a su benefactor en intento de quedarse con el entable que recibió por endoso. Igual que Vargas semejante personaje jugado al vicio de la deslealtad no puede ser liberal.

Es que la modalidad de acomodarse en la política y llegar al poder por la puerta de atrás no es liberal y repugna por antiética y antidemocrática. El Liberalismo es frentero sincero decoroso y legal… Ah… y firme en el compromiso de luchar porque esta sociedad sea pacífica respetuosa de los derechos humanos progresista y crecientemente igualitaria. Su tradición no es de comparsa sino de patrón.

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